Las últimas investigaciones científicas señalan que la forma en que se regulan las emociones permitiría controlar la cantidad o calidad de los alimentos que se ingieren. Esto sintetiza el rol de la psiconutrición, un método innovador que está en auge y que estudia la relación con la comida, teniendo en cuenta las emociones, las conductas, el contexto social y las relaciones sociales.
Este método surge de la unión de dos disciplinas, la nutrición y la psicología, con la finalidad de mejorar el bienestar físico y mental.
Está demostrado que depender de la comida para llenar vacíos o evitar emociones puede volverse un arma de doble filo.
Qué es la Psiconutrición
Es muy común escuchar frases como “no como nada y no adelgazo” o “tomo agua y engordo“. Ante la frustración, son muchas las mujeres y los hombres que deciden dejar sus tratamientos, sus rutinas diarias y continúan comiendo sin control.
La psiconutrición es ideal para aquellas personas que llevan gran parte de su vida realizando dietas, tanto en personas que emocionalmente por temas laborales, familiares o sociales canalizan el estado de ánimo mediante la alimentación y que puede derivar en desajustes alimentarios, como en problemas de peso.
“Se trata de una rama de la Psicología que estudia y aborda los aspectos psicológicos (emociones, conductas, pensamientos, vínculos, entre otros) de nuestra relación con la comida”, expresó Marcia Peregrina (Mat.2564), psicóloga, especializada en Psiconutrición, una de las fundadoras de Alimental.
Según contó la profesional, la especialidad aborda cualquier conflicto que aparezca en relación al vínculo con la comida y/o imagen corporal, entre ellos, hambre emocional, atracones, restricciones, rigidez en la forma de comer, rechazo hacia el propio cuerpo o cualquier otro aspecto que produzca malestar.
“Desde la psiconutrición acompañamos a los consultantes a revisar estos temas y construir estrategias saludables para gestionar las emociones. Pensamos en la alimentación consciente como algo muy diferente a las dietas restrictivas. Por el contrario, acompañamos el proceso de cambio de hábitos sostenidos en el tiempo”, agregó Florencia Charparin (Mat. 2562), también psicóloga, especializada en psiconutrición.

Respecto al abordaje que se hace con el paciente, las especialistas advirtieron que el trabajo que realizan es interdisciplinario, que incluye la presencia de nutricionistas, psicólogas, psiquiatras, entre otros, con el fin de abordar la problemática desde un enfoque integral.
“Las personas acuden a pedir ayuda por un motivo concreto, un síntoma, por ejemplo, comer emocional (esto sería lo que está en la superficie del iceberg, aquello que se observa sobre el agua), y nuestra labor es conocer las causas subyacentes que le han llevado a su situación actual (lo que se encuentra bajo el agua). Una vez detectado el problema se trabaja en conjunto con la consultante y demás profesionales involucrados, si los hubiera”, dijo Marcia.
Quién puede acceder a este tipo de abordaje
Los problemas con la alimentación no son propios de hombres o mujeres, sino que es indistinto. Afecta a ambos por igual.
Cualquier persona que sienta que su relación con la comida o con su cuerpo le genera malestar puede acceder a este tipo de abordaje.
“En algunos casos, hay instalado un trastorno alimentario (como anorexia o bulimia) y allí muchas veces se necesita un abordaje interdisciplinario y más intensivo, pero cualquier persona que quiera mejorar su relación con la comida va a verse beneficiada con este tipo de método”, expresó Marcia.
Por su parte, Charparin agregó: “Muchas veces tener una mala relación con la comida está naturalizado (una persona que hace dieta estricta puede verse como voluntariosa) y no se visibiliza el sufrimiento que hay detrás de eso”.
A la hora de describir el perfil de los pacientes, las profesionales contaron que, en general, acceden más mujeres que hombres. Sin embargo, hay muchos varones que tienen conflicto con la alimentación y, cada vez más, se están animando a abordarlo.

Este tipo de terapias no son sólo para aquellos que no se aceptan o tienen problemas con la alimentación, sino que cualquier persona que sienta que su relación con la comida está siendo conflictiva puede acceder.
“Hay personas que dicen que están en un peso saludable; sin embargo, su vínculo con la comida no es saludable. Consultan personas que quieren bajar de peso, pero no les alcanza con un plan nutricional, ya que hay cuestiones emocionales que necesitan resolver para así poder realizar las acciones que los acercarán a su objetivo. En todos los casos, generalmente, va acompañado de insatisfacción con su cuerpo o con partes de este”, comentó Florencia.
En qué consiste el tratamiento
Las heridas, traumas o emociones que por algún motivo no pueden ser gestionadas, se expresan a través de síntomas.
En muchos casos, estos síntomas se manifiestan en la comida (mediante atracones). Es por eso que conocer la historia personal de cada uno permitirá comprender el origen de esos síntomas y gestionar las emociones de manera más saludable.

“En Alimental contamos con dos servicios. Un programa psicoeducativo individual, de cuatro encuentros, en el que abordamos los pilares fundamentales para mejorar la relación con la comida y con la imagen corporal. Proporcionamos herramientas efectivas para implementar de forma inmediata. Este programa lo pueden realizar personas que quieren aproximarse a la temática, aunque tengan ya un espacio de psicoterapia”, anticipó Marcia.
Por otro lado, ofrecen el servicio de psicoterapia en la que se trabaja con mayor profundidad. “Ambas estrategias se realizan de manera virtual y el objetivo es que la persona pueda mejorar su relación con la comida y con su imagen corporal, siendo más consciente del acto de comer y de su mundo emocional”, agregó.
En primera persona
Belén (nombre ficticio de una paciente que pidió no revelar su identidad) brindó detalles del porqué accedió a realizar este tipo de tratamiento y los resultados logrados.
Luego de la pandemia descubrió ciertas formas de comer que le empezaron a llamar la atención y necesitaba una profesional que la ayudara a entender los motivos.
“Además, necesitaba conocer más acerca el concepto de hambre emocional y cómo abordarlo con distintas herramientas”, contó.
Así fue como luego de varias sesiones pudo revisar la vinculación entre la comida y los distintos momentos de su vida.
“Obtuve las herramientas necesarias para establecer una relación diferente con la comida. Si bien no siempre es la que me gustaría tener, la voy mejorando gracias a lo que he aprendido en las sesiones de psiconutrición”, cerró.
