Todo comenzó con la Primavera Árabe, especialmente en Egipto. El simbolismo de la plaza Tahrir, llena de ciudadanos, reclamando pacíficamente su libertad, sus derechos como personas, como antes habían hecho los tunecinos, prendió una mecha que llegó hasta Europa. 

EL 15-M NACE EN ABRIL. El 7 de abril del 2011, movida por la experiencia árabe, y siguiendo los pasos de los jóvenes portugueses que se habían manifestado contra la intervención de la Unión Europea sobre su país días antes, la organización Juventud Sin Futuro salió a la calle. 

Reunió a más de cinco mil personas, movilizadas por los primeros recortes de derechos sociales: aumento de la edad de jubilación, precarización del mercado laboral, amenazas privatizadoras sobre los servicios públicos, sumadas a una crisis en el modelo democrático, que no respondía a las demandas de la sociedad.

Jaime Pastor, sociólogo y doctor en Ciencias Políticas, corrobora las motivaciones: “Creo que el 15- M ha aparecido como catalizador de la indignación creciente que se estaba acumulando en amplias capas de la población frente a las políticas, consideradas injustas, para salir de la crisis”.

 Así, con este precedente, la manifestación del 15 de mayo –convocada conjuntamente por Democracia Real Ya! y Juventud Sin Futuro– fue un rotundo éxito: miles de ciudadanos en decenas de ciudades de España continuaban con la línea marcada el 7 de abril y exigían que su voz fuera escuchada.

COMIENZA LA ACAMPADA.
Como cuentan personas que estuvieron presentes estos días, el establecimiento de la acampada multitudinaria fue algo imprevisto. Unas decenas de personas acamparon en la plaza de la Puerta del Sol, pero fue precisamente la actuación de la policía, al desalojarlos, lo que movió la solidaridad de los ciudadanos, que se unieron a la acampada.

A medida que se iba a acercando más gente, la acampada iba creciendo, y con ella, el movimiento. Así, pronto empezaron a organizarse en torno a comisiones técnicas –cocina, limpieza, etcétera– y deliberativas, que luego se juntaban en multitudinarias asambleas, en las que empezó a cristalizar el movimiento de participación ciudadana. 

Tras las elecciones municipales del 22 de mayo en España, la Asamblea General de Sol decidió proseguir acampando, como mínimo, una semana. Pese a las cargas policiales, como las ocurridas en Barcelona el 27 de mayo, el movimiento siguió firme en su posición de ocupar las plazas públicas: el campamento se levantó de Madrid cuatro semanas después de haber sido establecido, concretamente el 12 de junio.

EL MOVIMIENTO SE EXPANDE: MADUREZ. Pese a desocupar la simbólica Puerta del Sol, el movimiento se había ido filtrando ya en los distintos barrios y pueblos. En las plazas y parques se reproducían asambleas, consensos y discusiones como las del centro de Madrid, domingo a domingo, y las iniciativas populares, como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), se multiplicaban.

Para Eduardo Ocaña, de Juventud  Sin Futuro y miembro de la Asamblea del barrio de Arganzuela, en el centro de Madrid, esta politización general de la sociedad es uno de los mayores éxitos del movimiento. 

“Hemos conseguido muchas cosas, sobre todo, con la agenda mediática, sacando temas que antes no estaban sobre la mesa, como la dación en pago (se entrega el inmueble hipotecado, en vez de dinero, para liberarse de la deuda), y en la politización de la sociedad”, dijo. Jaime Pastor abunda en las impresiones de este activista: “Su gran éxito ha sido haberse transformado en un actor político y social que debe ser tenido en cuenta por el resto de actores tradicionales”.

El Gobierno español, de hecho, propuso –como voluntaria, eso sí– la dación en pago, por el énfasis que puso este movimiento en el problema de las familias desahuciadas. 

Cientos de personas conocieron y apoyaron a la PAH, que ha conseguido parar numerosos desahucios a lo  largo de este año y renegociar las condiciones de las hipotecas con los bancos, consiguiendo alquileres sociales para algunas familias.

Otra iniciativa, lanzada el 1 de mayo del 2012, es la Oficina Precaria, una asesoría legal para los trabajadores precarios que no se ven eficazmente protegidos por los sindicatos, y que promueve una campaña de denuncia de empresas explotadoras y el establecimiento de cooperativas. 

EN ELMUNDO.
Así como en Madrid caló el germen árabe, el 15-M se expandió por todo el mundo, principalmente en Estados Unidos, con el Occupy Wall Street, acampada de indignados en Nueva York, que acuñaron el famoso lema de “Somos el 99 por ciento”.

También las movilizaciones estudiantiles en Chile estuvieron en contacto con las asambleas y colectivos de estudiantes en España; o en Colombia, como nos cuenta Camilo Torres, estudiante colombiano en Madrid y miembro de Juventud Sin Futuro: “El 15-M está empezando a calar en muchas regiones del mundo, y Colombia no está al margen. 

El año pasado, el movimiento estudiantil se movió contra los intentos de privatización y mercantilización de la educación universitaria y llegó a parar una ley. No fue tan visible mediáticamente como el caso chileno, pero fue ampliamente respaldado por medios y asociaciones que tradicionalmente no habían apoyado a los movimientos estudiantiles”. 

Así, para continuar esta línea internacional, las movilizaciones del 12 al 15 de mayo para conmemorar el aniversario de la acampada tienen una vocación global y ya se han confirmado manifestaciones en países como México, Estados Unidos y Argentina. El objetivo es claro: el movimiento 15-M, después de un año, está madurando.