La presencia de Mekorot en la provincia, la compañía estatal israelí que se ocupa del manejo del agua y que ha llevado adelante una transformación extraordinaria en la administración, uso y eficiencia de un recurso tan escaso como indispensable en aquel país, al igual que en Mendoza, ha movilizado a medio gobierno, que parece girar sorprendido entre las confirmaciones de todo lo que los técnicos locales conocen,
perciben e intuyen como los principales problemas a resolver y todo aquello que, quizás por cuestiones más culturales, de vicios y malas costumbres han impedido llegar antes a las soluciones que se están buscando.
Representantes de Mekorot han llegado a Mendoza para darle aire a ese convenio de aportes técnicos que han firmado con Mendoza, la que está decidida a encarar un plan maestro hídrico en busca de la eficiencia, ante una tendencia de escasez que se sostiene con el paso del tiempo y que ya obliga a no hablar de crisis, sino, decididamente, de una situación que se irá agudizando producto del cambio climático que indica que, inevitablemente, habrá menos nevadas y menos escurrimientos,
por ende, en los ríos.
“Nada de lo que están diciendo los israelíes es desconocido para nosotros, lo sabemos todo. Lo que no tenemos es voluntad para los cambios”, ha comentado un especialista mendocino, en medio de las deliberaciones que tiene el funcionarato de Irrigación con Diego Berger, el director de Proyectos Internacionales de Mekorot. Berger ya conoce a muchos de los funcionarios con los que se está entrevistando y quienes lo están llevando de aquí para allá en todo el territorio para conocer en el terreno la situación de los oasis.

En abril del 2022, Berger y otros integrantes de Mekorot recibieron a Rodolfo Suarez en Israel con otros gobernadores argentinos que llegaron a ese país como parte de una misión nacional destinada a firmar convenios de cooperación para aplicar en Argentina el método, o parte de él, con el que Israel se ganó la consideración en el mundo entero en el uso y la administración del agua. Ahora, con Berger en Mendoza, se ha activado lo que se denomina la primera etapa del plan que trata del análisis de la situación de los recursos hídricos en todos los ríos de la provincia.
“La segunda etapa –agregan desde Irrigación– tiene que ver con la oferta y la demanda de agua”: de la oferta se encargará el Ianigla y de la demanda, el Ministerio de Economía. Todo el plan, en verdad, conforma una serie de acciones graduales, en etapas, para cubrir las necesidades que se tendrán desde el 2030 en adelante hasta el 2050, revisando todo lo que se está haciendo en el presente y lo que se pueda modificar y transformar.
Una de las claves que los israelíes ofrecen es la tecnificación y el uso extremadamente racional del agua, lo que han logrado instalar en la ciudadanía como algo inherente y condiciones obligadas a cumplir por vivir en donde están. En Israel, 75 por ciento de los suelos agrícolas, de acuerdo con los informes oficiales, tiene algún método tecnológico de los que se aplican para irrigar. A ello llegaron no sólo con recursos, obviamente, sino también con fuertes y extendidas campañas que han tenido a la educación y la inno-
vación como partes fundamentales.
A todo ello se suma la medición, el pago por consumo y un uso responsable por cada habitante que se mueve alrededor de lo que estima la Organización Mundial de la Salud, en el orden de los 250 litros más/menos por persona por día. Esa cantidad de agua ha sido calculada suficiente para satisfacer todas las necesidades de cada persona, incluyendo aseo y demás. Y sobre el agua con destino a la industria y la economía en general, Israel se ha focalizado en la eficiencia total, incluyendo una inversión monumental que va de los reservorios hasta la desalinización del agua, más el reúso de la misma que se aplica, sobre todo, para la agricultura.
Mekorot está dejando, como se supone, un sinnúmero de sugerencias y principios de solución para encarar las particularidades de Mendoza. Y, por sobre todo, lo que más está dejando como fijas en la conciencia de los funcionarios y especialistas que forman parte de las charlas y las expediciones hacia los oasis, son las cuestiones obvias que saltan a la vista para ser intervenidas. Por caso, antes de llevar adelante una inversión millonaria en la colocación de medidores al nivel del consumidor urbano domiciliario, se tienen que mejorar las redes, tanto las troncales como las secundarias y, antes de llevar adelante una amplia campaña de tecnificación en el riego, que demanda sumas siderales, se tendría que dejar de cobrar la entrega de agua por bloque o por turnos, como sucede en la actualidad. Se trata de un avance en varias direcciones y de forma integral, en donde es motivo de intervención para llevar adelante los cambios, incluyendo los estímulos.
Y si bien Mendoza, en general, cuenta con una realidad común en el territorio, los oasis a su vez se diferencian por particularidades. Se calcula que alrededor de 5 por ciento de toda el agua que escurre de los ríos es la que se utiliza para consumo humano, sin contar la de riego. Pero el río Mendoza, por caso, está cerca de alcanzar niveles extremos alarmantes: más de 35 por ciento de su agua se destina a uso humano y la mitad se pierde en las redes, por antiguas, por colapso y por las pinchaduras que han sufrido los acueductos a lo largo de su traza; pinchaduras deliberadas por agua que, literalmente, es tomada para alimentar barriadas que crecen sin planificación.
Varias veces a lo largo de las últimas décadas se han esbozado e intentado llevar adelante procesos de transformación y de cambios para mejorar la eficiencia en el uso del agua. Pero nunca antes como ahora la realidad y las urgencias están obligando a implementarlo seriamente, hasta el final, cueste lo que cueste.
