Foto: El Sol

Mendoza atrasa, en más de un sentido. Lo que ocurrió este domingo por la noche en el estudio del espacio Julio Le Parc fue una muestra más de esa crisis institucional que atraviesa a la provincia. Un debate que no fue debate, obligatorio por ley y organizado por la Junta Electoral, que sirvió de poco y nada. Mucho más de lo segundo.

Claramente no es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Pero hay excepciones. Hace casi 36 años, en octubre de 1987, hubo un verdadero debate en Mendoza. Un cara a cara que logró inclinar la balanza. Dos políticos de fuste se enfrentaron en vivo, transmitido por TV. El radical Raúl Baglini, que en la previa era el favorito para suceder a su correligionario Santiago Felipe Llaver, contra el peronista José Octavio Bordón.

Fue un cruce áspero, con Baglini dejando de lado el libreto que dice que el candidato oficialista que corre con el caballo del comisario es el que menos debe arriesgar. Verborrágico y locuaz, el radical fue al ataque. Bordón aguantó y esperó su momento. La estética también lo favoreció: un candidato transpirado contra otro impoluto. Más allá de los datos y las discusiones, para la opinión ganó el justicialista. Y así lo reflejaron pocos días después las urnas.

Lo de este domingo fue diferente. El extremadamente cuidado del formato no ayudó y de debate, cero. Cinco hombres parados en sus atriles repitiendo ideas y propuestas ya conocidas. Sin sorpresas, sobraron las chicanas. Alfredo Cornejo, a quien la mayoría de las encuestas dan como ganador, no siguió el ejemplo de Baglini y se midió en cada expresión. Al experimentado candidato radical le incomoda la exposición televisiva y se notó en el manejo de los tiempos y en repeticiones de ideas.

Omar de Marchi buscó confrontarlo una y otra vez, sin éxito. Intentó “sacarlo” a Cornejo, pero el formato del debate (¿debate?) no se lo permitió. No hubo cruces y el radical salió indemne del ataque de su exsocio político que se transformó en su principal rival. El lujanino hizo gala de su buena oratoria, pero dejó pasar una oportunidad de mostrar algo distinto.

En el tercer atril, justo en el medio, estuvo Mario Vadillo (Partido Verde), que buscó insistentemente vincular a Cornejo con De Marchi. Tanto, que aburrió con su speach, que incluyó palabras como “casta” y “perno”, dedicadas a los candidatos de Cambia Mendoza y La Unión Mendocina. ¿Habrá intentando emular a Javier Milei? Si fue su idea, se quedó corto.

Lautaro Jiménez fue llamativamente el más gentil. Lejos del revolucionario espíritu de la Izquierda, aprovechó sus momentos para presentar sus planes, con un tono monocorde. Fue el más claro en ese sentido. También fue el más cordial con sus contrincantes, evitando las agresiones. No se metió en el barro y miró la lucha en el barro de los otros candidatos desde afuera. Demasiado cauto si se tienen en cuenta los antecedentes de la combativa fuerza que representa.

Omar Parisi, como Vadillo, se dedico a recordar que Cornejo y De Marchi fueron socios. Lo hizo una vez, y otra, y otra… Se lo notó nervioso y perdió tiempo valioso en anécdotas y chistes irrelevantes. Después de algunas confusiones, el peronista fue de menor a mayor, ganando algo de confianza, lucidez y picardía. Se emocionó al saludar a su familia, en el cierre de un debate (¿debate?) que dejó mucho por mejorar para el futuro.