Científicos y técnicos no se ponen de acuerdo sobre si el uso del teléfono celular tiene repercusiones negativas en la salud humana. Algunos estudios realizados, tanto en humanos como en animales, alertan sobre este riesgo, mientras que determinadas mediciones de las ondas de radiación de estos aparatos no detectan riesgos para nuestro organismo. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda esperar a que los resultados sean más concluyentes. Un investigador belga sostiene, tras un minucioso estudio dado a conocer en estos días, que la tasa de mortalidad de las ratas aumenta y su memoria se deteriora tras largas exposiciones a las ondas de radiación de teléfonos celulares.

    El investigador Dirk Adang defendió recientemente ante un tribunal académico de la Universidad Católica de Lovaina su teoría en relación con los efectos de las ondas pulsadas –como las de celulares, redes wifi y antenas que les dan servicio– sobre la salud de 124 ratas de laboratorio. Para elaborar ? su estudio, recogido por el diario belga de difusión nacional Le Soirî, expuso a tres grupos de ratas durante 18 meses (70 por ciento la duración media de la vida de los roedores), a razón de dos horas cada día, a niveles diferentes de ondas, mientras que otro grupo de animales permaneció en un área no expuesta a las mismas.

    En los tres grupos de ratas expuestos a la radiación, la tasa de mortalidad alcanzó 48,4; 58,1 y 61 por ciento, claramente superior al 29 por ciento del grupo de roedores no sometido a la influencia de las ondas. Adang concluyó que una exposición de quince meses a las mismas causa “evidentes pérdidas de memoria” en los roedores. Un defensor de la tesis de Adang, el catedrático Andre Vander Vorst, se mostró muy prudente a la hora de trasladar el resultado de esta investigación al ser humano, ya que hay que tener en cuenta factores como la morfología, la talla, la piel o el reloj circadiano, también conocido como reloj biológico o biorritmo.

ESPERAR AL 2015. Mientras tanto, la OSM ha recomendado esperar hasta el 2015 para evaluar el impacto de las ondas sobre el hombre, dado que el teléfono celular comenzó a generalizarse entre la población de todo el planeta a partir de 1998. Hasta el momento, la normativa de medición de ondas en Europa, en relación con la repercusión en la salud humana, es muy poco estricta, salvo en Suiza y Luxemburgo, donde los consumidores están preocupados por los efectos secundarios derivados de andar todo el día expuestos a este tipo de radiación.

    Mientras tanto, otro estudio de la doctora israelí Siegal Sadetzki, epidemióloga y catedrática en la Universidad de Tel Aviv, indica que el uso frecuente y prolongado del celular conlleva un mayor riesgo de desarrollo de tumores benignos y malignos en las glándulas salivales. La experta hebrea argumenta que los usuarios que pegan habitualmente el celular al oído tienen 50 por ciento más de posibilidades de desarrollar un tumor en las parótidas (glándulas situadas a ambos lados de la cara) que los que no hacen uso de este aparato. También advierte de que el mayor riesgo se da entre los usuarios habituales que residen en zonas rurales, pues los celulares necesitan emitir mayor radiación para compensar la escasez de antenas.

MANOS LIBRES. La investigadora llegó a estas conclusiones –recientemente publicadas en el American Journal of Epidemiology– tras analizar a quinientos israelíes diagnosticados con tumores benignos y malignos en las glándulas salivales y cotejar después los resultados con las respuestas de 1.300 ciudadanos sanos. Como medida de prevención, la investigadora, quien es también usuaria del celular, aboga por disminuir la exposición al aparato y reducir los riesgos para la salud, empleando, por ejemplo, en todo momento dispositivos manos libres, alejando el teléfono del cuerpo cuando se converse y evitando los interminables diálogos y las llamadas prescindibles.

    Otro estudio de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), España, difundido en el 2006, concluyó que las antenas de telefonía móvil situadas en el entorno de una calle determinada de Móstoles,municipio próximo a Madrid donde, según algunos vecinos, se han registrado desde 1997 un centenar de casos de cáncer, “son seguras y no representan ningún riesgo para la salud”. El informe incluyó mediciones de los campos electromagnéticos en el entorno de la calle y un dictamen biomédico de evaluación sanitaria de los resultados. El documento señaló que, según los expertos, los niveles de radiofrecuencias medidas en el sitio, “en el peor de los casos, están 2.000 veces por debajo del máximo permitido”.

    El informe, sin embargo, no satisfizo al portavoz de los afectados, Antonio Gómez, quien no dudó en afirmar que los resultados del estudio “son mentiras”. “En el barrio se han dado casos de cáncer en 100 personas y 40 de ellas han fallecido, por lo que, tras 8 años sin que el Ayuntamiento haya solucionado nada, acudiré a los tribunales”, aseguró.

SIN RELACIÓN CAUSA-EFECTO. Un juzgado de Madrid desestimó, en enero del 2007, la demanda interpuesta por cuatro vecinos de Algemesí (Valencia) ante tres compañías de telefonía móvil por los efectos negativos que les habrían producido en su salud las radiaciones de varias antenas, al no encontrar relación causa-efecto entre las dolencias y el entorno radioeléctrico. Los vecinos, residentes en un edificio cercano a unas bases de telefonía móvil, declararon durante el juicio que estas radiaciones les habrían provocado dolencias físicas descritas en el “síndrome de las microondas” o “de las radiofrecuencias”.

    Mareos, cefaleas, cuadros de ansiedad e insomnio fueron los síntomas alegados por los demandantes, quienes tuvieron que marcharse a vivir a otro pueblo, donde los síntomas disminuyeron pero sin desaparecer totalmente. Las empresas demandadas –Telefónica Móviles, Vodafone y Retevisión Amena– alegaron en su defensa que no había relación causa-efecto entre las bases y las dolencias, lo que argumentaron con informes técnicos y científicos sobre la inexistencia de riesgos para la salud que supone la cercanía a las emisiones de las antenas de telefonía móvil.

    Los demandantes aportaron informes periciales de dos médicos que les diagnosticaban el citado “síndrome de las microondas”, mientras que las empresas presentaron informes periciales del Comité de Expertos del Ministerio de Sanidad y de la Unión Europea. La jueza del caso resolvió que las mediciones no indican que se hubieran sobrepasado los límites legales de emisiones radioeléctricas.