Hay un pozo que se cayó en una grieta. Y es más que juego de palabras. El tema es cómo sacarlo de ahí, cuánto cuesta y qué hace falta. No basta con taparlo y ya. Forma parte de una manera de hacer política que deja al desnudo la inacción estatal; la falta de calle -vaya metáfora- y de sentido común para mejorar la vida de los vecinos.
Está ubicado en la calle San Francisco del Monte, a unos 200 metros al oeste de Azcuénaga, en una zona donde es de todos y es de nadie. Es justo, justo el límite entre Godoy Cruz y Guaymallén, que, o no logran ponerse de acuerdo entre ellos o directamente no les interesa. Tampoco es una puja política, ya que, además del pozo, comparten colores partidarios.
Por ahora, el bache, cada vez más grande, tiene nombres y apellidos. A saber: Diego Coronel y Marcos Calvente, secretarios de Obras y Servicios de Godoy Cruz y de Guaymallén, respectivamente. Y se agrega otro: Carlos Sifuente, gerente de Operaciones Gran Mendoza de Aysam, porque, como mencionó en las redes el presidente del Consejo Deliberante de Guaymallén, Ignacio Conte, “evidentemente por el agua que se nota en el pozo hay una pérdida de agua que debe reparar en primera instancia @AguasMendocinas para que después pueda intervenir la Municipalidad correspondiente”. Y ahí quedó. Ninguno se hace cargo.
¿Qué hace falta para arreglarlo? En principio una cuadrilla de trabajadores; de municipales u operarios de Aysam, los que primero tengan el tino de entender el peligro que eso representa. Pero va más allá: tiene que ver con la dejadez, la desidia y el desprecio por la denominada “cosa pública”. Una calle pública es una cosa pública.
Como efectivamente parece tratarse de una pérdida de agua, los técnicos consultados aseguraron que, además de la mano de obra, la reparación implicaría, como mucho, tres horas de trabajo. Es decir: terminar de romper para encontrar la pérdida, arreglar, tapar y poner la carpeta asfáltica. Quizá, depende el nivel de humedad, se necesiten un par de días al sol antes de volver a pavimentar. Pero, en tiempo neto, no más de 180 minutos.
Mientras eso no ocurra, el pozo seguirá allí, como en los últimos siete meses. Arrancó como una pequeña fisura. Hoy ya es un cráter. Con un agravante: tal como sugirió Conte, hay una pérdida de agua. Una pérdida de agua en una zona con emergencia hídrica; una pérdida de agua en una provincia que pidió endeudarse en 130 millones dólares para, justamente, mejorar su infraestructura en materia de agua y saneamiento.



¿Tan caro es arreglar un pozo? Para nada. De acuerdo con las estimaciones y los costos vigentes, con toda la furia, habría que invertir, como mucho, unos 10 mil pesos, entendiendo que el valor del metro cuadrado de pavimento está en el orden de los 4 mil pesos. Un grupo de vecinos bien predispuestos podría costear la obra.
El interrogante es hasta dónde el sector privado puede avanzar sobre las responsabilidades estatales. Si un particular con alma de filántropo, ante la falta de respuestas, corta un árbol que está por caerse o decide contratar un equipo de reparaciones menores para tapar un bache o arreglar una pérdida de agua, deberá someterse luego a un proceso administrativo y aportar pruebas que confirmen el riesgo existente. Es un estrés al que pocos están dispuestos a someterse.
“Si llevamos todos los valores para arriba, capaz que termine saliendo 15 mil o 20 mil pesos, que es una exageración. No hay espacio ni para sobreprecio”, ironizó un funcionario municipal de otro departamento que, por competencia técnica, prefirió la reserva.
Este peloteo entre organismos para solucionar problemas menores tiene consecuencias. Hace apenas unos días se supo que desde la Municipalidad de Maipú habían solicitado a Vialidad Provincial la poda y corte de árboles en la zona de Colonia Bombal. El dato que aportó la comuna fue luego de que uno de los ejemplares se viniera abajo y matara a un hombre que pasaba por allí. De enero a agosto, prácticamente no hubo movimiento en el expediente electrónico. Era cuestión de que alguien fuera y cortara un árbol viejo y seco. Se salvaba una vida.

El pozo que comparten Godoy Cruz, Guaymallén y Aysam es cada vez más grande y profundo. Es el terror de trenes delanteros y de motociclistas en una calle que no destaca por su iluminación de noche y que durante el día tiene puntos ciegos por los reflejos que se generan entre el sol y la arboleda. Hace unos días, alguien dejó un neumático viejo adentro a modo de señal, lo cual lo hizo más inseguro.
De acuerdo con los organismos de control, en el mejor de los casos, un juicio contra el Estado por un siniestro en el lugar implicaría el pago de una indemnización no menor a los dos millones de pesos. Y, claro, también habría que arreglar el pozo.
El concepto de “mejor de los casos” se refiere a un accidente menor, con daños materiales solamente; sabiendo con claridad que, mientras no se haga la reparación, el riesgo, por las características, puede ser de vida o muerte.
