Así se prepara Nacho para su gran desafío.

Ignacio Pavesi, Nacho para los amigos, tiene 18 años (el próximo sábado cumplirá sus 19) padece parálisis cerebral, se comunica mediante gestos y en unos días correrá su primera maratón con la asistencia de sus padres y docentes.

Ingresó hace cinco años al colegio Santa María, en Godoy Cruz, y desde entonces ha logrado un vínculo sin precedentes con sus compañeros, docentes y autoridades. Este año, a modo de cierre del Nivel Secundario, Nacho subirá el Cerro Arco.

Nacho junto a sus padres y profesores, en pleno entrenamiento, con la silla diseñada por sus compañeros.

El desafío es enorme pero no imposible, sobre todo por la solidaridad de sus compañeros y profesores que le construyeron una silla adaptada para transitar senderos montañosos. Lo hicieron junto a estudiantes de Diseño de la Universidad Champagnat, basándose en un modelo ya armado, y este domingo la estrenará en la previa al gran desafío previsto para noviembre.

“Si el tiempo nos acompaña, seremos parte de la maratón Villavicencio Race. Allí Nacho será asistido por sus padres y con Mauricio Fourcade (profesor de Historia) lo llevaremos en la silla”, contó el preceptor Mario Pérez y agregó: “Ya estuvimos recorriendo el terreno y ver la alegría de Ignacio es el mejor regalo de todos”.

Asimismo, el preceptor contó que en cuanto Nacho y sus compañeros tengan que ir al Cerro Arco a rendir el final, serán estos los que lo subirán y lo ayudarán a llegar a la cima. “Es como una manera de cerrar esta etapa que han vivido a lo largo de estos cinco años juntos”, expresó.

Para Nacho no hay imposibles

Ignacio ingresó al colegio Santa María cuando tenía 13 años, allí comenzó a cursar sus estudios secundarios con la compañía de su terapeuta Antonio, una figura clave en su desarrollo.

Nacho junto a su acompañante terapéutico, Antonio Vela.

“Cuando Nacho pasó a segundo año lo conocí y me di cuenta de que tenía un ángel especial. Unas ganas de progresar increíble y así lo ha demostrado a lo largo de los años”, comentó Mario, su preceptor.

La llegada de Nacho al establecimiento hizo que se adaptaran muchas cosas para que pudiera avanzar en sus estudios de una manera inclusiva. Los primeros años los cursó en la planta baja del colegio, pero en cuarto año se decidió que era posible que Nacho estuviese en el primer piso.

Nacho junto a algunos de sus compañeros.

“A través de un ascensor, Nacho cursa todos los días en la planta alta, junto a su silla de ruedas y con la asistencia de Antonio. Para él no hay desafíos imposibles, todo lo que le propongas lo intenta”, agregó.

Fernanda, el motor de Nacho

Nacho sufrió una mala praxis cuando nació y eso le ocasionó una parálisis cerebral que le provocó una discapacidad motriz importante que le impide regular los tonos medios. No puede comunicarse, sin embargo, cognitivamente está alineado con los chicos de su edad.

Nacho es el mayor de tres hermanos y su padre, Adrián, lo define como un chico muy activo y social pese a su discapacidad. Además, asegura que su esposa se ha transformado en el verdadero motor en la vida de Nacho.

Nacho junto a sus padres y hermanos, Valentina y Benjamín.

“Yo siempre trabajé para sostener a la familia, pero Fernanda se sacrificó por él. Se dedicó de lleno a acompañarlo para que pudiera ir sorteando cada uno de los obstáculos. Sin el compromiso de su mamá, Nacho no hubiera logrado sus sueños”, enfatizó.

Fernanda se convirtió en el motor de Nacho.