La realidad política local transcurre cansina, tediosa y aburrida. Como si percibiese ya, en plena primavera, que se acerca el verano con sus siestas calientes y un humor social más puesto sobre el tiempo de vacaciones y de un necesario parate para encarar un año incierto desde todo punto de vista.
Esa realidad política hoy es protagonizada por una pelea desmedida, sobredimensionada, entre el Ejecutivo y las intendencias, por la distribución de recursos; o por el mayor o menor protagonismo ganado en los medios por algún intendente que se hace notar a causa de sus declaraciones, ocurrentes sí, pero intrascendentes e inútiles; o por decisiones que causan gran impacto tomadas desde la principal comuna mendocina, vinculadas con el uso del espacio público y sus restricciones de acceso para tal o cual sector que vende artesanías.
En este clima previo a fin de año en el que parece que nos estamos moviendo, ocupan gran protagonismo las disputas entre los gremios estatales y el propio Gobierno y, aunque quizás se merecen la importancia, el nivel y la forma de la discusión torna intrascendente el fondo de la cuestión. Los celos y las rencillas entre concejales y jefes comunales acaparan la atención por los intereses políticos que se están disputando, no por las pésimas administraciones de los recursos públicos que se hacen y que pasan sin ton ni son.
La sociedad, también, se ve seducida –estimulada por los medios–, a consumir horas de tiempo entretenida en la excesiva cantidad de veces que los funcionario se van y vienen a Buenos Aires, lo que pareciera ser incorrecto o irregular de acuerdo con cómo lo contamos desde los mismos medios. En fin, el punto es que los mendocinos nos estamos acostumbrando, peligrosamente, a debatir sobre temas de poca monta o de trascendencia efímera. No se trata de sostener que una declaración del intendente Rubén Miranda en contra de un funcionario de Celso Jaque o de la propia administración del malargüino no merezca ser contada.
El punto es que la Mendoza crítica, esa que dice contar en su haber con el poder de decisión sobre el rumbo estratégico de la provincia, sólo se está ocupando de eso. Y es lo que debería comenzar a preocupar. Que la agenda de temas a discutir para sentar las bases del crecimiento económico e intelectual de la provincia sea marcada por un intendente con un dicho altisonante y gracioso u otro, como Víctor Fayad, no permitiendo que los artesanos ocupen una plaza o una vereda o prohibiendo manifestaciones públicas, son cuestiones a tener en cuenta para pensarlas.
Pero lo que es realmente preocupante es que existen temas de fondo que ni la provincia ni las intendencias parecen estar dispuestas a tratar o abordar. En los municipios, por caso, es desdeñoso el tratamiento que se hace del avance –que en este caso sí se está produciendo y con posibles perjuicios– por sobre el espacio público, de millonarias inversiones de propiedad horizontal a las que se las exceptúa sin mayores discusiones. Poco y nada se ha avanzado en años con las reglamentaciones al uso del suelo y el crecimiento demográfico hacia el piedemonte.
Todavía el Gobierno no informa sobre cómo y con qué herramientas controlará el uso del perilago de Potrerillos y a quiénes se les permitirá usufructuarlo y cómo.O bien si se asociará o no la provincia a los privados que intentarán encontrar petróleo en las áreas secundarias que fueron licitadas y, en caso de que lo hallen, cómo se controlarán las regalías y lo que extraigan, además de tutelar los recursos clave y no renovables. Son muchos los asuntos de los que ninguno de los poderes parece estar ocupándose como la sociedad lo merece. O quizás sí se ocupan, y muy bien, pero donde el interés común o general no es el objetivo que se persigue precisamente.
En ese caso, los medios en primer grado y los controles del sistema político en segundo no están funcionando como corresponde. A h o r a bien, haciendo foco en la administración provincial, es indudable que Celso Jaque tiene problemas importantes para hacer funcionar y bien la gestión. Es probable que el mandatario esté esperando que se termine el año, como se ha dicho tantas veces, para hacer los ajustes. Su déficit está en parte del equipo. Uno o dos funcionarios no pueden sacar a flote el barco que se hunde.
Jaque adolece de un motor político en su gabinete que pivotee en la relación con los municipios, con los gremios, con los partidos políticos. Alguien que explique el rumbo del gobierno y que logre de los propios aportes y de los extraños, compañía. Ese eslabón, clave, hoy no existe. Tampoco tiene funcionarios que descuellen desde lo técnico en las áreas más específicas y, como si fuera poco, se ha ratificado a lo largo del año ese déficit comunicacional que se visualizó al comienzo de la gestión.
Pero la falencia de comunicación no es sólo del equipo que hoy está a cargo. La tienen los propios funcionarios al desconocer muchas veces de lo que hablan. Por ahora, es una incógnita lo que hará el jefe del Ejecutivo para remozar el gabinete y cuándo lo hará. Entre las alternativas que se están evaluando, una es drástica y ciertamente estremecedora, pero puede ser altamente redituable en caso de que tenga éxito.
Se trata de terminar el año con todo su gabinete renunciado y arrancar el 2009 con otro impulso. Pero más que nada, se interpreta esta movida como el camino para recuperar el poder que tuvo apenas asumió y que se la ha ido licuando producto de sus peleas con los intendentes, pero más por aquellos yerros, graves, de comienzo de gestión, con las expectativas no cumplidas. El punto de la autoridad es también clave en todo esto.
A Jaque se lo ve profundamente carenciado de esa autoridad que naturalmente debería tener por el lugar que ocupa. Pero hay algo que atenta sobre todos los mandatarios en general, gobernadores, intendentes y hasta la presidenta Cristina Fernández. Ese algo es la carencia de gestión y de resultados. A esta altura, la fantasmática y la simbología no alcanzan para gestionar satisfactoriamente.
