Un paciente oncológico que llevaba más de treinta días internado, preparándose para una cirugía de importancia vital para su horizonte de vida, pudo reencontrarse con su familia y su mascota en los jardines del Hospital Central de Mendoza.
Momentos de mucha emotividad se vivieron en los jardines del hospital más grande de Mendoza. Bajo la mirada atenta y acompañamiento del equipo de cuidados paliativos, un paciente oncológico tuvo su esperado reencuentro con sus seres queridos y su pequeño perro días antes de someterse a una cirugía clave.
El caso es un ejemplo de humanidad ya que las intervenciones del equipo de cuidados paliativos no se limitaron a optimizar parámetros clínicos sino a escuchar, conversar y conectar con aquello que realmente sostendría al paciente en este tramo tan frágil.
“Mediante prolongadas charlas buscamos conocer qué cosas quisiera hacer en el universo de lo posible. Había algo que parecía lejano pero que para él tenía un valor monumental: ver a su hijo, menor de edad, y poder reencontrarse con su perro, compañero fiel en muchos momentos. Ambos, hijo y mascota, representaban para el paciente un vínculo profundo con la vida y una fuente de consuelo imprescindible ante la gravedad de su enfermedad”, expresaron desde el equipo de Cuidados Paliativos.
“Se facilitó el ingreso del hijo, que por edad no puede ingresar habitualmente a las visitas, y se preparó el entorno para que el reencuentro con la mascota, que tanto nutría su ánimo, fuera seguro y respetuoso de su situación clínica. En ese marco, el cuidado paliativo no fue una barrera, sino un puente: un puente que permitió al paciente sostenerse en su humanidad, sentir que no estaba solo y recordar que la vida, con sus límites, también puede contener momentos de plenitud“, expresaron desde el efector de salud.

