La poesía tiene esa capacidad de estar en todo y mostrarnos lo que nos pasa al mismo tiempo. Se trata de un lenguaje que puede, si quiere, atravesar todas las artes e introducirse en quienes somos sin importar qué tipo de actividad vayamos a encontrar. Nos atraviesa y nos hace preguntas existenciales, estemos preparadas o no para comprender lo que pasa. (Debo aclarar que esta nota la escribiré toda en femenino para ir a tono con la propuesta de la obra.)
Así es cómo se preparó “Cariño malo”, como un trabajo colectivo partiendo de dos ases de la literatura como son Sandra Flores Ruminot y Melisa Carrasco, quienes le pidieron a Nicolás Perrone de armar una obra de teatro con base en varios de sus poemas. Hay que recalcar la complejidad que tiene trasladar textos poéticos a un lenguaje teatral que, por un lado, tengan sentido artístico y por otro nos cuente una historia. Y el resultado es contundente, atrapante.

Cuando entramos, la Alliance Française nos recibe con una muestra de imágenes y un QR a un video, con boleros de fondo, que ya nos meten en otro clima no-cotidiano, para que comencemos a reflexionar antes de que den sala.
En el escenario se ubican diversos móviles colgados que podrían relacionarse con una niñez antigua, ajada, corrompida, pendiente, junto a una guadaña a modo de gancho o anzuelo. Una parte de la vida que quedó trunca, que se ahogó en lamentos que no son-fueron escuchados. “Volver a la madre, al esqueleto de la casa muerta.”
Recrudecer a medida que se avanza en el reloj de la vida, fortaleciendo nuestras propias formas de ser persona, reivindicando luego nuestro deseo a nosotras mismas, a ser capaces de ser deseadas por quienes nos ven, por quienes nos van descubriendo, quitando las capas que ponemos para protegernos de un pasado oscuro y tétrico. “El verbo se hace verbo en la carne.”

Aquella luz que nos ilumina de manera tenue, como pidiendo permiso para salir del dolor y animarse a ser quien se quiere, a volcarse en una óptica en que nos perdonamos por atrocidades que no debimos presenciar en un primer momento. A conversar con nuestros propios demonios y hacerles frente.
Un juego de dos seres que son uno, que son dos, que es una misma. Volver a jugar con una misma. Aunque el tiempo de jugar se termine sin avisar.
Y así queden nuestras desaparecidas, “más desaparecida que tu nombre”, nuevamente vivas en las artes, en la vía de expresión de quienes buscan la inmortalidad como reflejo de una sociedad que no las vio en su momento.
Una obra que sabe hablarle al público, que le habla de frente y abraza a quien necesita un consuelo luego del infatigable dolor.
Ficha técnica:
Dirección: Nicolás Perrone
Dramaturgia: Sandra Flores Ruminot y Melisa Carrasco
Actuación: Sandra Flores Ruminot y Melisa Carrasco
Diseño y realización de utilería y vestuario: Noelia Rivas
Fotografía y diseño gráfico: Vera Jereb
Difusión: AP! Prensa.
