EL SHOW. Dos meses después, La Aplanadora del Rock retornó para continuar con el show que sólo nos había dejado una canción, Debede.
Cerca de las 22.30, una melodía escocesa comenzó a llenar los oídos y generó el primer cimbronazo de la noche. Era indudable que otra canción de la mítica banda Sumo iba a ser la encargada de dar el puntapié inicial a una noche de mucha distorsión. Crua Chan dio el primer movimiento telúrico en el Este.
A lo largo de dos horas, la popular banda interpretó todos sus hits y rindió homenaje a sus fallecidos amigos. No hay dudas de que el power trío es uno de los conjuntos que suena más fuerte, basta con ver la pared de amplificadores detrás de su bajista, Diego Arnedo.
Un arpegio que se renovaba una y otra vez dio comienzo a Spaghetti del rock. Este fue, sin dudas, el primer gran nexo e interacción de la agrupación con el fervoroso público. Luego vino Par mil, para hacer extensivo el momento tenue y armónico.
Una distorsión se desplazó por el éter. Era el momento de recordar al gran compositor y músico Atahualpa Yupanqui. El arriero, un clásico de la banda de Hurlingham, hizo deleitar a toda la gente.
Pero luego de la calma, la tempestad. Voodoo Chile, la versión dividida de la composición de legendario Jimmy Hendrix, hizo explotar la noche. Ricardo Mollo comenzó a improvisar sobre la oscura base que sostenían sus compañeros. La velocidad y la adrenalina crecían segundo a segundo, hasta que todo tuvo su clímax cuando el guitarrista se llevó la guitarra a la boca y, mordiendo las cuerdas, punteaba las notas.
Después,en una seguidilla,sonaron Nene de antes, Paisano de Hurlingham y Paraguay, entre otras.
Para Cielito lindo, un cuadro aparte. Dícese una de las canciones más pogueras del rock nacional, o que al menos integra el podio, junto a Ji ji ji de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y Dale! de Catupecu Machu.La gente formó un círculo para compartir el momento punk de la noche. Sin dudas, sacudió las más de 30.000 cabezas que había en el teatro griego Parque Agnesi.
Un bajo picado, extremadamente resaltado comenzó a marcar el pálpito de los corazones en el Este. Aladelta se introdujo “y los pibes remontaban barriletes” hacía eco en todos los rincones del predio.
Sucio y desprolijo sirvió de excusa para homenajear al fallecido Norberto Pappo Napolitano. Los músicos comenzaron a despedirse, pero la gente pedía más. El 38 quiso decir adiós, pero cómo despedirse sin acordarse nuevamente del pelado.
El ojo blindado, en versión reggae, dio comienzo a un popurri de Sumo a lo Viveza criolla. Es que nadie puede olvidar a la banda que dio comienzo e introdujo tanto rock en nuestro país.
El conjunto seguía sonando y Mollo se difuminó en un abrazo eterno con la gente.
No quedan dudas de que está dentro de las seis grandes bandas de rock del país. Otra vez, La Aplanadora devastó San Martín.