A pesar de tener un vínculo estrecho con el empresario Rafael Garfunkel, Walter Bento actuó como titular del Juzgado Federal 1 de Mendoza en causas que tuvieron al propietario de KLP –dueño del hotel casino Cóndor de Los Andes– involucrado. Y más allá del resultado de sus decisiones –falló a favor-, su accionar habría ido en contra de lo que establecen algunas de las causales de inhibición establecidas en el artículo 55 del Código Procesal Penal de la Nación:
- Si tuviere amistad íntima, o enemistad manifiesta con alguno de los interesados.
- Si él, su cónyuge, padres o hijos, u otras personas que vivan a su cargo, hubieren recibido o recibieren beneficios de importancia de alguno de los interesados; o si después de iniciado el proceso, él hubiere recibido presentes o dádivas, aunque sean de poco valor.
Los dos puntos remiten al año 2008, cuando Bento abordó junto con su esposa Marta Boiza un avión privado para ir a ver un recital a Punta del Este. Para esa época, Mendoza era epicentro de una guerra abierta entre diferentes operadores de casinos y propietarios de hoteles. Fueron meses de intensas negociaciones entre privados y el gobierno mendocino; denuncias cruzadas, interpretaciones de decretos y leyes, e intercambio de favores. Las causas saltaban de la Justicia Federal a la Provincial. En ese contexto, el magistrado se subió a una aeronave por invitación de Garfunkel, uno de los protagonistas de la batalla por el control del juego.
El nexo entre Bento y Garfunkel llegó de la mano del abogado Raúl López, quien era el hombre fuerte de KLP en Mendoza y cuya amistad con el juez también es compartida por sus hijos. Formaron parte de un círculo rojo en la provincia que manejaba sus propios códigos a la hora establecer reuniones y que cada tanto coincidía en festejos de cumpleaños.
López, que también formó parte del pasaje de aquel vuelo en cuestión, los presentó. Luego, la relación tomó su propio camino. Incluso, Garfunkel habilitó al juez para que pudiera acceder a un rabino llegado de Estados Unidos para que tanto él como su esposa y uno de los sus hijos recibieran una bendición. Ese encuentro ocurrió en Mendoza, en un hotel céntrico.
Nada de eso le hizo ruido al juez cuando la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) presentó una denuncia en contra del empresario por “apropiación indebida de recursos de la seguridad social”. Según la denuncia original, la firma KLP Emprendimientos se quedó con los aportes de los trabajadores de 15 meses entre los años 2011 y 2013, y solicitó que se lo acuse por haber violado la Ley de Delitos Tributarios. La maniobra, originalmente, comprendía una suma superior a los seis millones de pesos, equivalente a más de un millón de dólares según la cotización del momento.
Para Bento, Garfunkel ya no era un desconocido. Aun así, lejos de excusarse y apartarse del expediente, tomó el caso y en 2019 no hizo lugar al pedido de la AFIP. Un año más tarde, y a partir de la apelación hecha por el organismo recaudador, la Cámara Federal de Mendoza dio vuelta el fallo, revocó lo resuelto por Bento y estableció que la causa vuelva al juzgado para “integrar la presente etapa de instrucción en debida forma”. Posteriormente, Garfunkel fue imputado.
Dentro del paquete de conductas por las cuales se establece que Bento tuvo mal desempeño, el Consejo de la Magistratura tuvo en cuenta un caso en que el juez actuó como tal y cuyos implicados eran amigos de su familia. De hecho, los mensajes de texto obtenidos mediante pericias de un viejo celular de Boiza confirmó la cercanía que existía.
Misteriosamente, el fallo de la Cámara (expediente FMZ 8122/2016/1/CA1) no aparece en ninguna investigación en contra de Bento, ni en la causa penal por la que se lo juzga como presunto jefe de una asociación ilícita dedicada al cobro de coimas ni en la acusación que recibió en la Consejo de la Magistratura y por la cual fue suspendido y actualmente sometido a juicio político.
Es un expediente que había logrado saltar el cerco de sospechas contra Bento hasta que el ex juez Alfredo Manuel Rodríguez abrió esa discusión sin querer. Su relato en el Jury de Enjuiciamiento, supuestamente a favor de Bento, con detalles de aquel viaje a Uruguay para ir a ver a Luis Miguel del que también participó, fue un sacudón en los archivos judiciales. Y refrescó la memoria de más de uno.
