Muchas veces, la mayoría, quizás, cae en el absurdo y también en una suerte de ingenuidad supina cuando se le reclama a la política en general que busque y alcance los acuerdos que se necesitan para comenzar a caminar por senderos más previsibles y posibles que los que se padecen en una crisis. Y esta crisis en particular de la provincia, agravada por la falta de precisión y de aciertos en los objetivos centrales que se marcó el gobierno de Rodolfo Suarez apenas iniciado su ciclo, obligan a la política mendocina a repensar todo lo que ha venido haciendo hasta ahora.

Esto es así porque el ciudadano de a pie, el más común de todos y el que pena por los yerros, las equivocaciones y las conspiraciones, más temprano que tarde decide cobrar las facturas que se le adeudan y lo puede hacer sin distingos entre oficialistas y opositores.

El peronismo, o buena parte de él, puede que crea estar viviendo un estado de gracia luego de haber derrumbado la estrategia oficial del Gobierno para encarar su primer año de gestión junto a ese plan plurianual de obras públicas que acompañaría a la nueva administración hasta el final de sus días. El peronismo o buena parte de él –se insiste–, puede que haya sentido la satisfacción de la venganza tras años de palos recibidos por obra y gracia del radicalismo conducido manu militari por Alfredo Cornejo, el actual diputado nacional y el ex gobernador que construyó la base para que otro gobierno de su mismo color político terminara con las esperanzas que había empollado ese mismo peronismo para retornar al poder luego de Celso Jaque y Francisco Pérez.

Pero, lo que no se sabe a ciencia cierta es el grado de repercusión positiva o negativa –no importaría tanto– que haya tenido en la comunidad esa estrategia de negación y de bloqueo que asumió frente al presupuesto del primer año de Suarez, con endeudamiento y autorización para renegociar los vencimientos para este año de la deuda vieja.

La política mendocina necesita, casi de manera obligada, encontrar un espacio de discusión en serio y creíble donde la grieta ideológica, siempre mezquina y cegadora, no maneje ni conduzca los ánimos personales que luego terminan imponiendo su voluntad en una u otra votación legislativa. No debería ser así porque las urgencias del momento lo reclaman. Mendoza está en una pendiente descendiente y es hora de que la dirigencia se entere y tome nota de ello.

Si el único objetivo y plan establecido de buena parte de la oposición peronista es ese que se sospecha, que al gobierno de Suarez le vaya mal –por un encono histórico y obsesivo con Cornejo digno para terapia–, suponiendo que desde ese mal o fracaso del actual oficialismo pueda recuperar sus chances electorales luego de tantas frustraciones, pues lo más probable es que se termine hundiendo mucho más de lo que está en este momento.

Los propios mendocinos saben, y para comprobarlo sólo hay que interpretar las encuestas y sondeos habituales del humor social, que nadie se salvará de ese modo. El oficialismo, por su lado, tras un arranque más que complicado e inesperado, no tiene otra alternativa que seguir explorando las alternativas de crecimiento y desarrollo con lo que hay a disposición, administrando las carencias y potenciando lo que está en pie.

Ya no hay más tiempo disponible para la victimización porque, incluso, y lo debe recordar y tener presente, todavía tiene la confianza de más de la mitad de los mendocinos que apostaron por sus aptitudes y a la idoneidad en el manejo del Estado cuando en el último proceso electoral se ofreciera, el gobierno de Suarez, en un equipo que garantizaba y prometía la continuidad.

En buen romance, la vuelta atrás al posible desarrollo minero, que debió hacer apenas asumió, y la imposibilidad a la que se enfrenta de conseguir recursos para un plan de obras públicas, no deberían inmovilizar la gestión al punto de adormecerla, porque ningún plan de gobierno puede basarse sólo y exclusivamente en eso.

De este peronismo mendocino en la oposición se ha dicho mucho durante, también, mucho tiempo. Y es, precisamente, demasiado el tiempo que ha pasado sin que dé muestras de recuperación, aunque desde sus filas se sostenga que hay unidad, que se ha hecho un profundo estudio hacia el interior de por qué está como está y que cruje porque se encuentra en un proceso de recambio generacional que, lógicamente, produce terremotos y alteraciones varias. Del peronismo se espera, en general, que diga qué plan tiene para la provincia y cuáles en verdad son sus intenciones en la oposición frente a los intereses colectivos. La oposición por oposición misma no parece conducirlo a ese objetivo de volver a ser lo que alguna vez fue: una alternativa confiable y competitiva.