Cargando lo indispensable en un par de alforjas, Darius Braun espera que el viento sople a favor para iniciar su viaje. El alemán, que tiene como meta recorrer más de 20 mil kilómetros por la ruta Panamericana, llegó a Mendoza en su bicicleta, para continuar hacia la Patagonia.
“He aprendido a agradecer mucho más las pequeñas cosas de la vida, a no darlo todo por sentado y a apreciar. Como salgo de mi zona de confort casi todos los días, veo lo bien que nos va a diario y lo rápido que nos acomodamos”, contó el joven a El Sol, que por jornada pedalea unos 100 kilómetros.
Darius tiene 33 años y es profesor de Geografía, Historia y Tecnología de Secundaria. Cuando tenía 15 años lo operaron de un tumor cerebral y durante más de 10 años luchó por volver a llevar una vida normal, ya que después de la cirugía quedó paralizado del lado izquierdo.
“Desde niño me fascinaba la Panamericana. La vi en un documental y siempre quise hacerla”, comentó el alemán, quien en 1 de agosto de 2022,desde Calgary, Canadá, inició su travesía para recorrer América.

Como ex paciente de un tumor cerebral quiere demostrar que es importante no rendirse y que no hay límites. Con su gira quiere llamar la atención para crear conciencia sobre la enfermedad y animar a hacer donaciones a la organización German Brain Tumour Aid.
“Hoy estoy cumpliendo un sueño largamente esperado que habría sido completamente imposible durante mucho tiempo”, contó.
Si bien quería comenzar su gira en 2020, por la pandemia de coronavirus no pudo hacerlo y decidió darle la vuelta a Alemania, unos 2.500 kilómetros.

La vida en bicicleta
Para viajar, Darius no requiere demasiado. “Llevo mi equipo de acampada, la ropa más necesaria, imprescindible para todos los climas, desde el ártico hasta el tropical y el desértico. Además de cocina de camping, filtro de agua, cámaras y Gopro, entre otras cosas”, enumeró.
“He aprendido que somos responsables de nuestros propios sentimientos y que podemos influir en ellos. Y que la mayoría de los límites solo los ponemos nosotros mismos”, afirmó.
Y agregó: “También he aprendido a dividir en proyecto en pequeñas partes, así que cada día, pieza a pieza, me acerco un poco más a mi objetivo. Si al principio hubiera imaginado que iba a estar en la carretera durante un año y medio y recorriendo 21.000 kilómetros, probablemente no me habría creído capaz de hacerlo”.

Luego de Mendoza, la próxima etapa es hacia Bariloche, unos 1.300 kilómetros.
“El viento extremo de la Patagonia pueda ralentizarme bastante y destruir mi tienda, etc. Espero que sople en la dirección correcta, de norte a sur, y me haga ir más rápido. El Sur es bastante solitario, no hay casa en 400 kilómetros. Nada de nada. Tengo que planificar bien y esperar a encontrar agua una y otra vez”, sostuvo.
En los últimos 11 meses, luego de pisar suelo mexicano, comenzó a aprender español. Se vio obligado al trasladarse solo y ante la imposibilidad de comunicarse en su idioma.
Así, con un dominio del español más fluido, su paso por la provincia fue más fácil. “He descubierto muchos lugares hermosos: el Cerro de la Gloria, la plaza Independencia, la cordillera de los Andes. Pero, lo más importante, he conocido gente muy cariñosa, muy servicial y nuevos amigos”, concluyó.
