Uno piensa que si el gobierno cree en los datos de INDEC y nos quiere hacer creer en ellos, es porque está dispuesto a creer las encuestas y evaluaciones que vengan de Instituciones al menos tan respetables como el INDEC. ¿Qué le parece Transparencia internacional, que es la encargada de analizar la corrupción en el mundo? ¿Le parecerá al gobierno creíble? Pues bien, Transparencia Internacional volvió a bajarle la nota a Argentina que este año descendió cuatro posiciones y quedó en el puesto 109, sobre un total de 180 países en el campeonato mundial de la corrupción.

    La calificación va del cero al diez, los menos corruptos son Dinamarca, Suecia y Finlandia con 9,3 puntos, el último es Somalía con apenas un punto. Argentina suma unos magros 2,9 puntos. Chile y Uruguay obtuvieron las mejores posiciones dentro de Latinoamérica con 6,9 puntos. Pero ahora viene lo más interesante, entre los aspectos negativos de nuestro país, los expertos de Transparencia Internacional juzgaron en contra de un gobierno limpio el proyecto del tren bala, la falta de transparencia en la asignación de la pauta publicitaria oficial, el oscuro financiamiento de la última campaña presidencia y ¡oh, sorpresa! la manipulación de los datos del INDEC.

    ¿Es como un círculo vicioso vio? Los datos que nos da el INDEC parecen insinuar que la cosa anda cada vez mejor pero somos catalogados de corruptos por influencia de los datos del INDEC? Es una parajoda. La presidenta de Transparencia, Huguette Labelle dijo que luchar contra la corrupción requiere un control fuerte por medio de los parlamentos, de las fuerzas de ejecución de la ley, los medios de prensa independientes y una sociedad civil dinámica”.

    “Cuando esas instituciones son débiles, la espiral de la corrupción escapa a todo control con horribles consecuencias para el pueblo, y generalmente para la justicia y el respeto de la igualdad”, destacó. Venimos de años de corrupción en nuestro país, años que realmente nos marcaron por la permisividad, la ligereza, la estafa en los fondos públicos, y, al parecer, no solamente no avanzamos hacia el lado bueno de la cosa, sino que nos seguimos cayendo en la tabla. En fin, lo único que falta es que un funcionario argentino la llame a Labelle y le pregunte ¿Cuánto cuesta que en el próximo informe Argentina aparezca primera?