La práctica del “longboard” atrae cada vez a más mendocinos que se animan a practicar este deporte de origen norteamericano. Sin embargo, para quienes comenzaron con el desarrollo de la actividad en la provincia, no se trata sólo de una situación meramente recreativa, ya que lo toman como un estilo de vida. Incluso, si se analizan los códigos que manejan los jóvenes que se reúnen en La Vizcachera del Parque General San Martín o en el Cerro La Gloria, no sería exagerado afirmar que una nueva subcultura se está desarrollando en Mendoza.
Básicamente, la actividad consiste en desplazarse con la ayuda de una tabla similar a un skate, pero con distintas dimensiones. La mayoría de los “longboard” miden entre 100 y 150 centímetros de largo y entre 22 y 25 centímetros de ancho. Además, las tablas tienen diversas formas como “pintail”, “flat nose”, “drop through” y “drop deck” que son utilizadas con diferentes objetivos. Las “pintails”, por ejemplo, tienen la cola angosta, lo que permite utilizar ruedas más grandes y ejes más anchos, otorgándole al “boarder” un manejo similar al del surf.
Popularizado a mediados de los años 50 en California, Estados Unidos, el “longboard” llegó a nuestra provincia hace unos 4 años y, a partir de allí, comenzó a crecer de manera desmesurada. “Al principio éramos diez; a los 5 meses ya éramos treinta y ahora hay gente que ni siquiera conozco”, afirma Fili Gómez, uno de los jóvenes que accedió a hablar con El Sol Online sobre el nuevo fenómeno.
En este sentido, el deporte ha conseguido tantos adeptos en Mendoza que, incluso, existen grupos en Facebook –La Vizcachera longboard– que ya superaron los 1.300 miembros.
La expansión del deporte en la provincia ha sido tal que hasta existen empresas dedicadas a la fabricación de tablas. Es el caso de Wamboo, una firma que ya lleva algunos años en el mercado y ofrece sus productos en varias provincias argentinas. En Mendoza, por ejemplo, se pueden comprar tablas locales en Maxi.
“Hay tablas que se fabrican acá y están buenísimas”, sostiene Lucas, un joven de 30 años que se estusiasmó con la actividad hace unos meses. “Van desde los 400 pestos hasta los 2 mil pesos”, explicó, en relación a la suma que hay que desembolsar para comprar un “longboard”.
No obstante, para los jóvenes que ya llevan un buen tiempo en el ambiente, la práctica de este deporte no queda sólo en lo recreativo, sino que lo toman como una manera de socializar y compartir con los demás. Por este motivo, cada fin de semana se puede ver cómo cientos de jóvenes llegan hasta La Vizcachera del Parque General San Martín o hasta el Cerro La Gloria para patinar.
Reunidos en diversos grupos, los miembros de la comunidad llegan masivamente desde temprano para divertirse o entrenar. En este sentido, la forma de saludarse, de vestirse o de hablar, da cuenta de una subcultura que tiene sus propios códigos. No es extraño escuchar la frase “vamos a hacer un Glory”, en referencia a la posibilidad de ir a practicar “longboard” al cerro donde se encuentra el monumento al Libertador de América. “Podríamos ir a la callecita piola”, es otra de las formas que los jóvenes tienen para llamar a la ruta aledaña al teatro griego Frank Romero Day, uno de los puntos donde se reúnen para practicar la actividad.
Los problemas con el tránsito
La llegada de todo fenómeno que se vuelve masivo siempre trae sus consecuencias. En este sentido, la situación del “longboard” con respecto a su relación con otros medios de transporte no es un tema menor. Desde que la actividad comenzó a ser furor en Mendoza, las voces de los automovilistas que conducen por el Cerro la Gloria o La Vizcachera no se hicieron esperar. Sobre esto, la posición de los jóvenes es bastante clara, necesitan un espacio propio.
“Sentimos que los autos no nos respetan como lo hacen las bicicletas o las motos”, afirma Fili Gómez, que sostiene que “los conductores creen que somos delincuentes”.
La crítica a los automovilistas es otro de los aspectos que los “longboarders” utilizan para explicar la necesidad de tener pistas propias para la práctica de la novedosa actividad. “La gente sube al cerro pasando autos por la derecha, no son prudentes en las curvas”, dice Federico Vargas, otro de los chicos que está en este ambiente. Además, estos deportistas sostienen que “muchos de los que se quejan circulan a 60 kilómetros por hora en el Parque”.
Por otra parte, la necesidad de conseguir nuevos lugares para “pistear” determinó que los referentes del deporte en Mendoza decidieran crear una asociación para conseguir que las autoridades tomen seriamente el desarrollo de esta actividad en Mendoza. “Hay muchos chicos que necesitan entrenar porque compiten y nadie entiende eso”, afirma Fili Gómez, que comenta que el desarrollo de la organización “está cada vez más avanzado”.
Además, con el objetivo de incrementar el profesionalismo y el número de adeptos en la provincia, la comunidad realizará el 1 y 2 de septiembre un torneo en la zona de El Challao.
Por qué practicar “longboard”
Según sus referentes, la novedosa actividad no sólo permite sentir “una adrenalina indescriptible”, sino que puede ser practicada por cualquier persona que lo haga responsablemente. “Antes de hacer “longboard” jugaba al rugby, así que no creo que se trate de si venís o no del mundo del skate”, afirma Gómez, quien advierte que “una de las cosas más importantes es comprarse las protecciones”.
La necesidad de ser conscientes sobre los peligros que se corren es uno de los temas que los jóvenes priorizan. “Hay muchos chicos que recién empiezan y creen que están para lanzarse en el Cerro La Gloria y, por ahí, tendrían que entender que, si no sabés, tenes que empezar por otras pistas”, sugiere Federico Vargas, que afirma que La Vizcachera es un buen lugar para aprender.
