Luego del suicidio este martes de una auxiliar de 35 años en San Martín, se conoció por datos oficiales que nueve policías y penitenciarios se quitaron la vida en los últimos dos años. En este contexto, existe inquietud por la salud mental de los uniformados, que muestra la tendencia preocupante que el resto de la sociedad y que fue advertida hace poco por el ministro de Salud de la provincia, Rodolfo Montero. Con un dato extra: los miembros de las fuerzas de seguridad tienen una pistola 9 milímetros reglamentaria provista por el Estado.
Otro punto analizado por las autoridades es que el 60% de los casos fueron protagonizados por menores de 35 años. De ese número, cinco fueron durante el 2025. Las estadísticas agregan que, del totalde casos, siete eran policías y dos guardiacárceles.
Si bien desde el Ministerio de Seguridad y Justicia afirman que se trata de una situación dolorosa, explicaron que los suicidios son una causa de muerte en Mendoza muy por encima de los accidentes de tránsito. Consideran que se trata de un problema cultural y social y no de algo puntual de las fuerzas.
Además, indicaron que están analizando la situación y trabajando en un abordaje más focalizado para acompañar a los integrantes que atraviesan problemas psicológicos o detectar patologías psiquiátricas.
A pesar del número de suicidios, desde Asistencia al Policía -el área encargada del seguimiento sanitario de los uniformados- señalaron que apenas el 3% de los casos que atienden están vinculados a problemas de salud mental.
La actividad policial figura como uno de los trabajos con mayor incidencia de caso de estrés, según consignan diferentes consultoras dedicadas a analizar el mercado laboral; sobre todo, por la permanente exposición a hechos traumáticos.
Hay un punto que se escapa a los controles en la fuerza. Los efectivos evitan ir a Sanidad y plantear sus traumas emocionales. Saben que si lo hacen, la posibilidad de que les quiten el arma es alta. Si la evaluación es negativa, los profesionales de la salud sugerirán a los superiores que, por precaución, les saquen la pistola a los subalternos.
“Cuando un policía o un penitenciario tiene alguna situación mental, informa a su superior y lo primero que hacen es quitarle el arma”, explicó Laura Cortez, titular de la Asociación de Esposas y Familiares de Policías de Mendoza.
No tener la 9 milímetros significa un descuento en el sueldo de aproximadamente entre el 20 y 30 por ciento. Ese porcentaje es más alto si se tienen en cuenta que, sin arma, también pierde la posibilidad de realizar servicios extraordinarios.
