Mientras la política tradicional aguarda –sin mucha paciencia, hay que decir–, que le caiga la ficha de la triunfal irrupción de Javier Milei en el escenario en el que siempre se ha movido y el que ha dominado a su gusto con sus vicios, sus traiciones, sus códigos, sus cinismos y ese interminable rosario de especulaciones, un sector de la sociedad –el de los más jóvenes– se prepara esperanzado para dar un salto de calidad y de mejoras en todo sentido con lo que viene.
Todo indica que este sector, el que representa el 20 por ciento del padrón electoral, no fue a votar sólo indignado y embroncado. Y al haberlo hecho con confianza en el futuro, le estaría dando al proceso que encabezará Milei desde el domingo un plafón de mayor legitimidad de la que obtuvo en la elección del 22 de noviembre, más sólido y genuino, quizás no sujeto tanto a la necesidad de la obtención de resultados rápidos en materia eco nómica, como quizás sí lo espera aquel o aquella que puso su boleta en la urna por castigo y venganza a todo lo que ha venido demostrando el establishment tradicional.
Claro que todo lo dicho anteriormente está por verse, esperando su comprobación. Y todo es parte de especulaciones y de ciertas interpretaciones que han surgido de un trabajo reciente del estado de ánimo de los centennials, los jóvenes de 16 a 25 años, los del 20 por ciento del padrón, los primeros en confiar en el presidente electo, tanto que al día de hoy, el 78 por ciento de este universo confía ampliamente en el libertario y en lo que pueda significar, lograr y conseguir su gobierno que arranca el domingo. Eso y mucho más se desprende del trabajo que acaba de terminar la consultora RDT de Martha Reale.
Con el sugerente título de “¿Qué tienen en la cabeza los centennials?”, el estudio se introduce a navegar en los gustos y en las necesidades de este universo de personas que votó masivamente por Milei. Al margen, lo que piensan y dicen estos chicos, tendría que ser tomado muy en cuenta, por no sólo la política tradicional que no vio venir a Milei, sino también por las corporaciones gremiales, económicas y sindicales, que todavía continúan abrazadas a un pasado que la sociedad, mayoritariamente, ha soltado; no se sabe si para siempre o por un tiempo nomás, pero lo ha soltado. Y estos chicos pueden, con lo que dicen y lo que esperan, enseñar muchas cosas. En particular a todos los que han comenzado a sabotear a un gobierno que todavía no comienza y que se merece, como todos los anteriores, respeto y un campo orégano para mostrar, explicar y ejecutar su plan. Tiene todo el derecho, además.
En octubre del 2021, Reale había ido a buscar opiniones y a descubrir en qué andaba este universo. Y encontró que no había influencer de las redes sociales, ni en Instagram ni en Tik Tok, más popular que un tal Javier Milei, al que le seguía Santi Maratea. Es cierto que Milei no contaba con altísimos niveles de adhesión, pero el porcentaje era lo suficientemente importante como para tenerlo en cuenta: 6,7 por ciento de imagen positiva, mientras Maratea contaba con 4,7 por ciento. Todo el resto de los políticos argentinos, todos, con un bochornoso porcentaje de imagen negativa superior a 60 por ciento, entre ellos, Sergio Massa, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri. No extraña que, dos años después, la inmensa mayoría de estos jóvenes se haya volcado por Milei. Un Milei que, por si es necesario recordar, ha ganado por una diferencia superior los 3 millones de votos. Una marca impresionante.
Mientras ya aparecen grupos más preocupados por organizar la resistencia a un gobierno que no asume, estos jóvenes esperan mejoras para el primer año de gestión en un 33,6 por ciento, y en dos años, en un 24,5 por ciento. Es más, en el 2021 se mostraban partidarios de la eliminación de los planes sociales y si bien hoy sigue esa tendenciamayoritaria, aclaran que el dinero que va a los programas debería dirigirse a las empresas para que lo usen en la creación de empleo, de calidad y bien remunerado, para remplazar la asistencia. Un 46 por ciento se inclina por esta alternativa, mientras que 31,2 por ciento sostiene que deben mantenerse.
El 61,5 por ciento de estos jóvenes, de 16 a 25 años, dice contar con estudios medios (secundaria completa e incompleta y la universitaria incompleta) y sus preocupaciones pasan por las habituales de la mayor parte de la población, como la inflación en primer lugar, seguida de la inseguridad, el dinero insuficiente en el hogar, la corrupción, la falta de trabajo, la educación, la salud y el medio ambiente, todo en ese orden. A Realle le ha llamado la atención la caída en las valoraciones de las preocupaciones, respecto de dos años atrás, de la educación y la salud. Un dato llamativo, por qué no, es que la cuestión del medio ambiente figure tan abajo entre todas las otras.
Y sobre la economía, los jóvenes son en un 60 por ciento optimistas frente a lo que viene, y parece que han dejado o las están dejando, con el paso del tiempo, las ideas que se consideran progresistas por las liberales, asunto que se tiene que seguir para ver cómo evoluciona. Por caso, estos chicos se manifiestan pro mercado y lo hacen visible cuando se les pregunta por Aerolíneas, a la que en un 55 por ciento la prefieren en manos privadas o conducida por sus empleados. Respecto de YPF, las opiniones están más repartidas, con un 37 por ciento a favor de la privatización, un 34,7 por ciento en contra y un 28 por ciento sin opinión.
Por último, el 61,5 por ciento cree que la dolarización mejorará la situación económica y desciende el porcentaje de partidarios por irse del país: un 50 por ciento en el 2021, contra el 48 por ciento del presente. ¿Y para qué se irían? La mitad exactamente, para estudiar, según responden, y un 23 por ciento, porque afuera ganarán más dinero que en Argentina.
