El radicalismo, el peronismo y el macrismo tuvieron un super sábado de intensa actividad para definir los escenarios preparatorios para las elecciones legislativas que, en Mendoza, aún no tienen fecha concreta.
Mientras a los radicales les explotó la interna, las otras dos fuerzas tuvieron una aparente calma en la superficie, pero con indicios llamativos de que no tendrán paz.
Top Gun radical
A juzgar por los resultados, tanto en la UCR como en el PRO el congreso sirvió para limitar el alcance de los sectores minoritarios que ponen en discusión el liderazgo. Este teatro fue más visible en el radicalismo, con la decisión del sector de Luis Petri de no acudir al Centro de Congresos para avalar esa cumbre en la que sí estuvieron Alfredo Cornejo, Rodolfo Suarez y los territoriales.
La fractura tuvo como argumento el mecanismo en el que elegirán a los candidatos. Petri quiso hacer valer su porcentaje del electorado que no votó a Cornejo en aquellas PASO del 2023. Hacia el viernes, las posiciones eran irreductibles y el petrismo adelantó que no participaría de un encuentro que no representa a todos los radicales.

Esto activó la reacción del cornejismo con un comunicado en el que expusieron a Petri: le remarcaron que quería negociar todo entre cuatro personas. Dos de ellos, los hermanos Petri, el ministro y su hermana Griselda, que es la vicepresidente de la UCR, secundando al cornejista Andrés Lombardi.
El Congreso aprobó el mecanismo de elección por el Colegio Electoral que se dará en la semana entre el 7 y el 17 de agosto. Esa mayoría revistió de legitimidad la elección de candidatos y la formación de alianzas ante las denuncias del petrismo de que los quieren someter. En el fondo, aunque tenga que negociar el armado con el suarismo y los intendentes, Cornejo es el que hará ese cierre, que este año tendría una complicación mayor: ver cómo surfeará en el tsunami mileísta.

La decisión de Petri deja al ministro en veremos y con mayor expectativa ante un potencial acuerdo entre Cornejo y Javier Milei, que sigue en discusión: si al presidente les otorgan los primeros lugares de la lista de diputados nacionales para reforzarse en el Congreso, o si le permiten avanzar posiciones en la Legislatura y los concejos deliberantes, una situación que exaspera a los intendentes porque perderían hegemonía y representación.
Ante el pronóstico de una ola violeta, que ya se experimentó en 2023 en Mendoza, por lo pronto el congreso radical exhibió el músculo radical para acotar la presión de Petri sobre Cornejo.
El aplausómetro peronista
En contraste con sus vecinos los radicales, el peronismo mendocino aparentó cerrar un congreso ya acordado en calma. Al menos, en la superficie. Las diferencias quedaron marcadas porque no hubo foto de unidad, ya que los representantes del cristinismo no formaron parte de la composición que difundió Emir Félix.
En principio, con la foto de este sábado, el peronismo iría a internas abiertas entre los dos sectores bien marcados: el de los intendentes, que aglutina al peronismo ortodoxo, un kirchnerismo por fuera de La Cámpora, movimientos sociales y tribus de militantes en distintos departamentos. Del otro lado del muro, el cristinismo que ahora impulsa a Anabel Fernández Sagasti como diputada nacional.

Pero cuando todo parecía haber quedado resuelto, mientras los radicales volvían a exhibir un drama político, una situación llamó la atención. Sobre el final del congreso que ya tenía aprobadas las reformas exigidas por la Cámara Electoral, el presidente Rubén Montemayor le dio la palabra a Pedro Serra, un legislador de San Rafael vinculado a los Félix.
El comunicado oficial expuso: “Asimismo, se votó ‘el apoyo incondicional’ a las facultades de intendentes del PJ respecto a fijar fechas de elecciones municipales, ‘reconociendo su legitimidad territorial y política’“.
En rigor, como no estaba en la orden del día, no se trató de una moción, sino más bien de una declaración de índole política por la autonomía municipal, una cuestión que el sector de Félix está postulando con fuerza. Por ende, no se podía votar. Sacaron el aplausómetro: simplemente el aval fue dado a través de una ovación o golpeteo de palmas. En el cristinismo, aseguraron que no fue secundada. Hubo malestar en torno a esto.
Si bien no estaba en la agenda de temas, la posibilidad de que los intendentes puedan desdoblar los comicios departamentales es una posibilidad real. El cristinismo resiste esa chance, porque como pasó en 2023 le restaría fuerza a la lista de candidatos que se presenten para provincia y nación. También es cierto que si hubiera estado en el orden del día, el sector de los intendentes se hubiera impuesto cómodamente por su mayoría de congresales: 90 contra 24.
Picardías en el PRO
De igual manera que en la UCR, los movimientos en el PRO local para ordenarse en función de las exigencias de la Justicia electoral parecieron direccionarse para bloquear los intentos insurgentes de Hebe Casado. La vicegobernadora parece estar en un limbo: se afilió, pero Facundo Correa Llano todavía no realiza el trámite para darle ingreso formal a La Libertad Avanza. Es curioso: tiene que enfrentar un doble bloqueo de ex demócratas por uno y otro lado.
Casado ha dejado a todos sus dirigentes en el PRO que conduce el demarchista Gabriel Pradines. Es una puja para ver cómo terminan de ubicarse frente a la torta libertaria que sirve Milei. Casado, por la vía de Patricia Bullrich. Omar De Marchi, por gestión propia, aunque con la sombra de Mauricio Macri, que dio cierta libertad en Buenos Aires para avanzar con un acuerdo electoral.
El congreso del macrismo sorprendió a más de uno, menos a los demarchistas. El sector de Casado aseguró que no fueron ni convocados ni avisados por la instancia que se dio este sábado por la mañana. Pradines retrucó: afirmó que habían publicado el edicto en un diario. Todo pelota, al parecer.
Desde afuera, una outisder, la capitalina Sol Salinas, que publicó este mensaje sobre la situación del PRO en Mendoza. Sobran las ironías en el PRO.
— SOL SALINAS (@solsalinasG1) May 31, 2025
Con todo, el congreso partidario habilitó tanto a Pradines como al intendente de Luján de Cuyo, Esteban Allasino, para avanzar en las negociaciones con otros partidos.
Así zafa la casta
Mucho en una semana en la que el Concejo Deliberante de Guaymallén, el que tiene a los ediles mejores pagos de la provincia, volvió a mostrar cómo la casta política en un país que se tiñe de violeta sobrevive con sus mañas.
Así fue como el concejal Miqueas Burgoa logró evitar ser investigado por sus pares por el bochorno de haber sido demorado por su alta alcoholemia en General Alvear.

Burgoa, en lugar de abstenerse por ética o por vergüenza al menos, se votó a sí mismo, dejó en empate al concejo y forzó a Verónica Cancela -la iglesista que preside el cuerpo- a darle un crédito más para que siga ocupando su silla. En conclusión, quedó exhibida la fractura entre Marcos Calvente -cuyos ediles votaron en contra de Burgoa- y Marcelino Iglesias -cuyos concejales rechazaron la investigación-. Y una pregunta que sobrevuela: ¿están bien las relaciones entre Cornejo e Iglesias?
Pero esa votación clave hubo un apoyo inesperado que deja en offside a La Unión Mendocina: el voto de Sonia Sedano, una concejal con mucha experiencia, que sabe cómo moverse en los entrecijos que le concede el poder.
