Un clima distendido de miércoles por la noche, after office en El Botellón – Espacio Cultural. La gente se va acomodando en las mesas en orden para ver el espectáculo “Humor de Besos” hasta que Keko Barrios nos ilumina con su presencia, su teléfono celular documentando todo lo que le permiten sus movimientos de aquí para allá y un carisma que se hace notar.
Nos pide nuestro alias de Instagram para introducirlo en “el cofre del destino”: una parte de la utilería usado a posteriori para ganarse diversos premios a cambio de participar de manera voluntaria. Llama la atención que remarcó con mucho énfasis el tema del consentimiento, dando a entender que no siempre sucede (o sucedió) de esta manera en eventos semejantes.
Suena música de fondo que permite hablar y prepararse para el espectáculo pero, para ser sinceros, “El Botellón” no tiene el espacio más cómodo para disfrutarlo ya que una parte del público debe obligatoriamente darle la espalda a su mesa y sus colegas para ver qué está sucediendo en escena. También la música afuera complica la concentración tanto de artistas como de público presente.

Keko comienza a presentarse con el micrófono introduciendo de qué se va a tratar, hablando de “las dragas”: personajes que están en su ser pero que se exteriorizan por medio de la escena. Luego cita a Susy Shock de memoria como si fuera un Padre Nuestro LGBT.
Se puede disfrutar de un espectáculo bien contemporáneo, con influencias claras de Fernando Peña, Batato Barea, Alejandro Urdapilleta, e incluso de Gasalla, Perciavale y otras grandes figuras del Café Concert, pero con una entidad mendocina.
“Cambiemos el destino de la humanidad con nuestras lenguas” propone. En otras palabras: resignifiquemos el beso como símbolo de lucha. Usemos nuestra capacidad de besar para ser quienes queramos y descubrir nuevos sabores en un destino performático y queer (raro, distinto, no-normativo). Todo gracias a un maestre de ceremonias que te invita a aceptar lo inesperado, a vivir lo mágico que luego no vuelve más. Una especie de Kairós con un mechón de seis colores.
Un lugar donde viven las disidencias, donde el mensaje es muy claro sobre lo que se quiere comunicar. Es querer animarse a lo que no sucede afuera de este recinto, lo que nos presenta el final del arco iris.
Recomiendo sumarse a su código, subirse a esta colorida aventura de una noche para descubrirse en otro rol, otra manera de ver la vida.
Este espectáculo se está presentando todos los segundos miércoles de cada mes en “El Botellón”.
- Autoría e interpretación: Keko Barrios
- Música original: Agustín Noli
- Vestuario y maquillaje: Keko Barrios
- Producción: Ika Fonseca Ripoll
