A María Dora Garro, la mujer que fue reportada muerta de coronavirus por un error de la clínica privada donde se encuentra actualmente internada, tuvieron que pintarle los dedos para constatar su identidad este sábado al mediodía.
El polémico episodio que se dio en la Clínica Santa María da cuenta del estrés que sufre el sistema sanitario como consecuencia de la pandemia de COVID 19. En lo que va de septiembre ya se registraron 6.401 contagios en Mendoza, lo que representa más del 46% del total de positivos. En tanto la ocupación de camas UTI llegó al 85,84% esta semana.
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Desde el inicio de la pandemia, se han producido 13.808 casos, 5.705 altas y 176 fallecimientos por el virus en la provincia.
José Arce, hijo de María Dora, de 71 años, contó a El Sol, que personal del hospital tomó las huellas digitales de la mujer en presencia de sus familiares que sirvieron como testigos para hacerle nuevamente su Documento Nacional de Identidad.
“Actualmente ella está como NN (persona desconocida de la que no se tiene ningún dato)”, señaló.

El caso de Dora conmocionó a la provincia cuando la familia de la paciente relató que el jueves le informaron desde el nosocomio que había muerto por coronavirus. Esa misma tarde la enterraron.
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Sin embargo, el viernes recibieron una nueva comunicación del personal de la Clínica donde le explicaban que habían confundido la identidad de la paciente y Dora estaba viva, seguía internada y pedía verlos.
La anciana que que no sólo no tenía COVID 19, fue ingresada el lunes al sanatorio por una neumonía.
Hasta el momento, desconocen a quién sepultaron pensando que era su abuela.
“Nos han hecho un daño moral increíble”, contó a El Sol esta mañana Beatriz Leguizamón, la nieta de mujer.
