El tortugo Jorge está en libertad en las aguas de Brasil, de donde era oriundo hasta que fue capturado en Bahía Blanca mientras cursaba su ruta migratoria, 40 años atrás. Pero los especialistas perdieron el contacto de su “GPS” marino y tienen algunas teorías sobre esta falta de transmisión de datos que se venía dando desde su regreso al mar.
Mariela Dassis, bióloga del Conicet en Mar del Plata, aclaró en comunicación con el programa Opinión de LV Diez que Jorge no está muerto, para tranquilidad de los fanáticos del quelonio.
“Es una cuestión técnica, el rastreador tiene una vida útil”, explicó la científica que preparó el equipo que el animal lleva adosado al cuerpo para seguir su rastro en el agua. Al momento de la libertad, los especialistas como Dassis colocaron “un kit específico para tortugas, que tiene dos capas de epoxi y una malla. Es una tecnología que se usa mucho para tortugas, no se molestó”, explicó.
Jorge era ubicado en cada momento a través de un telémetro. “Cada vez que subía a la superficie, sus sensores enviaba señales y gastaba la batería del equipo, ahí me enteraba de su posición, a qué velocidad iba. No llevaba cámara. Este telémetro nos permitía saber si tenía una emergencia, pero no teníamos planes de ir a buscarlo. El plan era que se reinserte en su vida natural”.
Dassis detalló que la última posición fue el 29 de julio a la 1 en Bahía de Guanabara. “Sorprende porque en principio se habló mucho de Praia do Forte, porque él es del norte de Brasil, que incluye Río de Janeiro también. Por lo que tranquilamente ya puede estar lo más bien en su casa”.
Así, la comunicación con el animal se interrumpió hace una semana y los técnicos entienden que puede deberse al menos a tres opciones.
“O se rompió la antena, se puede haber quedado sin batería o el instrumento puede querer funcionar pero no puede”, especificó la bióloga del Conicet. .
Las tortugas marinas como Jorge, que estuvo alojado en una reducida pileta en el acuario de Mendoza durante cuatro décadas, “son animales migratorios que se desplazan fuera de la época reproductiva y cuando las aguas cálidas van hacia el sur ellos también (lo hacen) para alimentarse. Cuando fue capturado accidentalmente en Bahía Blanca, estaba dentro de su ruta normal”.
Lo que también es llamativo en el caso de la tortuga más famosa que pasó por Mendoza es que recuerde perfectamente dónde tiene que volver, a pesar del encierro en un desierto como el de nuestra provincia, donde su vida estuvo muy acotada. Antes de liberarlo, tuvo un periodo de readaptación coordinado por especialistas en fauna marina.
Jorge “se dispersa por alimentación. Son eternos navegantes. Las tortugas marinas macho nunca salen a tierra. Estaba en sus patrones normales de movimiento y después de 40 años los reconoce”, indicó Dassis, quien remarcó que “en su memoria tiene su ruta migratoria. El vino solo y supo volver”.
