La seguridad ciudadana es un concepto que viene promoviendo el Ejecutivo local. El gobernador Francisco Pérez lo abordó en su discurso de apertura legislativa el 1 de mayo –y lo viene repitiendo en cuanta ocasión lo amerita– para establecer la forma en que quiere encarar la inseguridad. La semana pasada, como parte de una jornada de políticas públicas en la que se buscó hacer foco en proyectos metropolitanos que serán financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el colombiano Diego Corrales Jiménez habló sobre seguridad ciudadana, exhibiendo uno de los modelos más exitosos: el de la ciudad de Medellín.

Corrales Jiménez trabajó en el Plan Maestro de Seguridad, Defensa y Justicia para Medellín y su área Metropolitana, el que Pérez toma como modelo. “Hace 10 años, Colombia tenía un promedio de 27 mil homicidios en el año, hoy tiene 13 mil. Sigue siendo alto, pero comparado con la década pasada, es bajo”, lanzó Corrales. “Los trabajos para este modelo se plantearon en los últimos 8 años, y yo participé en el diseño de estos proyectos. En Medellín se dieron tres hechos fundamentales: uno que ocurrió a nivel nacional desde el 2002, y fue la instalación de la política de seguridad democrática, que la instauró durante 8 años el presidente Álvaro Uribe. Sobre los grupos ilegales, sean de guerrillas, paramilitares o de narcotraficantes –que habían ocupado ciertos espacios en la clandestinidad y que por debajo controlaban ciertas cosas– el Gobierno avanzó sobre ellos y ejerció un control territorial en los lugares donde operaban”, dijo Corrales.

“Este control pasaba primero por ofensivas militares: cuando entraban, recuperaban el territorio, protegían a los ciudadanos y, luego, llegaban con todo el desarrollo social, con educación y salud. Esto produjo buenos resultados –sobre todo en términos militares– en la reducción de las bandas, en el proceso de desmovilización de paramilitares. Muchas de estas vivencias se dieron en Medellín, y a los dos años de iniciado el proceso coincidió con la llegada al poder de un nuevo grupo político que nunca había gobernado, eran académicos e independientes junto con líderes comunitarios”, detalló el especialista.

URBANISMO SOCIAL. “Con el alcalde Sergio Fajardo se implementó el modelo del urbanismo social. Este no era un proyecto que venía con la forma predeterminada, sino que se va descubriendo en el tiempo y empieza una etapa de ensayo y error. Básicamente, el urbanismo social es crear un modelo en el que se disminuya la violencia con la presencia del Estado, sea por prevención o por coerción; es decir, dar oportunidades que demuestren que se puede dejar de delinquir, o si hay grupos que lo siguen haciendo, se les demuestra que serán perseguidos”, acotó.

Corrales contó que esta situación provocó una modificación sustancial en un elemento central, la violencia: “Entonces se redujo la violencia con estas acciones, y de la mano de la educación, de la salud, del deporte, se empezaron a hacer intervenciones integrales. Una de las herramientas de las intervenciones integrales fue la renovación de los contextos urbanos, es decir, entender la estética y la arquitectura como eje de transformación social. Este elemento se aplicaba a todas las políticas públicas; por ejemplo, uno de los principales elementos en la educación es la dignidad del espacio”.

Y agregó: “Que los niños cuando van a las escuelas sientan que su lugar es agradable; este elemento tan básico permitió que los establecimientos fueran hechos por los mejores arquitectos, previo hacer concursos de proyectos. Entonces, los elementos arquitectónicos visuales, diferentes de las clásicas cuatro paredes, terminaban siendo referencia para el barrio”.

“Otro caso es la construcción de la primera biblioteca pública de Medellín, que se hizo con urbanismo social en la zona más deprimente de la ciudad, donde había más muertes. En Santo Domingo se construyó ese lugar junto con la comunidad y se le consultó cómo querían que fuera. Terminaron haciendo en plena montaña una mole impresionante, distinta e impactante, que la inauguraron los reyes de España. Donde sólo había muerte y pobreza, esta obra despertó la conciencia de la gente. Entonces, las vecinas comenzaron a ver que, frente a esa estructura, el frente de su casa era feo; entonces, junto con la Alcaidía comenzaron a pintar las viviendas, y cuando llegaban los turistas no querían que estuviera todo sucio. Eso comenzó a generar una situación distinta entre la gente”, comentó Corrales.

“Otro ejemplo son las estaciones de policía, que en Colombia se construyen blindadas y siempre verdes. Con el urbanismo social, esos puestos empezaron a levantarse de otra forma: son rojos, con espacios abiertos, al lado de una cancha de fútbol. Cuando la gente ve que hay una arquitectura que no los invade ni los reprime, la relación entre la comunidad y la policía es diferente”, añadió.

CAUSAS DE LA VIOLENCIA. Para precisar en lo que trabajó Corrales en Medellín, el consultor definió: “El urbanismo social es el resultado en términos físicos, de procesos sociales que están más interiorizados. Ahora hay algo que es importante entender. Las causalidades de la violencia son múltiples”. Y agregó: “Pero, primero hay que saber que la pobreza no es sinónimo de violencia. Hay teóricos que dicen que la violencia es el resultado de falta de condiciones económicas. Si la pobreza fuera la principal causa para la violencia, si esto fuera cierto, Haití –que es el país más pobre de América latina– sería el más violento, y no aparece entre los veinte países con este índice. O el caso de India, que tiene muchos más pobres que Estados Unidos, sería más violento que este último, y no ocurre, todo lo contrario”.

Luego, hilvanando su pensamiento, añadió: “Esto demuestra que hay otro elementos, que son tres: el primero tiene que ver indiscutiblemente con el crimen organizado, el que maneja hoy muchas economías ilegales y trata de insertarse en las legales. Y esto pasa por el tráfico de drogas, de armas, de personas, de propiedad intelectual y el del lavado de activos. Para ellos, el campo de acción es el mundo, no tienen fronteras. Frente a esto, lo único que se puede hacer es combatirlo, porque tienen un negocio montado y, por más que el Estado llegue a brindarles oportunidades de educación o laborales, no cambiarán”.

Por otro lado, agregó: “Un segundo escenario tiene que ver con la naturaleza de los seres humanos, y en todo el mundo se dan situaciones pasionales, de violencia intrafamiliar, venganzas personales y, cuando aparecen, afectan la percepción de seguridad, y a los medios de comunicación les encanta explotar estos casos muchas veces. Acá hay que hacer mucha prevención”.

Finalmente, Corrales explicó: “El tercer punto tiene que ver con personas, especialmente jóvenes, que se encuentran en riesgo. No estudian, no trabajan, y deben hacer algo para salir adelante. Ahí es en donde el Estado debe estar presente con acciones integrales y brindar oportunidades para que ellos no pasen esa línea delgada entre lo legal y lo ilegal. Para ellos deben estar la acciones donde el Estado los vincule con el sector privado. Pero, para aquellos que tienen las oportunidades y siguen en la ilegalidad, a esos hay que perseguirlos con la fuerza de la ley”.