Metódicamente, Susana Vía visita la tumba de su mamá en el cementerio de la Ciudad de Mendoza para llevarle flores, pero el último Día de la Madre descubrió que su descanso eterno había sido alterado.

Encontró que el sepulcro y el de otros muertos habían sido vandalizados y robados. No solo habían sustraído placas, crucifijos y floreros, también destruido las cubiertas de mármol y cerámicas.

La sustracción de ornamentos de bronce de las tumbas de la necrópolis capitalina es un problema que parece no tener fin y no escapa a lo que sucede desde hace tiempo en otros departamentos, a causa de este metal que es vendido en el mercado ilegal.

“Me dio tanta bronca. Esta no es la primera vez que pasa”, indicó la mujer, de 75 años, quien manifestó su indignación por las profanaciones y expresó la angustia que genera ver que “faltan, incluso, hasta las fotos de los familiares queridos porque al marco le vieron algún valor”.

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Su madre, Sofía Gardella, falleció en 1999, pero desde que era pequeña recorre el cementerio, ubicado en calle San Martín al 1100, Las Heras, porque su padre enviudó a los 25 años de su primera esposa, hija de un ex gobernador de Mendoza.

“Así como ahora hago con mi mamá, mi papá nos llevaba a llevarle flores a su nicho. Lo extraño es que hace cuatro meses comencé a buscar su tumba y no la encontré. Alarmada me dirigí a la administración y me dijeron que un sobrino había firmado los papeles, la había sacado porque había decidido cremarla. Durante años nunca apareció nadie y surge esto. Yo no sé si están haciendo negocios con los muertos”, dudó Viviana.

En este sentido, especificó que paga a la comuna el canon semestral por el derecho de cementerio, unos 500 pesos. Si bien especificó que “no es mucho”, debería servir para tener el lugar en condiciones o con seguridad.

Está cada vez más venido a menos”, consideró y aclaró que si bien a ella le prometieron reponerle una vez más los floreros faltantes, se interrogó sobre el futuro del resto de los sepulcros. 

“Me recibió José Curia, director del Cementerio, y me dijo que no pueden tocar el resto de las tumbas si no se quejaban los dueños”, se quejó. 

Un problema sin fin

Consultado por El Sol, José Curia afirmó que fueron repuestos los faltantes en la tumba de Gardella y se lamentó de los hechos de inseguridad al asegurar que entiende la angustia que genera ver el espacio destinado a un ser querido destruido por delincuentes.

“La Municipalidad hizo en su momento un fuerte gasto para la colocación de cámaras de seguridad que están conectadas con el sistema de ‘Ojos en alerta’. Ante cualquier situación sospechosa, le dan aviso a los preventores. Sumado a esto, tenemos un cuerpo de preventeros, entr dos y tres por turno que recorren el cementerio”, dijo.

Y aclaró que el lugar tiene 17 hectáreas y media y, a veces, ocurren actos de vandalismo. “Cuando los hemos agarrado infraganti se les hace la causa penal”, refirió.

El funcionario precisó que cuando se encuentran chapas con nombre y apellido se le da aviso a los deudos y de las reparaciones se encarga el personal de la necrópolis.

No se actúa de oficio, salvo con cuestiones menores, como cuando damos con una placa que tiene el nombre, pero cuando se rompe una lápida o el daño es mayor, se tiene generar un proceso tras la instancia o el reclamo del propietario”, dijo.

Curia especificó que cada vez menos gente visita a sus fallecidos y que los reclamos aumentan en fechas especiales como Día de la Madre, Día de Muertos o para fin de año cuando aumenta la concurrencia.

Para finalizar, el director de la necrópolis explicó que entiende el malestar que generan estas situaciones: “No se trata de lo material, sino del afecto. Es como que te están dañando el sentimiento”.