El embajador Jorge Faurie, junto al funcionario mendocino José María Videla Sáenz, en la aduana argentina.

Un camión que transporta carga con destino a los puertos del Pacífico puede pasar alrededor de una hora y media en el control integrado de Uspallata. Eso, claro, si tiene suerte. Si no la tiene, por una serie de circunstancias, puede llegar a esperar unas 12 horas. Un automóvil en el que viajan particulares hacia Chile puede hasta sortear en dos horas la aduana de ese país, pero se reduce a apenas 30 minutos en el lado argentino.

Estos inconvenientes y contrastes fueron los que el embajador argentino en Santiago, Jorge Faurie, contempló en primera persona en su recorrido por todos los puntos aduaneros en el paso a Chile. La misión era tomar conocimiento de los problemas administrativos, de recursos, de infraestructura y hasta del estado de la ruta 7, que suponen un escollo en el Sistema Integrado Cristo Redentor tanto para el transporte de cargas como para los particulares.

Faurie llegó el jueves a Mendoza y mantuvo reuniones con empresarios de las cámaras mendocinas. Por la noche, cenó con su par trasandino, Antonio Viera Gallo, que representa los intereses de Chile en Buenos Aires. La cena fue en la residencia oficial de La Puntilla y el anfitrión fue el gobernador Alfredo Cornejo.

Ambos diplomáticos llegaron a Mendoza con el objetivo de agilizar el principal paso fronterizo entre ambos países. Pero mientras Viera Gallo envió a representantes, Faurie se tomó el trabajo de confirmar por qué este viaje que atraviesa la cordillera puede resultar un vía crucis.

Según destacaron, Faurie tomó nota y le hizo cuestionamientos a todos, incluidos, los funcionarios que responden al ministro Guillermo Francos. Tuvo cruces con Ricardo Botana, el funcionario a cargo de los pasos fronterizos; con Justo José Báscolo, el coordinador del paso a Chile y hasta con el responsable de Vialidad Nacional por el mal estado de la ruta 7. Los organismos que menos críticas recibieron, según precisaron, fueron Aduana y Migraciones.

Faurie tomó nota y se comprometió a informar sobre todo a la canciller Diana Mondino y al presidente Javier Milei.

En las reuniones quedó flotando la posibilidad de que el Gobierno nacional coloque peajes en la ruta internacional, pero no hubo ninguna confirmación oficial por ahora.

Lo único concreto es que la Provincia le solicitó al gobierno de Chile que deje de pedir el formulario de vehículos que exige Chile para ingresar, como una forma de reducir los trámites y agilizar el tránsito. Argentina ya no lo requiere hace meses. Aparentemente, ya tendría el visto bueno del gobierno de Gabriel Boric, que dejaría de lado ese requisito en los próximos meses. En términos gráficos, son unos 15 minutos menos de espera en la aduana chilena.

Los atrasos que viven los camioneros en Uspallata

El viernes, una comitiva binacional se lanzó a la ruta 7 y la primera parada obligatoria fue el Área de Control Integrado (ACI) de Uspallata. En ese control ubicado a la salida de la villa cordillerana sólo ingresan los camioneros para cumplimentar con los requerimientos de diversos organismos. Pero si bien estos son integrados, la cuestión es que se duplican: cada unidad debe atravesar el control de Gendarmería, Migraciones, Senasa, aduana argentina y, posteriormente, los organismos chilenos.

En el ACI, los tiempos son relativos. En el mejor de los casos, un camión puede estar entre una hora y veinte minutos a dos horas y media si todos los requisitos de la inspección están a su disposición. Entre ellos, el escáner y el perro que olfatea el interior de las unidades. Pero si el perro no está, hay que esperar, porque el animal adiestrado para la lucha contra el narcotráfico también cumple funciones en Horcones. El can tiene que ser trasladado y cuando llega la inspección tampoco es inmediata. El perro tiene que cumplirse con el descanso obligatorio para que no se estrese.

No es el único problema que detalló Ricardo Squartini, titular de Aprocam, que participó de la comitiva. Faurie estuvo alrededor de dos horas y media en Uspallata y hasta notó que el personal del Senasa empieza a trabajar a partir de las 10 y sólo revisa la carga con la luz solar. Desde el sentido común, Faurie les preguntó por qué no extienden esa revisión -cumplen funciones las 24 horas- con reflectores. No hubo respuesta.

En concreto, esa hora y media o dos que podía estar un transportista en el ACI puede llegar a extenderse de un día a otro, en ciertas condiciones adversas

Horcones: falta de carteles y condiciones edilicias

En su siguiente stop, Faurie observó la complicación vial que es ingresar al complejo aduanero argentino. En principio, porque hay que cruzar la ruta y faltan carteles de señalización. El diplomático también contempló las condiciones en las que vive y descansa el personal argentino y chileno que cumple funciones en el edificio del complejo Ingeniero Roque Carranza.Quedó muy impresionado“, remarcó Squartini.

Al menos, el embajador pudo observar que avanzaron con las obras de mantenimiento y mejora de los baños de Horcones, uno de los problemas más señalados para quienes cruzan y requieren de esa infraestructura de servicios.

“Lo vimos muy comprometido“, aseguró el empresario que preside la asociación de transportistas mendocinos.

Libertadores: la espera, en primera persona

Faurie viajó en el auto oficial de la embajada, pero durante el recorrido lo hizo acompañado por un funcionario del Gobierno de Mendoza, el subsecretario de Relaciones Institucionales, José María Videla Sáenz, del Ministerio de Gobierno. En otros vehículos iban el cónsul chileno en Mendoza, David Quiroga Hinojosa, y la número dos de la sede diplomática en Buenos Aires, Francisca Montealegre.

En Libertadores, Faurie decidió experimentar en carne propia el tiempo de demora para hacer los trámites. Si bien lo llamaron para recorrer las instalaciones del moderno edificio que contrasta marcadamente con el de Horcones, el diplomático notó precisamente el atraso que conllevan los trámites en Chile.

Este es el cuestionamiento central de las autoridades argentinas a sus pares trasandinas. En momentos pico, como los feriados turísticos, la espera suele ser de cuatro horas, principalmente, por la rigurosidad del Servicio Agrícola Ganadero (SAG), el organismo de control de plagas.

En esa instancia, Faurie destacó la infraestructura del complejo chileno pero, como lo hizo ya en Mendoza en enero, volvió a hacer hincapié en lo lento que es el proceso para hacer el ingreso formal al vecino país. Más palpable: cuando volvió, su vehículo todavía no pasaba la totalidad de los filtros. Y no era un día de tránsito ajetreado por el corredor.