El Barrio Tupac Amaru, en Lavalle, alberga a muchos vecinos que se rehusan a hablar sobre la organización que coordinó la construcción de las viviendas. La tensión que generaron las denuncias contra la cooperativa kirchnerista poco a poco se disolvía, pero regresó con la liberación de Nélida Rojas y su familia, luego de la resolución de la Octava Cámara del Crimen a favor de la entidad.

Ahora, en la zona -rodeada de descampados y las viviendas sin terminar de un proyecto “hermano”, el Tupac Amaru II-, hay una quietud alrededor del tema. “No queremos hablar de eso”, mencionó uno de los vecinos de la primera manzana en el ingreso del Barrio, a pesar de que meses atrás el tema más común era la detención de Rojas por asociación ilícita, fradues y otros delitos.

 

Unas manzanas hacia adentro, algunos vecinos comentan sobre un auto verde que, aseguran algunos, vigila los movimientos de los denunciantes. Esa situación pone nerviosos a varios, según contó un kiosquero. “Acá todo es muy tranquilo, no nos podemos quejar porque tenemos una casa”, expresó con recelo el hombre. 

En la mitad del barrio la urbanización se detiene abruptamente y domina la tierra cubierta de salitre. De un lado se encuentra la calle asfaltada, las veredas y las acequias, pero al cruzar sólo están las casas, dispuestas en el mismo orden, aunque la apariencia descuidada del entorno casi aduce a dos poblaciones diferentes. En medio, una rotonda sin pavimento y rodeada de arbustos divide la parte sin terminar de la urbanizada.

“Se suponía que iba a ser un espacio verde, que en esa parte iban a hacer una escuela y una plaza para los chicos”, recordó una vecina que, a pesar de su confianza en que no hay problemas en el barrio, no quiso dar su nombre para “no meterse en esos temas”.

El salitre trepa por las paredes en los exteriores de las viviendas donde no hay asfalto. Ahí es donde vive Milena Gómez, quien en abril de 105 se convirtió en la primera denunciante de la Tupac.

“Los vecinos que antes venían a charlar sobre el tema, ahora me escriben por teléfono en lugar de venir”, mencionó. Gómez indicó que el temor se hizo más firme cuando Nélida Rojas salió en televisión dando una conferencia fuera de la Legislatura, señalando que si las víctimas en verdad tuviesen miedo, no irían al Barrio Tupac Amaro.

 

“Minutos antes habían venido a entrevistarme y le pedí a una de las denunciantes que estuviera acá conmigo. Nélida se enteró de inmediato que estaba acá y dijo eso. De todos modos, antes hemos recibido amenazas más directas”, relató.

En total, fueron 172 las personas que denunciaron la actividad de la organización, asegurando que se les prometía casa y luego se las negaban, las usurpaban o los quitaban de las listas que presentaban ante el IPV.

Otros, sin embargo, compraban la casa a la familia de Nélida. Uno de esos vecinos fue Damián Neris Landa, quien pagó 70 mil pesos por una vivienda en el barrio. El hombre anteriormente vivía en Las Heras y contó que a pesar de haber pagado -el recibo de la transacción lo presentó ante la Justicia-, en dos ocasiones la casa que le prometían terminaba en manos de otra persona.

“Ahí decidí hacerme delegado. La última casa que se vendió fue en 90 mil pesos, pero antes de eso cobraban lo que fuese: cinco mil, una moto, electrodomésticos… vender casa era la caja chica para ellos”, denunció Landa.

Entre los relatos también se mencionó que la Tupac ofrecía a quienes ya estaban en una vivienda tres mil pesos en el momento y la posibilidad de guardarles los muebles en un galpón. “Todo lo que se hizo, cómo se manejaban bajo la amenaza de dejarte sin techo, se quedó en la cabeza de la gente. En todas las reuniones se menciona el miedo a que les quiten la casa”, aseguró Gómez.

 

En ciertas casas del Barrio viven incluso tres familias. Algunos esperaban que, a los meses de mudarse al lugar, el Tupac II estuviese listo para que el grupo que figurara en las listas tuviera su vivienda ahí. Actualmente el IPV está buscando la forma de finalizar las construcciones y los municipios están en proceso para cortar los vínculos con la cooperativa.

El estado de las viviendas, a pesar de que estén todas ocupadas, no es el prometido. Elisa Blasco recibió la casa incluso sin inodoro, al igual que Gómez y otras mujeres del lugar. “Hay vecinos que se vinieron antes de que terminaran de acomodar todo por miedo a que se las quitaran, pero cuando nos dijeron que teníamos todo listo no era así”, se quejó Blasco.

La casa no tenía agua ni luz, “pero si tenemos goteras”. La mayoría de las entradas tienen nylons sujetados con ladrillos contra las puertas, en un esfuerzo por detener el viento y el agua cuando llueve. “Si tardamos un año y medio en esperar la luz, no me imagino cuánto tardaremos en tener vereda”, añadió Gómez.

Landa manifestó su descontento con el fallo de la Octava Cámara del Crimen, que la fiscal Gabriela Chaves busca que se anule: “Esperábamos otra respuesta, nunca nos imaginamos que iban a tirar abajo denuncias contra lo obvio: hay pruebas, acá nos conocemos todos desde siempre, ¿hay alguien que no sepa que Nélida pasó de la nada a tener una flota de autos en la familia?”.

Por el momento, se espera que Chaves presente un recurso en los próximos días para que la Corte revise el caso. Mientras tanto, la líder de la Tupac aseguró que la organización buscará la forma de volver a operar y “terminar los barrios que este Gobierno no va a poder”.