En medio de la situación de aglomeraciones que tiene lugar en Mendoza, entre los talleres de RTO, los centros de vacunación y de testeo y las guardias de hospitales, las personas que se desempeñan en estos lugares denuncian el maltrato constante por parte de los ciudadanos. 

Desde talleres oficiales de RTO denunciaron a El Sol que “la gente está manejando niveles de violencia muy altos y se descargan con los técnicos, que no tienen nada que ver y sólo están a veinte manos atendiendo a todos”. Más que evidente fue la situación filmada en un hospital de Tunuyán, donde las personas que esperaban le recriminaron a una trabajadora sanitaria por las demoras para testearse. 

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Especialistas en psicología, compartieron sus conocimientos para explicar por qué y dónde se generan estas conductas violentas con posiciones encontradas. Uno, explicó porqué la pandemia desencadena estas conductas mientas que otro fue tajante: “No se debe hechar la culpa al Covid”.

Dónde se genera 

Mauricio Sibilla, médico psicólogo, adjudicó a las reacciones violentas a casos de neurosis desatadas por la pandemia y explicó que, si bien son muchas, todas tienen tres factores en común.  

El primero es la desproporción entre estímulo y respuesta: estímulos chiquitos que producen respuestas emocionales grandes. Y ejemplificó: “Que se caiga una taza de café y armo un escándalo enorme. Ahí el problema es que anteriormente, por ejemplo, la persona se había peleado con la pareja, no dijo nada, y cuando se cayó la taza descargó. Eso se llama desplazamiento o sustitución”.

Y al revés, si pasa algo grave y la respuesta es muy chica, como por ejemplo graficó: “Le decís a alguien ‘lo siento, murió tu papá’ y la persona responde ‘bueno, ya estaba viejo’. Eso se llama bloqueo”

La segunda característica de las neurosis que Sibilla describió es la alta condicionalidad para estar bien, y que eso en este momento está atacando la coherencia de las personas. “Ante la falta de un montón cosas y una frustración grande, la persona necesita neuróticamente que el mundo se adapte a ella. Pero esa dependencia lo llevará a que nunca esté bien. Como si pidiera que se alineen los planetas para que yo esté bien. Y eso no pasa. Entonces genera más frustración”, indicó.

Sufrir por lo que no ocurre

La tercera condición que el especialista mencionó es sufrir por lo que no ocurre: la gente que piensa que si se enferma se va a morir o que no va a poder salir más de viaje. Se imagina desde la frustración, angustia y miedo situaciones catastróficas que no ocurren. “Pero las siente como si estuviesen ocurriendo y mantiene a la persona en un estado constantemente alterado”, explicó el psicólogo.

La neuropsicóloga Cecilia Ortiz afirmó: “No hay que echarle la culpa a la pandemia ni decir que estamos ante una situación difícil, porque eso no es determinante”.

La profesional recordó que en 2005, la Organización Mundial de la Salud ya había alertado que estábamos “ante los niveles de violencia social más altos de la historia”.

“Los factores de la violencia en la sociedad son diversos; uno muy común es vivir en un contexto violento, como por ejemplo los papás que le recomiendan a sus hijos pegar si les pegan”, apuntó Ortiz.

También enfatizó en la desigualdad económica y de poder como disparadores de reacciones cada vez más violentas, y apuntó a la falta de castigo como principal causa de que vaya en aumento. 

“La pandemia nos pone en situación de vulnerabilidad, activamos controles de defensa y saltamos a la agresión. Atacamos a otros sin motivos, sin razón, algo que no sucede en ninguna otra especie”, analizó Ortiz.

Respecto a la pandemia mencionó a la no previsibilidad como “caldo de cultivo” de reacciones violentas. “Nos están coartando la creatividad y eso produce mucha frustración”, explicó.

El miedo

La gente está con miedo a enfermarse, a quedarse sin trabajo, a que la estafen, enumeró Sibilla y ejemplificó: “La virtualidad está generando muchas situaciones desconocidas en personas mayores de 50 años y eso desencadena mucha paranoia, fobia y angustia”.

Hay un combo de situaciones, que ya estaban instaladas antes de la pandemia y que empiezan a funcionar mucho más potenciadas”, se explayó.

La respuesta más común ante la frustración, el miedo, la angustia y lo catastrófico es la conducta defensiva de ataque, “aunque parezca mentira”, sostuvo Sibilla.

“Yo ataco al otro para que no me pase nada a mí”, simplificó.

Para el especialista, el otro es portador de un peligro que “no quiero que me pase a mí”. Entonces, “el mecánico de la RTO me está metiendo la mano en el bolsillo porque me está diciendo que tengo que cambiar las ruedas, pero yo no tengo plata para comprarlas y además no hay ruedas. Entonces el tipo se transforma. Porque está obligado a hacer algo que no quiere, porque no tiene plata, porque no va a viajar, y ese mecánico viene y me genera toda una situación de obligatoriedad que no estoy dispuesto a aceptar”, graficó en una de las situaciones más concretas que se dan por estos días en la provincia.

Idéntica experiencia cuando una persona se tiene que ir a vacunar, se encuentra en un hospital, le dan una mala noticia o no tiene plata y tiene que buscar asistencia en un hospital público con colas interminables. “Todo esto genera una situación que anteriormente manejábamos desde otro lugar, pero como los contextos en estos momentos son tan críticos, las respuestas de las conductas humanas están desadaptadas”, agregó.

Trastornos adaptativos

Los especialistas señalan que estos trastornos son complejos, se van acumulando y van generando mayor tensión. Depresión, ansiedad, modificación de comportamiento o la suma de todos estos puede ser la respuesta y desorganiza el comportamiento, de acuerdo con los psicólogos.

Cómo y cuándo se sale

Con el argumento de que la violencia social es un proceso, Claudia Ortiz sostuvo que “llevará un tiempo revertirla. No habrá una situación puntual que la elimine de la noche a la mañana. Que la pandemia termine no la hará desaparecer“.

Para Sibilla, “cuando la pandemia finalice, no creo que la nueva normalidad sea la misma que teníamos hasta el 19 de marzo del 2020. Han pasado muchas cosas, además de las cuestiones de comportamiento, la relación con el otro y gestión de las emociones, nos hemos conectado mucho con el adentro y mucha gente no banca la soledad”.

Se rompieron muchos vínculos

El psicólogo contó que desde que comenzó la pandemia se han roto muchos vínculos: “En mi consultorio, las parejas que hasta el 19 de marzo del 2020 estaban con problemas hoy están separadas. Y las parejas que entraron bien a la pandemia, diría que están más consolidadas”.

En ese sentido, una experiencia como la cuarentena “funcionó como un acelerador de reacciones: conflictos que ya existían se rompieron o consolidaron”, explicó.  

Para el profesional, lo que viene a partir de esta crisis que generó la emergencia sanitaria es una mayor conciencia de vulnerabilidad. “Hay una modificación de la visión de uno mismo, un recorte de la omnipotencia, que es una gran parte también de la violencia que estamos viendo en las RTO, hospitales y en la calle en general. La gente ha sido atacada en que no puede hacer muchas cosas que creía que sí podía”, finalizó.