El Aconcagua Arena sigue acumulando promesas, obras que se estiran por fuera de lo establecido en los contratos y proyectos que no terminan de concretarse. El último incumplimiento ocurrió el 26 de septiembre pasado, cuando venció el plazo para que el estadio cubierto del Parque General San Martín tuviera terminados y habilitados los principales trabajos comprometidos por su concesionaria, Perfeta Producciones.

La sociedad anónima, constituida en 2019 en la Ciudad de Buenos Aires y controlada por el empresario Marcelo Fígoli —fundador de Fénix Entertainment Group—, ganó la licitación pública gracias a una oferta de inversión de $3.677 millones. Entre las obras iniciales se destacan un nuevo sistema de climatización y el acondicionamiento acústico del recinto.

Sin embargo, las remodelaciones todavía no están concluidas y persisten dudas sobre el avance real de los trabajos. En ese contexto, una nota enviada a la Subsecretaría de Deportes solicitando la rescisión del contrato por supuestos incumplimientos y la posibilidad latente de llevar el caso a la Fiscalía de Estado configuran los últimos capítulos de la larga y particular historia que tiene como protagonista al estadio cubierto del Parque.

La adjudicación

En 2011, la gestión de Francisco Pérez concibió una ambiciosa villa olímpica en el Parque General San Martín, con un estadio cubierto como principal atracción. Las obras comenzaron en 2014 y recién cuatro años después abrió sus puertas.

Desde aquella idea inicial a la actualidad pasaron quince años en los que el Aconcagua Arena atravesó cambios de gestión, sobrecostos y largos períodos de actividad limitada. La intención de las administraciones de Rodolfo Suarez y Alfredo Cornejo fue siempre ceder el control del estadio cubierto, con capacidad para 9.000 espectadores, a un operador privado.

Luego de algunos intentos que no prosperaron, finalmente el 26 de marzo pasado el Gobierno y Perfeta Producciones firmaron el contrato de concesión de uso y explotación comercial del establecimiento. Una optimista gacetilla oficial resaltaba que “se prevé que a partir de octubre comiencen a desarrollarse los primeros espectáculos, con una programación que incluirá artistas nacionales, regionales e internacionales”.

Desde ese momento, la empresa se hizo cargo del estadio cubierto y comenzó a regir el plazo de la concesión, fijado en 20 años. Entre los deberes del privado se destacan el mantenimiento integral y la seguridad del predio, la obligación de mantener vigentes las habilitaciones y los seguros, además del pago de un canon mensual de $10 millones, actualizable.

Las obras comprometidas y la fecha límite

El contrato obliga a la concesionaria a ejecutar, como mínimo, la instalación y operación de sistemas de climatización y las soluciones de aislamiento y control acústico. Según la cláusula 5.3 del pliego, esas adecuaciones debían estar “finalizadas y habilitadas” dentro de los seis meses contados desde la entrega de la tenencia. Es decir, el 26 de septiembre.

El cronograma de la propuesta técnica de Perfeta Producciones también fijaba seis meses para completar las mejoras en cinco rubros:

– Climatización: 34 equipos roof-top inverter marca BGH de 30 toneladas de refrigeración cada uno, sobre la cubierta del estadio.

– Acústica: panelería fonoabsorbente suspendida del techo con una cobertura prevista del 75 % y paneles en paredes.

– Palcos VIP: dos unidades de 52 metros cuadrados cada uno.

– Área gastronómica: intervención de unos 1.110 metros cuadrados en el subsuelo, con cuatro locales de cocina, food court y sanitarios.

– Estacionamiento: reorganización de la playa vehicular, con dos nuevas torres de iluminación.

Esta situación provocó que el grupo Arena M, segundo en el orden de mérito de la licitación, presentara a fines de septiembre una nota ante la Subsecretaría de Deportes, en la que solicita una inspección técnica para corroborar los presuntos incumplimientos.

El escrito resalta distintas causales de rescisión, como el apartamiento del plan de trabajo y la falta de inicio de obra dentro de los 90 días posteriores a la firma.

Según el documento, las obras comprometidas no fueron ejecutadas y la única actividad visible en el predio es un obrador provisorio. En tal sentido, señala que aún no se instalaron los equipos de climatización ni se colocaron los paneles acústicos. También asegura que no comenzó la obra civil a cargo de Procon Constructora, empresa mendocina incluida por Perfeta Producciones como proveedor local.

Marcelo Figoli y Federico Chiapetta, durante una recorrida por el Aconcagua Arena.

Por esos motivos, Arena M solicitó en su nota al subsecretario de Deportes, Federico Chiapetta, que se rescinda el contrato y que la concesión pase a su favor. Este medio intentó comunicarse con el funcionario, pero no obtuvo respuestas.

La denuncia

Además de la inspección técnica, con acta, registro fotográfico y porcentaje de avance, el escrito solicita que la Subsecretaría de Deportes informe varios puntos: el estado de cada rubro de obra, las fechas de compra y entrega de los equipos, si la concesionaria invocó alguna causa justificante, el estado de pago del canon mensual y la vigencia de las pólizas de seguro y de la garantía de cumplimiento.

El pliego exige, antes de una rescisión, una intimación fehaciente por al menos diez días corridos, salvo que la gravedad del incumplimiento la torne innecesaria o imposibilite la continuidad del vínculo. Arena M sostuvo que este caso encuadra en esa excepción, porque los plazos ya vencieron y no existe cumplimiento posible en pocos días. Por eso pide la rescisión directa, sin intimación previa.

El escrito también citó normativa vigente que prevé que, rescindida una contratación, el órgano licitante puede consultar al siguiente oferente en orden de mérito si está dispuesto a continuar la prestación. Arena M adelantó por escrito su conformidad, ratificó su oferta y elevó el canon mensual propuesto a $12 millones, ajustable.

La empresa también se comprometió a presentar, dentro de los diez días hábiles, un plan de obra para los seis meses siguientes con proveedores y contratistas mendocinos.

La historia del Arena Aconcagua

La historia estadio cubierto del Parque San Martín comenzó en 2011, cuando el entonces gobernador Francisco Pérez impulsó la construcción de una villa olímpica que contemplaba mucho más que un estadio cubierto. El proyecto original incluía instalaciones deportivas, una pileta climatizada, canchas y otros espacios que quedaron en el camino.

La obra, adjudicada en 2014, tenía un presupuesto inicial de aproximadamente $320 millones que fue aumentando con el paso del tiempo hasta alcanzar unos $1.100 millones.

Las demoras marcaron la construcción desde sus primeros años. Los problemas financieros frenaron los trabajos durante la gestión de Pérez y, tras el cambio de gobierno en 2015, la finalización del estadio tampoco fue una prioridad.

Hubo que sumar nuevas inversiones para corregir deficiencias y completar instalaciones básicas. Finalmente, el Aconcagua Arena fue inaugurado en julio de 2018, con un partido de futsal entre Argentina y Colombia, aunque su apertura no resolvió el interrogante sobre cómo sostener su funcionamiento.

En sus primeros años, el estadio tuvo una actividad acotada y se convirtió en objeto de cuestionamientos por los costos de mantenimiento. Los intentos de concesionarlo a operadores privados no prosperaron durante las primeras gestiones. La pandemia, además, alteró su funcionamiento y el predio llegó a utilizarse como centro de vacunación. Más adelante recibió recitales y competencias deportivas, pero sin consolidar una agenda estable que justificara la magnitud de la infraestructura.

La llegada de Perfeta Producciones abrió una nueva etapa, con un compromiso de inversión por $3.677 millones en mejoras de climatización, insonorización, baños y espacios gastronómicos, entre otros.

La empresa también anticipó una programación de alrededor de 40 eventos anuales, con recitales, espectáculos y competencias deportivas, y la intención de convertir a Mendoza en una escala para producciones que circulen entre Buenos Aires y Santiago de Chile. Sin embargo, estas promesas de actividad aún conviven con una remodelación que está lejos de finalizar.