En la última edición de Gran Hermano, varios de sus participantes experimentaron problemas de salud mental. Coti Romero, por ejemplo, compartió públicamente su lucha contra los ataques de pánico que comenzaron a enfrentar después de salir de la realidad. En sus propias palabras: “Lo más difícil es que te cambia la cabeza. A mí me complicó. Me volvió mi peor enemiga en todo sentido”.
Coti también habló sobre cómo las críticas en las redes sociales le generaron ansiedad y la llevaron a creer en las cosas negativas que los usuarios decían de ella. Además, reveló que llegó a lastimarse físicamente como una forma de alivio, aunque comprendió que esa no era la solución.
Tomás Holder, el primer eliminado de la última edición de Gran Hermano, también experimentó dificultades para lidiar con la fama súbita que obtuvo a través del programa. Después de dejar el reality, intentó participar en el programa de Marcelo Tinelli, pero se vio abrumado por un ataque de llanto y angustia, lo que lo obligó a abandonar el estudio.
Este viernes se conoció el supuesto intento de suicidio de Maxi Guidici, otro ex participante de Gran Hermano. Su madre solicitó la ayuda de Alexis “El Cone” Quiroga, otro ex participante del programa, para atender la situación.
Estos problemas de salud mental no son aislados, ya que se suman a experiencias similares de ex participantes de temporadas anteriores. Pablo Heredia, por ejemplo, tuvo un brote dentro de la casa en la segunda edición de Gran Hermano. A pesar de los desafíos iniciales, pudo revertir su situación y encontrar trabajo como actor en Perú.
Tamara Paganini también sufrió críticas después de abandonar el programa y optó por alejarse de los medios para proteger su salud mental. Experimentó claustrofobia dentro de la casa y se enfrentó a situaciones de agresión en la calle por parte de desconocidos.
Sin lugar a dudas, una de las historias más tristes relacionadas con ex participantes de Gran Hermano es la de Rocío Gancedo, quien se suicidó a los 29 años después de manifestar un cuadro de depresión tras la muerte de su padre.
Para entender mejor estas experiencias, NA consultó a la psiquiatra María Fernanda Porcelli, especialista en Psicotraumatología, quien señaló que el encierro prolongado y la pérdida de contacto con el mundo exterior pueden llevar a la depresión y la ansiedad. Además, destacó que la fama repentina puede ser abrumadora, especialmente si los individuos no tienen el apoyo adecuado y carecen de la capacidad para lidiar con la atención pública constante.
Con información de NA.



