A un poco menos de cuatro meses de dejar el Gobierno y cuando su presencia en el mundo institucional del país y en el de la política ha hecho mucho ruido más por su descolorida imagen, su debilidad manifiesta y una escasa influencia en los temas de la agenda pública, el presidente Alberto Fernández ha dado –o intentado dar, se verá– el mayor golpe de timón para el país visto en términos geopolíticos al hacerlo ingresar al BRICS, el bloque que lidera China y que componen, además, Brasil, Rusia, India y Sudáfrica.
La confirmación de ingreso a ese bloque, donde los países comparten un desarrollo económico parecido (son considerados emergentes), pero, por sobre todo, un cúmulo de coincidencias político-estratégicas distintivas frente al mundo occidental y que funcionan como contrapeso al G7 y G20, llega para Argentina en un momento crítico, en medio de un proceso electoral ya lanzado y con un oficialismo más cerca del alejamiento del poder que de su anhelada retención. Sin embargo, Fernández ha avanzado y ha dado el paso hacia los BRICS, cuando el ingreso efectivo de Argentina, en caso de darse, tiene que cumplirse o concretarse el 1 de enero del 2024, veinte días después de que deje el poder o, visto de otra manera, en los primeros veinte días de un nuevo gobierno, que está más cerca del cambio de color que de mantener el que tiene. ¿Ha sido una decisión imprudente la del presidente Fernández, inconsciente o, más bien, una medida pensada y craneada debidamente para meter una cuña ponzoñosa en la campaña, obligando a los presidenciables opositores a manifestarse y sacarlos de foco, quizás? No se sabe.
Pero lo cierto es que la única manera de que la movida se confirmase sería con el triunfo de Sergio Massa en las elecciones, en apariencia. Tanto Javier Milei como Patricia Bullrich han manifestado rápidamente su rechazo y, en caso de alcanzar cualquiera de ellos la Presidencia, abortarían el ingreso del país a un bloque con el que no comulgan y no ven oportuno avanzar tejiendo lazos o más y profundos alineamientos con uno de los países, básicamente, que lo componen: Rusia, por un lado, y mucho más luego de haber cambiado el diseño de la geopolítica mundial con su sangrienta invasión a Ucrania y con Irán, que con Argentina fue aceptado en el bloque.
Salvo el kirchnerismo, en el poder, y algunas de las fuerzas políticas marginales en la Argentina, como ciertos sectores de la izquierda, Juntos por el Cambio y el libertario Milei se han presentado fuertemente críticos con Irán, condenando al régimen por su protección a los ideólogos del ataque a la AMIA, en 1994.
El BRICS sumó, además de a Argentina e Irán a Egipto, Etiopía, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, el ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí, el príncipe Faisal bin Frahan, dijo este jueves a la cadena Al Arabiya que el reino agradecía la invitación de los BRICS “y que estudiaría los detalles antes de la fecha propuesta para la adhesión”, el 1 de enero, y que tomaría “la decisión apropiada”, según informó Reuters y consignó en su edición digital el diario El País, también este jueves.
Es importante y, mucho más interesante, todavía, tener en cuenta algunas de las metas y objetivos de los BRICS, más en un contexto internacional tan particular como la guerra en el Este europeo y la crisis económica que se dio cita a nivel global tras la pandemia.
China ha hecho crecer su influencia económica en el mundo y se ha plantado frente a Estados Unidos como su competencia económica y militar más fuerte, claramente.
Mientras el PBI mundial asciende a 105,5 billones de dólares, Estados Unidos lidera la lista con un aporte de 26,8 billones de dólares seguido por China, con 19,3 billones. Japón, con 4,4 billones y Alemania, con 4,3 billones, se hacen un lugar en esa nómina selecta. En tanto, India, integrante de los BRICS, aporta 3,7 billones; como Brasil, con 2,08 billones y Rusia, con 2,06, de acuerdo con lo refrescado en estos días en que los Estados miembros del grupo de los emergentes mantuvieron su cumbre en la que terminó con la adhesión de la Argentina.
Uno de los aspectos más controversiales para el mundo occidental de la fuerza de los BRICS en la economía global tiene que ver con uno de los objetivos políticos y estratégicos del grupo: la desdolarización en los pagos de los países miembros.
De hecho, Argentina debió acceder al swap vigente con China para hacerle pagos al FMI en yuanes, sin que se haya informado oficialmente, al menos, las condiciones en las que China presta ese dinero en su moneda a la Argentina.
Los BRICS conforman casi 40 por ciento de la población mundial, con la India como el país más poblado del planeta, y su economía en conjunto representa un poco más de 25 por ciento de todo el planeta.
Bajando el nivel de análisis al plano de la provincia, una pregunta a realizase es cuánto influiría la presencia del país en ese bloque. Los expertos sostienen que no tendría demasiada incidencia por las relaciones comerciales con sus Estados miembros. Con Brasil, se sabe, se está frente al principal socio de la Provincia. Hacia el gigante latinoamericano van las ventas más importantes de Mendoza, con 369 millones de dólares en el último año. Pero con China, pese a los esfuerzos realizados, no ha avanzado mucho el intercambio, con ventas por 69 millones de dólares, ubicándose en el quinto país adonde van las exportaciones de la provincia. Con el resto no hay casi intercambio, mientras que con Sudáfrica se compite. Tampoco es gravitante la relación con la India, que ha dependido de una serie de acciones desde Dubai, que quedaron postergadas tras la pandemia.
En concreto, todo indica que la incorporación del país a los BRICS tendrá una incidencia más política que económica y su futuro y real incorporación dependerá del resultado de las elecciones, de quién gane y hasta de si Argentina decide jugar hacia un lado u otro de la configuración geopolítica dominante del momento o asumir riesgos y un tema más de preocupación a ese menú variopinto que atormenta a los argentinos internamente, por años.
