Mucho antes de que la inteligencia artificial y las redes sociales masificaran los debates sobre la veracidad de los contenidos digitales, la televisión argentina protagonizó uno de los experimentos periodísticos más insólitos e icónicos de su historia. De la mano de Chiche Gelblung, la pantalla chica expuso en 1995 cómo se podía construir una mentira visual perfecta y engañar a las masas.

La historia se originó a mediados de ese año, cuando el productor británico Ray Santilli sacudió al mundo al presentar una supuesta filmación en blanco y negro de una autopsia realizada por el Ejército de Estados Unidos a un ser extraterrestre, en el marco del legendario incidente de Roswell ocurrido en 1947. Mientras el material generaba fascinación y dudas a nivel global —y era emitido en la televisión argentina por la competencia—, Gelblung detectó rápidamente que se trataba de un fraude.

Lejos de conformarse con una simple denuncia al aire, el histórico conductor decidió ir por más y replicar el engaño frente a las cámaras en su programa Memoria, emitido por Canal 9.

Un extraterrestre de látex y vísceras de pollo

Con un presupuesto de aproximadamente 4.000 dólares, la producción de Memoria mandó a confeccionar un muñeco humanoide con cabeza prominente, ojos grandes y piel de látex a cargo de especialistas en efectos especiales. Para dotar de total realismo a la supuesta intervención quirúrgica, el cuerpo fue rellenado con menudos y vísceras de pollo comprados en una avícola local.

El estudio televisivo fue ambientado rigurosamente: sábanas blancas, iluminación fría y instrumental médico adecuado completaron la atmósfera clínica. Incluso, Gelblung convocó a cirujanos y médicos forenses reales para llevar adelante el procedimiento utilizando túnicas sanitarias y técnicas profesionales ante las cámaras.

La transmisión intercaló tomas en blanco y negro y cortes precisos para imitar el aspecto de la filmación internacional. Sin embargo, al finalizar el procedimiento, el propio conductor reveló el montaje y explicó que todo formaba parte de una puesta en escena destinada a probar la fragilidad de la percepción pública ante las imágenes impactantes.

El fin del misterio y su legado

Años más tarde, el tiempo le daría la razón al periodista: en 2006, el propio Ray Santilli reconoció que el video original emitido en 1995 había sido una recreación construida con un cuerpo artificial.

Aquel experimento de Memoria quedó grabado en la memoria colectiva de la televisión nacional como una temprana advertencia sobre el poder de la manipulación visual, convirtiéndose en un caso de estudio sobre la necesidad de verificar la información antes de darla por cierta.

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