El asado dejó de ser el protagonista indiscutido de la mesa mendocina. En un contexto de aumento sostenido del costo de vida —con subas en la carne que impulsaron casi la mitad de la inflación mensual de los alimentos— los hogares reconfiguraron sus compras y priorizaron cortes más económicos como milanesas, carne molida y pollo.

Hoy el kilo de asado ronda entre los $20.000 y los $25.000, mientras que el de milanesa de carne se ubica entre los $15.000 y los $18.000. La brecha de precios empuja el cambio de hábitos y convierte al rendimiento en el principal criterio al momento de comprar.

El cambio no se dio de manera aislada. En enero, una familia tipo mendocina necesitó más de 1 millón de pesos para no caer bajo la línea de pobreza, según la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas. Con ese piso de ingresos, los alimentos —uno de los rubros de mayor incidencia en el presupuesto— pasaron a ser una variable de ajuste.

La transformación también alcanzó la forma de comprar: se redujeron los volúmenes, se planificaron los menús y las reuniones con asado quedaron más asociadas a ocasiones puntuales.

El termómetro de la calle

Desde El Sol, preguntamos a los mendocinos cómo cambió su consumo en los últimos meses y las respuestas reflejaron el mismo proceso que muestran los números. Algunos reconocieron una reducción marcada en las cantidades.

“Antes consumía un kilo de carne por día y ahora compro un kilo en toda la semana”, contó una vecina. Otros optaron por reemplazarla: “Ha aumentado la venta de verduras, la gente se inclina más por eso que por la carne”.

También hubo quienes aseguraron mantener el mismo nivel de compra, lo que evidenció que el impacto no fue uniforme. Del lado de los comerciantes, la postal se repitió: “Antes se vendía mucho bife de chorizo; ahora sale más milanesa porque es más barata”.

Las voces de la calle y los datos económicos terminaron de dibujar el mismo escenario: la carne sigue presente en la mesa mendocina, pero con menor frecuencia y con un cambio en la calidad de los cortes elegidos.

Los datos que explican el cambio

La escena local coincidió con una tendencia nacional. El consumo de carne vacuna se ubicó en el nivel más bajo de las últimas dos décadas: el promedio móvil de los últimos doce meses llegó a 47,9 kilos por habitante al cierre de enero, de acuerdo con el informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra).

La baja no respondió únicamente a la demanda. En enero de 2026 la faena fue de 1,014 millones de cabezas, un 11,8% menor que en el mismo mes del año pasado. La menor actividad impactó de manera directa en la producción, que cayó 10% interanual y dejó 26.600 toneladas menos disponibles.

Un mercado con dos velocidades

Mientras el mercado interno mostró retracción, el frente externo avanzó en sentido contrario. Las exportaciones comenzaron el año con un crecimiento del 12,2% en volumen y del 44,2% en valor interanual. La mejora en los precios internacionales —con valores que superaron los 14.800 dólares por tonelada en los cortes enfriados— y la demanda sostenida de China y Estados Unidos consolidaron la orientación exportadora del sector.

En ese escenario, el principal motor del negocio se encontró fuera del país, al tiempo que el consumo doméstico perdió peso relativo.