Para decirlo en términos del diccionario, “vulnerabilidad” es la incapacidad de resistencia de un ser vivo cuando se presenta un fenómeno amenazante. Se podría aplicar a cualquier especie de las que pueblan la tierra, sólo que si se trata de un niño y si la vulnerabilidad se traduce en la falta de oportunidades para crecer y desarrollarse evitando los peligros de ser abandonado, de habitar la calle, de mendigar, de vivir en la indigencia y de padecer las consecuencias de un hogar violento, la palabra vulnerabilidad adquiere otro sentido.
En esta situación el Estado reconoce en Mendoza a más de diez mil niños. Así lo confirmó el director de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (Dinaf), David Funes. Sin embargo, la cifra mencionada no es la del total de los chicos en esta situación que existen en la provincia, número que, según el mismo funcionario, es muy difícil de estimar.
CHICOS EN RIESGO. David Funes explicó cuál es el perfil de los niños a los que el Estado protege. En primer lugar, advirtió que de los diez mil niños que se encuentran en situación de vulnerabilidad, 40 por ciento tiene entre 45 días y cinco años, componiendo los Centros de Desarrollo Infantil y Familiar (CDIF). En estos jardines maternales, explicó Funes, las docentes estimulan a los niños cuyas madres deben salir a trabajar, según la zona, en diferentes actividades: algunas son empleadas domésticas (Capital) y otras trabajan en la cosecha o en la feria (en Guaymallén o Las Heras).
Dentro de los seis mil restantes, un gran porcentaje se encuentra bajo la protección de familias cuidadoras, mientras que 500 componen los programas de fortalecimiento familiar, planes cortos con los cuales se intenta ayudar a las familias con un aporte económico cuando se detectan problemáticas graves, por ejemplo, que el chico no es enviado a la escuela por falta de dinero, que la madre es el único sostén del hogar por fallecimiento del padre y no cuenta con otra ayuda monetaria o que uno de los progenitores se enferme y no pueda salir a trabajar y el otro esté desocupado.
DIFÍCIL ABORDAJE. Funes explicó, por otra parte, que los abordajes de casos de desprotección infantil muchas veces no llegan a la Dinaf porque los atienden en los distintos departamentos. Destacó la labor de Guaymallén, que hace años trabaja con chicos en riesgo social, por lo que posee una amplia experiencia en el manejo de estos problemas.
Sin embargo, hay comunas, como la de Las Heras, en las que los bolsones de pobreza están diseminados en varias zonas, lo que dificulta la cobertura. Además, el área de protección del menor es relativamente nueva y no tiene demasiada experiencia en estos conflictos. Distinto es el caso de Capital, donde los barrios vulnerables se encuentran más concentrados, y lo mismo ocurre en Godoy Cruz. Esto facilita la organización de la asistencia social.
