Cada 2 de junio se conmemora en Argentina el Día Nacional del Bombero Voluntario, una fecha que reconoce la labor de miles de hombres y mujeres que integran uno de los sistemas de emergencia más importantes del país. Detrás de cada salida, sin embargo, existe una realidad poco visible: sostener un cuartel operativo requiere una inversión millonaria y una búsqueda constante de recursos.

Según datos relevados a nivel nacional, mantener un cuartel de bomberos voluntarios puede demandar cerca de $10 millones mensuales entre combustible, mantenimiento de móviles, seguros, equipamiento, servicios básicos y personal de apoyo.

Credit: Ariela Sanchez

En el caso del cuartel de Godoy Cruz, uno de los pocos de Mendoza que mantiene guardias permanentes las 24 horas, el desafío económico es permanente. La institución debe garantizar la operatividad de sus móviles, renovar equipamiento y sostener la infraestructura necesaria para responder ante emergencias durante todo el año.

En el cuartel mendocino, esa realidad se vive todos los días. La institución cuenta con 37 integrantes activos que se organizan para garantizar la respuesta ante cualquier emergencia.

Además, dispone de habitaciones, baños y espacios acondicionados para que los voluntarios puedan permanecer en el cuartel durante las noches y responder de manera inmediata cuando se activa una alarma.

En diálogo con El Sol, Fernando Sáez, jefe del cuerpo activo, explicó que una de las mayores dificultades es asegurar el funcionamiento cotidiano sin interrumpir el servicio.

“Acá no le podés decir a la comunidad que no podés salir porque no llegás con los fondos necesarios. Gracias a Dios, mes tras mes logramos el cometido”, señaló.

Para sostener la actividad, los bomberos recurren a distintas estrategias. En algunos casos realizan capacitaciones para empresas y, en lugar de recibir dinero, acuerdan intercambios por combustible o insumos necesarios para el trabajo diario.

“Estamos capacitando a muchas empresas y realizamos convenios donde no manejamos efectivo. Pedimos combustible o elementos necesarios como guantes, equipos de protección personal y otros insumos”, detalló.

Cómo se financia el cuartel

A diferencia de otras instituciones, el cuartel recibe un aporte directo de la municipalidad asignándoles un conductor para los móviles de emergencia, lo que permite que los bomberos voluntarios se concentren en las guardias y las intervenciones.

Otros recursos se obtienen a través del trabajo de la comisión directiva, colaboraciones de particulares, empresas y los fondos que anualmente distribuye el Sistema Nacional de Bomberos Voluntarios.

“La comisión directiva es la que administra los fondos y genera los distintos recursos para afrontar todas las necesidades que tiene la institución”, explicó Sáez.

A comienzos de este año, el Gobierno nacional estableció mediante la Resolución 91/2026 la distribución de recursos destinados al fortalecimiento del Sistema Nacional de Bomberos Voluntarios. Los fondos tienen como objetivo financiar equipamiento, indumentaria, materiales, capacitación y mantenimiento de las instituciones que integran la red de bomberos voluntarios del país.

Equipos que cuestan miles de dólares

Uno de los gastos más importantes es la renovación del equipamiento de protección personal. De acuerdo con el jefe del cuartel, un equipo completo para incendios estructurales, integrado por botas, chaquetón, casco y guantes, ronda actualmente los 2.500 dólares.

Además del valor económico, estos elementos poseen una vida útil limitada. Las normas de seguridad establecen que deben reemplazarse cada diez años para garantizar la protección de los bomberos durante las intervenciones.

“Hay instituciones que los utilizan durante quince o dieciocho años porque no tienen recursos para renovarlos cuando corresponde”, indicó.

A esto se suman otros gastos vinculados a la seguridad operativa. Los cilindros de respiración autónoma que utilizan los bomberos durante los incendios deben someterse a pruebas hidráulicas cada cinco años.

“Tenemos cerca de 40 cilindros que periódicamente deben pasar por esos controles y eso también implica un costo importante”, sostuvo.

El combustible, otro desafío permanente

El mantenimiento de los móviles y el consumo de combustible representan otro de los principales desafíos para las asociaciones de bomberos voluntarios.

En el cuartel consultado, el consumo mensual oscila entre 850 y 1.000 litros en épocas normales. Sin embargo, durante la temporada de viento Zonda y los incendios forestales la cifra aumenta considerablemente.

“En la época estival y durante los incendios forestales podemos llegar a consumir entre 1.200 y 1.400 litros mensuales. Es bastante complejo”, afirmó Sáez.

Los costos también crecen por el desgaste de las unidades, el uso intensivo de lubricantes y las tareas de mantenimiento necesarias para mantener los vehículos en condiciones de servicio.

Una historia de vocación y compromiso

La historia de los bomberos voluntarios en Argentina comenzó el 2 de junio de 1884, cuando un incendio en el barrio porteño de La Boca movilizó a vecinos liderados por Tomás Liberti y su hijo. Aquella acción solidaria derivó en la creación del primer cuartel del país.

Actualmente, más de 66 mil bomberas y bomberos voluntarios prestan servicio en el 80% del territorio nacional y brindan cobertura a más de 46 millones de argentinos.

Para Sáez, el motor que sostiene el sistema sigue siendo el mismo que hace 142 años: la vocación de servicio.

“Muchos consideran que estamos fuera de nuestros cabales por hacer un trabajo tan sacrificado sin recibir una remuneración económica. Pero nosotros estamos convencidos de que esto tiene que ser voluntario. Nadie te obliga a ingresar, pero una vez que estás dentro el compromiso hay que demostrarlo en cada salida y en cada emergencia”, concluyó.