Hace unas semanas, en el cumpleaños de una amiga, me enteré de una historia de pura pasión que va más allá de la geografía y de la nacionalidad. Compartiendo un gran momento con amigos, conocí a un ciudadano norteamericano que me dejó impresionado con su historia. Él, después de varias vueltas de la vida, actualmente se dedica al negocio del chocolate en Santiago de Chile, ciudad donde vive desde hace 22 años, después de dejar mi Buenos Aires querido.

En la fiesta, comenzamos a hablar del Mundial 2026 con un par de desconocidos y me di cuenta de que Argentina, de alguna forma, nos unía. Uno de ellos, de nacionalidad chilena, había trabajado unos años en Argentina. El otro, el norteamericano, tiene una importante pasión por el fútbol argentino; y yo, por obvias razones, también. Cada uno contaba sus experiencias, pronósticos y sus pasiones futbolísticas, hasta que el norteamericano nos sorprendió con una historia que merece ser contada.

Resulta que este norteamericano, que para fines prácticos vamos a llamar “Cris”, es un fanático total y, como vive en Chile hace unos años, se le ocurrió algo fantástico. Llegó a su casa, habló con su esposa chilena y le dijo: “Me voy a ver la final del Mundial 2022 a Argentina. ¿Cómo no voy a ver la final del Mundial en Argentina si estamos al lado?”.

Pues parece que “Cris” consiguió cuórum, juntó coraje y se fue a Estación Central. Compró un pasaje en colectivo a Mendoza y se fue solito a su aventura, siguiendo su pasión. Alquiló un departamento en el centro por Airbnb y salió a caminar por las avenidas de Mendoza buscando un lugar donde ver la gran final.

A poco de andar, “Cris” se animó y entró en un bar lleno de argentinos y, después de un par de cervezas, ya tenía amigos para ver el partido. Todos disfrutaron y sufrieron juntos esos goles, ese empate, la atajada histórica del Dibu y los penales que nos convirtieron en campeones 2022 contra Francia.

“Cris” gritó y saltó codo a codo, traspasando las fronteras y las nacionalidades; siendo otro ejemplo más de que se puede elegir ser argentino sin haber nacido en nuestra patria, para ser parte de la pasión y el atroz encanto de ser argentino.

A esta altura de la charla, recuerdo que me emocioné escuchando su relato y lo llené de preguntas sobre su experiencia, para que me describiera cómo lo disfrutó lejos de su país de origen, rodeado de desconocidos pero hermanados por una pasión: la gran Selección argentina.

Justo hoy, que faltan pocas horas para la final entre Argentina y España del Mundial 2026, estoy seguro de que va a haber muchos “Cris” que mañana van a alentar desde todas partes del mundo a nuestra Selección en un solo grito: ¡vamos Argentina!


Ezequiel Pérez Amestoy

Santiago de Chile, 18 de julio de 2026.