Las tormentas dejaron al descubierto un problema que se repite en las calles y rutas de Mendoza: el crecimiento de los baches y el deterioro de las calzadas. Detrás de los pozos que complicaron la circulación no solo están las lluvias, sino también la falta de mantenimiento, el desgaste de las bases y el tránsito constante de vehículos pesados.
Daniel Dimaría, presidente del Colegio de Ingenieros de Mendoza, explicó que una de las principales causas es la ausencia de intervenciones oportunas. Una pequeña fisura puede convertirse en un pozo profundo cuando el agua se filtra debajo del asfalto y debilita la estructura que sostiene el pavimento.
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“Se hace una ruta y no se la protege más durante mucho tiempo. Aparece un agujerito, el agua se mete abajo, altera la subbase y eso va agrandando el bache”, señaló el especialista al describir cómo se inicia y se extiende el deterioro.
El problema se agrava cuando las precipitaciones vuelven a afectar una calzada que ya presenta daños. Si el bache no se repara de manera adecuada, el agua continúa ingresando, la base pierde resistencia y el paso de los vehículos termina de profundizar la rotura.
Por qué las lluvias agrandan los baches
El asfalto no se deteriora únicamente por el impacto directo de las gotas de lluvia. El principal problema aparece cuando el agua encuentra grietas, juntas o sectores dañados y se filtra hacia las capas inferiores de la calzada.
Cuando la base se humedece y pierde estabilidad, deja de distribuir correctamente el peso de los vehículos. La presión de las ruedas provoca hundimientos, desprendimientos y nuevos pozos que, con el tránsito y las precipitaciones, pueden crecer en poco tiempo.
Dimaría remarcó que la base es uno de los componentes fundamentales de cualquier pavimento. “Si eso se ablanda, se va deteriorando rápidamente”, explicó.
A este proceso se sumó el tránsito pesado. Los camiones, colectivos y otros vehículos de gran porte ejercen cargas que pueden acelerar el desgaste, especialmente cuando la estructura de la calle o ruta ya está debilitada o no recibe el mantenimiento necesario.
Las variaciones de temperatura también influyen en el comportamiento del asfalto. Los cambios térmicos producen dilataciones y contracciones del material, que pueden favorecer la aparición o la expansión de fisuras.
Por eso, las tormentas recientes no necesariamente originan todos los daños, pero sí pueden acelerar el deterioro de superficies que ya presentan problemas estructurales.
Los arreglos provisorios que no resisten
Otro de los puntos señalados por el presidente del Colegio de Ingenieros es la forma en que se realizaron algunas reparaciones. Los arreglos superficiales pueden mejorar temporalmente el estado de la calzada, pero no siempre resuelven el problema que se encuentra debajo del asfalto.
Dimaría cuestionó las intervenciones que se hacen de manera rápida, sin equipos adecuados o sin la compactación necesaria para garantizar la estabilidad del material colocado.
Cuando se tapa un pozo sin recuperar correctamente la base, el agua puede volver a ingresar y las nuevas lluvias terminar desprendiendo el material. Así, una reparación que parecía resuelta vuelve a convertirse en un bache.
El especialista también mencionó un caso detrás de la Terminal de Ómnibus de Mendoza, donde se habían colocado adoquines y los trabajos quedaron inconclusos. Según relató, las precipitaciones arrastraron parte del material instalado recientemente porque el sector no había sido terminado y el agua pudo ingresar.
El ejemplo expone una cuestión central: no alcanza con cubrir el daño visible si no se corrige la causa que lo provoca. El mantenimiento preventivo y las reparaciones ejecutadas correctamente permiten evitar que pequeñas fisuras terminen en roturas de mayor magnitud.
Ruta 7: neumáticos y llantas rotas
Uno de los sectores donde el deterioro de la calzada generó mayores complicaciones fue la Ruta Nacional 7, entre calle Cochabamba y la destilería de Luján de Cuyo.
En ese tramo, los pozos se convirtieron en un riesgo para quienes circulan a diario y para los vehículos que utilizan el corredor para trasladarse hacia distintos puntos de la provincia o continuar viaje hacia Chile.
Conductores que transitaron por la zona reportaron a El Sol numerosos daños en sus vehículos. Las estimaciones difundidas durante el episodio indicaron que al menos 20 automóviles sufrieron roturas de cubiertas, mientras que algunos también registraron daños en las llantas.
La situación se volvió especialmente delicada por la dificultad para anticipar los pozos. Cuando el agua se acumula sobre el pavimento, puede ocultar la profundidad de las roturas y reducir el tiempo de reacción de los conductores.
A esto se sumó el riesgo de intentar esquivar un bache de manera repentina. En una ruta con circulación intensa y vehículos que avanzan en sentido contrario, una maniobra brusca puede provocar una colisión o un siniestro de consecuencias graves.
El problema también puso en discusión la señalización preventiva en el sector. La presencia de una velocidad máxima permitida no elimina el peligro cuando la calzada presenta irregularidades que dificultan mantener una circulación segura.
La apertura del Paso Internacional Cristo Redentor y el incremento del movimiento vehicular durante la jornada también contribuyeron a poner el foco sobre las condiciones de este corredor estratégico.
Comenzaron los trabajos de bacheo
Ante el deterioro registrado entre calle Cochabamba y la destilería, comenzaron las tareas de bacheo definitivo en ese tramo de la Ruta Nacional 7.
Los trabajos se concentran en los sectores más dañados y forman parte de las intervenciones previstas antes de colocar una nueva carpeta asfáltica. Mientras avanzan las cuadrillas y opera la maquinaria sobre la calzada, la circulación permanece reducida, por lo que se recomienda transitar con precaución.
