La Bandera del Ejército de los Andes tiene todo: estirpe, tradición, historia, gloria, leyenda e interrogantes no develados del cómo se confeccionó. Durante años, la tradición y la historia oficial atribuyeron la iniciativa y el bordado del pabellón a Dolores Prats de Huisi, Laureana Ferrari de Olazábal, María de los Remedios Escalada de San Martín, Mercedes Álvarez de Segura y Margarita Corvalán. Esa versión, que adquirió una aceptación casi mágica por todos los que abordaron el tema, es la de Laureana Ferrari.

La esposa del coronel Manuel de Olazábal dio vida al relato en 1856, cuarenta años después de la confección de la Bandera. Pero su manuscrito permaneció ignorado durante 77 años. Recién se conoció en octubre de 1933. El profesor Esteban Fontana –quien ha investigado y publicado varios artículos sobre la Bandera de los Andes– advierte: “Al momento de bordarse, Laureanita tenía trece años”. En su relato, asume el principal papel del acontecimiento. La idea nació de San Martín estando en su casa; ella acompañó a Remedios a comprar el género, la Bandera se bordó en su residencia y, luego de cuatro días con sus noches –esfuerzo que la enfermó–, “pudieron terminarla”.

La historia de los protagonistas que intervinieron en su creación no concluye con el testimonio de Laureanita. Espejo, en 1882, en El paso de los Andes, dice que las damas que compartieron la gloria de confeccionarla son Dolores Prats de Huisi, Mercedes Álvarez, Margarita Corvalán y Laureana Ferrari y “algunas otras, cuyos nombres sentimos no recordar para consignarlas”. Espejo no conocía la existencia del escrito de Ferrari de Olazábal. Como dato curioso, no incluye en la nómina a la esposa de San Martín.

MARGARITA CORVALÁN. Fontana sostiene que “para sorpresa de los historiadores, en julio de 1963, un señor llamado Manuel Antúnez entregó al Archivo Histórico de Mendoza una nueva versión acerca de cómo se confeccionó, la de Gregorio Puebla”. Se apaga el protagonismo de Laureana Ferrari de Olazábal y aparecen el de Margarita Corvalán y las monjas del Monasterio de la Buena Enseñanza. Al analizar el informe de Puebla, que está dirigido al gobernador Videla Castillo –7 de febrero de 1830–, surgen algunas coincidencias y muchas diferencias y novedades:

• A los nombres conocidos de las Patricias que participaron en la iniciativa, agrega: Narcisa Santander y Manuela Corvalán de Segura y tres monjas del Monasterio de la Buena Enseñanza –antiguo nombre de la Compañía de María– las RM María de las Nieves Godoy, Andrea de los Dolores Espínola y María del Carmen del Niño Dios y Correas.

• Fija como fecha de la iniciativa agosto de 1816, y como escenario, el solar de la familia Corvalán Sotomayor. La idea de ofrecerla fue de Narcisa Santander. La confección se inició en setiembre y terminó en diciembre. La tela se compró en el Cariño Botao.

• La Bandera no lleva dos franjas celestes y una blanca, como lo había estipulado el Congreso de Tucumán. Tiene una franja azul y otra blanca, sencillamente, porque “no había suficiente sarga azul”.

• Menciona qué joyas donaron las damas y el destino que tuvieron para embellecer la Bandera. Nada queda sin precisar. Indica las dimensiones, el costo –140 pesos fuertes sin brillantes y piedras preciosas– y las fechas de las ceremonias de bendición. Al evaluar los manuscritos de Olazábal y Puebla existen fragmentos verosímiles y también abundan los polémicos.

CARTA EXTRAVIADA DE SAN MARTÍN. ¿Las religiosas participaron en la confección de la Bandera? Una posible luz estaba en una carta que se perdió por 1828-29. Se afirma que San Martín escribió que las monjas tienen “el privilegio de haber bordado la Bandera de la Patria”. El profesor Fontana encontró, mientras investigaba el tren en Mendoza, en el diario local El Ferrocarril, del 3 de diciembre del 1889, una nota que aporta claridad al papel de las monjas: “En los heroicos tiempos de la Independencia, cuando el genio de la guerra, San Martín, adiestraba las huestes que se preparaban a trepar los Andes, le cupo al monasterio la honra de confeccionar la gloriosa Bandera que se paseó triunfante en Chile y Perú, y que, como sagrada reliquia, se guarda en la Casa de Gobierno de esta ciudad”. Quizás el periodista tuvo ante sí la misiva del Padre de la Patria. Esta aseveración nunca fue refutada por la sociedad mendocina o descendientes de las Patricias.

ºHoy, a las 15, la Bandera tendrá su sitial de honor en el Memorial, en la explanada de la Casa de Gobierno de Mendoza. Aciento noventa y cinco años de aquella mañana muy particular para la Mendoza aldeana donde San Martín la presentó a sus soldados y pidió juramento de fidelidad –el 5 de enero de 1817– no existe una verdad absoluta, documentada, fiel, del cómo se confeccionó. Hay interrogantes aún sin respuestas, pero nadie duda de que sea el símbolo de la epopeya que con más elocuencia probó la fortaleza y el valor heroico de los mendocinos. Ella une todos los tiempos, lleva en su alma la libertad