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29 de marzo de 2020
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Columna

Es momento de estar todos juntos

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Una ácida mirada de la actualidad nacional.

En el décimo día de cuarentena estaba como todos hablando con el plumero cuando de golpe me hizo una pregunta que no supe contestar:

- ¿En qué se parecen el poder y la peste?

En estos días de encierro el plumero se rebeló como un buen compañero.

- No sé, Plu (le digo Plu, ya tenemos esa intimidad) ¿en qué se parecen?

- En que no te cambian, te muestran como sos - dijo, acomodándose el plumerío-. La peste vino al mundo para que quede claro qué anduvimos haciendo todos estos años, quiénes somos, qué hicieron las sociedades, cómo estaban preparadas.

- Bueno, China estaba preparada, reaccionó rápido –contesté, porque soy muy de ver la tele y leer los diarios.

- ¿En serio? ¿Te parece casualidad que haya surgido en una dictadura como la China?

- Si ya no tienen casos, lo agarraron de entrada.

- Mirá, las autoridades de Wuhan le mintieron a sus habitantes sobre la gravedad y el número de casos. Recién el 22 de enero, a tres meses de iniciada la pandemia, decidieron aislar a la ciudad. Eso sólo es posible en un país con medios de comunicación dirigidos o cooptados por el Estado, con población acostumbrada a obedecer y no cuestionar a la autoridad. ¿Sabés quién es LI Weliang?

- Ni idea –contesté, mientras intentaba anotar el teléfono del surfer que pasaron por la tele para llamarlo y retarlo.

- Li Weliang fue el primer médico que le contó el 30 de diciembre a unos colegas que siete pacientes suyos tenían esta nueva enfermedad. A los cuatro días lo citaron a la central de policía y lo acusaron formalmente de perturbar el orden público con sus comentarios falsos. Todo el aparato estatal de medios empezó a llamar “los 8 chismosos” al médico y sus pacientes para denigrarlos. Murió el 6 de febrero, contagiado. ¿Y Xu Zhangrun, sabés quién es?

- No –contesté, impaciente porque me faltó anotar un número del teléfono del surfer.

- Un profesor universitario que publicó en las redes un ensayo donde criticaba el irresponsable manejo de Beijing sobre el coronavirus. Ahí decía: “La epidemia ha revelado el núcleo podrido del gobierno chino”.

- Ahí tenés, ¿ves?, tan difícil no es contar lo que pasó. Lo puso en las redes.

- Y desapareció.

- ¿El ensayo?

- El científico desapareció –dijo, soplándose las plumas de adelante.

- No me parece que sea momento para criticarnos, es para estar todos juntos – contesté sin mirarlo. La tele mostraba ahora a unos jujeños enjaulados porque salieron a buscar una leche.

- Claro, todos juntos.

- Y, sí. Es un buen momento para que nos pongamos un objetivo y lo cumplamos. Nos salvamos entre todos o no se salva nadie.

- Entonces no se salva nadie –insistió el plumero.

- ¿Por qué decís eso?

- Hay al menos 20.000 argentinos que no se van a poder cuidar, tirados en aeropuertos, sin plata, sin poder entrar en los países y si pueden entrar, los hoteles están cerrados, no tienen comida, algunos están hacinados. Y pagan el “impuesto solidario”.

- Bueno, también, ¿quién los mandó a salir cuando se venía la peste en todo el mundo? ¡Que se jodan!

- ¿Viste? La peste no te cambia, te muestra como sos. Ante un compatriota en peligro decís “que se joda”.

- ¡Pero se tiene que hacer responsable!

- A ver, ¿violó alguna ley?

- No, bueno, pero se sabía. Alberto dijo que desde que anunció la pandemia se fueron 20.000 argentinos al exterior, podían haber sido más responsables.

- Bueh, el día antes, el 12 de marzo el presidente te dice que con un tecito lo prevenís. Además si ya sabía que no daba, ¿por qué no impidió que se fueran? Se supone que el Presidente tiene más datos que vos, está asesorado. Él, con todos los datos, no te dice “no te vayas” y se va a dar clases poniendo las pies sobre el banco ¿y la responsabilidad es tuya? Cuando ya el ministro de Salud te había dicho que no llegaba porque China estaba lejos y que mientras haya calor, todo bien. Si te dicen eso, te vas a Cancún, te pedís un tecito y listo, ¿o no? Tenían boleto de vuelta.

- Sí, pero después los tuvo que ir a buscar la línea de bandera.

- No. Prohibieron que entraran los aviones comerciales donde la gente tenía boleto de regreso. Imaginate. Te fuiste en febrero, volvías el 17 de marzo. Unos días antes te dicen “no voy a dejar entrar a tu avión, despreocupate, te voy a buscar en Aerolíneas”.

- Un orgullo.

- Pero no sólo no había pensado un operativo de rescate, te cobraban una tarifa de locos, mucho más cara que lo habitual. Y encima, toda la épica de que es el Estado el que te salva. ¿Te parece lógico que el presidente se enoje y critique a los que viajaron? ¿No tendría que ponerse el problema al hombro en vez de decirles “y bueh, quién te manda”? Lo menos que se espera de un líder en estas circunstancias es algo de empatía, pero empujar a que millones festejen que compatriotas se queden varados ¡mi Dios de los Plumeros! ¿Por qué será que hay argentinos en un montón de aeropuertos de todo el mundo y no hay extranjeros en Ezeiza? Sus países se preocuparon y muchos no tienen línea de bandera.

No sé de dónde saca estas cosas el plumero, será la tabla de planchar que lo pone así. Está muy politizado, muy politizado.

- ¡¿Tenemos que estar todos juntos, decís, y el presidente se la agarra con gente que cumplió las leyes, le obstaculiza su derecho constitucional a volver al país y la condena a apiñarse en un aeropuerto, por favor?!

- Mira, lo importante es cuidar al personal de salud, por eso le van a dar ahora un bono de 30.000 pesos.

- No.

- Sí, yo lo leí.

- No –dijo y ya empezó a revolear las plumas.

- Te digo que lo leí, salió en todos los diarios, lo dijeron en la tele –y miré el aparato que en ese momento mostraba cómo una chica le metía el micrófono con bolsita a un pibe que manejaba una camioneta para que EXPLIQUE por qué quería entrar a Capital y QUE LO DEMUESTRE.

- Andá y fíjate lo que decían los portales ese día. “Una fuente cercana al poder ejecutivo anunció que será un bono de 30.000”. Finalmente serán 4 bonos de 5.000 que empiezan a cobrarse en abril. ¿Viste qué diferencia hay con un bono de 30.000 ahora? Bueno. Esa es la diferencia entre lo que dijeron que iba a pasar y lo que pasó.

Eché otra mirada a la tele. Algo me alivió que el pibe pudo demostrar que todos esos cajones de pollo que llevaba en la Fiorino no eran sólo para pasearlos por la 9 de julio.

- Sigo creyendo –le dije ya medio enojado- que hay que estar juntos. Mirá, yo critiqué mucho a este gobierno, ni lo voté siquiera, pero ahora creo que están haciendo las cosas bien. Fijate que la Organización Mundial de la Salud eligió a la Argentina para participar de…

- ¡No sigás! –sí, mi plumero me grita- ¡Es mentira! Es más épica para tapar desastres. ¿Cómo te van a elegir para que hagás una prueba? Argentina se propuso, junto con una decena de países. Podrían haber dicho esto y estaba bien, pero no, tenían que salir a decir que somos ejemplo y que del modelo argentino se habla en todos lados.

- Eso es cierto, lo dijo el ministro de Salud –digo, mientras veo placa de Crónica TV: “Habla el boludo”.

- No, no es cierto, mirá dos segundos un canal de televisión del extranjero, entrá a medios de afuera. Nadie habla de eso.

- A mí me gusta la comunicación directa de Alberto.

- ¿La qué?

- Esto de que el presidente te escucha, te habla.

- ¿Te escucha? ¿Quién es? ¿Luisa Delfino? Le dijo “imbécil” a un ciudadano que cumplió la ley y que al entrar al país, anunció que se iba a Ostende porque vive ahí, y así abrió las puertas para que se la agarraran con el tipo. Dijo que iba a agarrar a otro a trompadas.

- Bueno, lo acerca a la gente –dije, escondiendo la revista Noticias con la tapa de SúperAlberto que me había hecho traer por el canillita.

- ¿Vos entendés que es alguien que está diciendo “El Estado soy yo” cada vez que habla?

- ¡Alguien tiene que centralizar las decisiones! La gente le escribe a él por Twitter, él responde.

- No tiene que estar para eso. Saltear las instituciones para llegar al líder, qué lindo. Desde Chávez para acá que no se veía algo así.

- No es Chávez.

- No, a Chávez al menos no le decían “Hugo”.

- Estás exagerando.

- Puede ser, puede ser, pero prefiero no sacar la banderita de Malvinas ahora ¿Qué es esto? Una guerra ¿Contra quién? ¿Un virus? ¿Un virus contra Argentina?

- Contra el mundo –ya me ponía nervioso.

- ¿Y entonces por qué cantar el himno? Entiendo los aplausos de las 9, es una manera de descargar la tensión de estos días, agradecer a quienes tienen que trabajar, pero ¿qué falta? ¿“Traigan al murcielaguito, le presentaremos batalla”? El nivel de exitismo me agobia.

- Estás muy negativo. Ya está ralentizando el pico de la peste, dijo Ginés.

- ¿Y cómo sabe?

- Qué sé yo.

- Es imposible si no hay tests.

- Están ya con los respiradores.

- Sí, sí, en ciudades de todo el país la gente hizo colectas para comprar respiradores para sus comunidades pero ya el “gobierno federal de las capitales rotativas” se arrogó para sí el derecho de decidir a qué ciudad salva y a qué ciudad, no.

- Hace falta un control nacional para eso –dije- y además, no sé qué te quejás, Alberto está dando entrevistas todo el tiempo.

- Sí, es bueno que hayan liberado los canales porno. Así se puede ver cuando los periodistas le hacen…

Me pareció exagerado. Agarré el plumero, sin dejar que diga una palabra más, lo metí en el placard. No preciso mala onda en estas circunstancias. Es momento de estar todos juntos.

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