“Petri es una superestrella. Nosotros en el gabinete muchas veces discutimos ideas que requieren de leyes, de decretos, de circulares y al otro día aparece Petri con la solución… Digamos, Petri… además de un ser humano excepcional es un superministro”. No se recuerda al menos en público un elogio tan elocuente de parte del presidente Javier Milei hacia Luis Petri, el mendocino al frente de Defensa. Y lo hizo el jueves, durante aquella entrevista que por casi una hora le hicieron al jefe de Estado en uno de los canales de televisión más afines a su gestión, La Nación+. Esos elogios en Mendoza no deben haber pasado nada desapercibidos por el universo político, el que ha comenzado a ver todo y analizarlo con ojos electorales. En particular por parte del gobernador Alfredo Cornejo, que de su exclusiva decisión depende cuándo se votará en la provincia, el futuro de un acuerdo o no con las fuerzas de La Libertad Avanza del presidente y una resolución razonable y conveniente para el propio oficialismo de las diferencias que internamente mantiene con el ministro de Defensa, quien llevaría al extremo su presión para que las listan contengan representantes de su espacio.
Petri luce empoderado, con una energía renovada y formando parte de la fuerza que con Milei llegó para ajusticiar a la vieja política. Pese a ser un producto de los métodos tradicionales que la política ha utilizado para su reproducción y desarrollo a lo largo de los tiempos, Petri aparece tocado por el halo mileízador que hizo su aparición con el presidente a fines del 2023. Petri supone un problema grave para Cornejo en caso de decidir frenar su empuje o brindarle –como lo ansiaría en la intimidad–, un sosegate como correctivo.
Al tercer ciclo del poderoso Cambia Mendoza y a la inédita segunda gestión de Cornejo les toca lidiar con todo ese influjo de época dominante para éstas elecciones de medio término que se avecinan. El desgaste en la administración, natural tras una década en el poder, con un gobierno que carga sobre sus espaldas parte del fracaso que la sociedad le ha asignado a la política tradicional, le han colocado a Cornejo un enigma complejo para resolver: imagina que para esta vez no podrá ganar todo, pero sí se enfrenta al serio riesgo de perderlo todo de manera prematura, mucho antes del cierre institucional del ciclo, en el 2027.
Días atrás, cuando se vieron en privado, Cornejo y Petri comenzaron a marcar los principales mojones a atender sobre lo que viene. Una fuente que responde al gobernador aseguró que no se habló de números ni de listas, ni de nombres, “ni tampoco nadie, ni Petri, le mencionó (a Cornejo) nada sobre cómo podrían repartirse los candidatos por sector”, aseguró. Es que días después del encuentro entre ambos, surgieron algunas reconstrucciones varias de todo lo que se pudo analizar o comenzar a discutir. Una de las versiones dio cuenta que Petri habría reclamado para sí unas siete bancas de un total de quince que terminan su mandato en este 2025. Y que, a eso, La Libertad Avanza como partido en nombre del presidente exigiría un par de escaños más, con lo que de los quince, Petri controlaría siete y Milei –vía LLA mendocina– dos. Claro que todo ese escenario se confirmaría con el triunfo electoral para la alianza entre Cornejo y Milei que darían las encuestas.
El cornejismo, como está dicho, ha negado haber recibido un pedido o exigencia semejante. Los más reactivos a darle tanto a Petri como a Milei lo que creen son exigencias abusivas, se animan a que todo desencadene con un enfrentamiento franco a todo o nada tanto con los Libertarios de Milei como con los del ministro de Defensa.
Cornejo, sin embargo, tiene los números macro y sobre ellos imagina la estrategia. En las legislativas provinciales se elegirán diecinueve senadores y veinticuatro diputados y las cuentas “se hacen sólo por el 50 por ciento que se podría conseguir en una elección ganada”, agregan como el dato material y objeto de la negociación.
Los problemas de Cornejo no se limitan a la presión que le imprimirán Milei y el propio Petri a la composición de las listas en el caso de que se avance en un acuerdo electoral que, como bien se lo indican todas las encuestas, le aseguraría un triunfo holgado frente a una oposición que, bien se sabe de sobra, no es competitiva. Si la economía diera algunas muestras visibles de estar caminando hacia el destino que necesita y quiere la gente común, el oficialismo provincial podría hasta darse el lujo de imponerles condiciones a sus posibles aliados, como ya lo hiciera en años anteriores. No es el caso.
Hoy la situación es diametralmente opuesta: la macro, que cruje en medio del ajuste, sigue dando sólo disgustos a la gente común con la sola excepción de la caída en los niveles de inflación que no es poca cosa, claramente. Y poco podrá hacer, al menos eso es lo que se vislumbra, por despegar a su gobierno de la falta de resultados de la economía nacional atribuibles a Milei. Es que el gobierno nacional cuenta con el aura protector de la paciencia de buena parte de la ciudadanía que le permitiría pasar sin mayores sobresaltos la elección de medio término. Tal beneficio, para quien gobierna en la nación, no se extendería de buen grado hacia el oficialismo provincial al que se le asignan otras deudas.
