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Las últimas tormentas pusieron nuevamente bajo la lupa el funcionamiento del sistema aluvional de Mendoza y la planificación de obras destinadas a mitigar los efectos de crecidas intensas. En ese marco, resurge la presa de Chacras de Coria, una obra proyectada hace décadas que apunta a regular los escurrimientos del piedemonte y que hoy demandaría una inversión cercana a los 5 millones de dólares. Si bien desde la Dirección de Hidráulica afirmaron que está en estudio, no está proyectada su ejecución en el corto y mediano plazo.

El proyecto de la presa de Chacras de Coria volvió a quedar en el centro del debate tras las últimas tormentas que pusieron a prueba al sistema aluvional. La obra proyectada en los años 80 fue modificada en diversas oportunidades y en el año 2019, estuvo cerca de licitarse por un monto de 1.000 millones de pesos. Sin embargo, el proceso para la puesta en marcha de la megaobra no avanzó.

La obra es clave para atenuar crecidas, ordenar los escurrimientos y reducir riesgos aguas abajo, aunque desde Hidráulica aclaran que su ejecución aún depende de nuevas evaluaciones técnicas y de prioridades dentro del plan hídrico provincial.

El detalle de un proyecto dormido

Desde la Dirección de Hidráulica aclaran que no se trata de una obra abandonada ni urgente, sino de un proyecto histórico que atraviesa un proceso de reestudio y validación técnica dentro del plan hídrico provincial.

Así lo explicó el ingeniero Pablo Rodríguez, director de Hidráulica, quien recordó que la iniciativa “es un proyecto que tiene más de 40 años” y que surgió con el objetivo de sumar una presa de atenuación a las que ya existen en el piedemonte mendocino.“Es una presa más que vendría a complementar un sistema que ya funciona y funciona bien”, señaló.

El primer anteproyecto fue elaborado a fines de esa década por una consultora privada, aunque nunca llegó a materializarse. Años más tarde, en 2008, la propuesta fue actualizada con nuevos estudios hidrológicos, incorporando registros de lluvias más recientes y reformulando su escala original. “Se hizo una hidrología nueva y se rediseñó una presa mucho más chica que la pensada inicialmente”, explicó Rodríguez.

Ese paquete de obras no incluía solo la presa de Chacras de Coria, sino también ocho intervenciones complementarias, entre ellas, colectores aluvionales y una presa menor conocida como Presa Sosa. No obstante, ninguna de esas iniciativas avanzó en ese momento, ya que el proyecto nunca respondió a una urgencia inmediata, sino a una planificación de largo plazo asociada al crecimiento urbano del piedemonte y a un contexto marcado por el cambio climático.

En los últimos años, la Dirección de Hidráulica priorizó otras obras consideradas más críticas. Un ejemplo es la extensión del colector Blanco Encalada, retomada entre 2019 y 2020. “Era una de las obras más importantes por una cuestión de necesidad y de urgencia”, afirmó Rodríguez. Esa intervención demandó una inversión cercana a los 5.000 millones de pesos y fue inaugurada a fines del año pasado, luego de ser actualizada con modelaciones hidráulicas y tecnología 3D.

En ese contexto, la presa de Chacras de Coria quedó en una etapa distinta. No la hemos dejado de lado, está en un proceso de reingeniería, aclaró el director de Hidráulica. Actualmente se analiza si la obra es necesaria con los parámetros definidos hace más de una década y si su geometría sigue siendo adecuada. El estudio se realiza de manera interdisciplinaria junto al Departamento General de Irrigación y otros operadores del sistema hídrico provincial.

Desde el punto de vista técnico, la presa tendría como función principal actuar como obra de cabecera para los colectores Viamonte y Sosa, controlando y laminando las crecidas que bajan desde la cuenca. “Lo ideal es que toda obra de conducción tenga una obra de cabecera, un dique que controle las aguas”, explicó Rodríguez. Aun así, remarcó que la ausencia de la presa no implica un riesgo inmediato:“El colector Viamonte funciona muy bien; esta obra vendría a mejorar una situación que ya existe”.

Uno de los factores clave para definir los tiempos es el grado de urbanización de la cuenca. Según Rodríguez, la cuenca de Chacras de Coria, asociada al río Tejo, “no está hoy tan urbanizada ni tan impactada como otras cuencas del piedemonte”, a diferencia de zonas como Blanco Encalada o el distrito Vertientes del Pedemonte, donde el avance inmobiliario fue mucho más acelerado.

En cuanto a los costos, el funcionario confirmó que el presupuesto estimado también cambió con el paso del tiempo. “En 2019 se hablaba de unos mil millones de pesos, pero actualizado hoy estamos en el orden de los 5.000 millones”, precisó, lo que equivale a unos cinco millones de dólares. De concretarse, sería una obra de financiamiento íntegramente provincial y con un plazo de ejecución estimado en 18 meses.

Por ahora, la presa de Chacras de Coria seguirá en estudio. Su eventual construcción dependerá de nuevas evaluaciones técnicas, del crecimiento urbano futuro y de la definición de prioridades dentro del plan hídrico provincial, en un escenario donde las tormentas intensas son cada vez más frecuentes y el impacto del cambio climático más evidente.

El día después de la tormenta y el rol de los municipios

Las intensas tormentas que azotaron a Mendoza en los últimos días volvieron a poner en evidencia la vulnerabilidad de algunas zonas de la provincia ante eventos climáticos cada vez más extremos. Calles anegadas, cauces desbordados y colectores trabajando al límite reactivaron el debate sobre la necesidad de reforzar el sistema de control aluvional, en especial en zonas que han experimentado un fuerte crecimiento urbano, pero también entró en discusión el rol de los municipios en la planificación.

El director de Hidráulica, Pablo Rodríguez, subrayó que muchas de las inundaciones que se registran durante tormentas intensas no responden a fallas del sistema aluvional provincial, sino a problemas de escurrimiento pluvial urbano que deben resolver los municipios. “Hay que separar la problemática aluvional de la pluvial urbana, que necesariamente la tienen que trabajar los municipios”, afirmó. En ese sentido, explicó que la Provincia se encarga de los grandes colectores y obras de control de cuencas, mientras que las comunas deben planificar, ejecutar y mantener la red de cunetas, alcantarillas, badenes y canales urbanos, además de definir zonas seguras y ordenar el uso del suelo para reducir riesgos.

Al ser consultado sobre el impacto de la última gran tormenta en Mendoza, el funcionario defendió el desempeño del sistema aluvional. “Desde un punto de vista técnico, el sistema funcionó muy bien; estuvo exigido al máximo y no sufrió daños estructurales”, afirmó. Si bien se registraron afectaciones menores, como caída de barandas o embanques, no hubo fallas graves en los colectores, a diferencia de eventos extremos ocurridos en años anteriores.