Diez días atrás, en el mismo fin de semana, Alejandro Manfredini y Julieta Testa morían trágicamente como producto de accidentes viales en donde el alcohol resultó ser la principal causa de la tragedia. En la madrugada del 18 de mayo encontraba la muerte Luciana Montaruli cuando viajaba en el asiento trasero de un taxi que fue embestido por un médico que, borracho, conducía su vehículo a altísima velocidad por el acceso sur, en Godoy Cruz. Manfredini era un agente vial de Maipú que se encontraba trabajando cuando halló la muerte; la chica Testa viajaba con su novio, también borracho, el que conducía una camioneta de la que perdió el control, se fue a la banquina y terminó, aquella carrera alocada, contra un paredón; un hecho del que todo Mendoza todavía está hablando.
En todos los casos, los accidentes se produjeron como está dicho por culpa de conductores que circulaban bajo los efectos del alcohol. Hoy, en medio de la conmoción que no cesa, la provincia vuelve a discutir lo que tantas veces ha hecho y siempre de manera espasmódica: tolerancia cero de alcohol para los conductores de vehículos en sus rutas, sí o no.
Conducir borracho aumenta exponencialmente las chances de sufrir un accidente, de matar o de morir, o de terminar con serias secuelas, sin dudas. Es un punto tan obvio y claro en el que no hay discusión. La pregunta es si la tolerancia cero eliminará para siempre las tragedias en las rutas y en las calles de cualquier ciudad o pueblo de la provincia. Nadie lo sabe a ciencia cierta y probablemente es que implementada, como ocurre en otras provincias argentinas y en diferentes países del mundo, no se llegue nunca a erradicar un flagelo, el de las muertes producto de accidentes de tránsito, que es un problema a nivel mundial. En la Argentina, por si hace falta recordarlo, es la principal causa de muerte de los jóvenes de entre 18 y 25 años.
El gobierno provincial se inclina por agravar las penas e incorporar la prisión o el arresto efectivo para quienes conduzcan con una dosis de alcohol en sangre superior al permitido. El mínimo es de 0,5 gramos de alcohol en sangre, como sucede a nivel nacional. Las excepciones son seis provincias, con Córdoba a la cabeza en donde rige la restricción total desde hace dos años con un 22 por ciento menos de muertes en sus rutas. Le siguen Salta, Tucumán, La Rioja, Neuquén y Entre Ríos.
En varias oportunidades la Agencia Nacional de Seguridad Vial ha sido puesta bajo observación sobre qué hacer, y si lo que rige a nivel nacional hoy debe ser corregido o no. En las últimas horas, sus funcionarios han manifestado no tener pruebas de que haya más accidentes por tener 0,5 de tolerancia. Y el último registro, de acuerdo con sus propias estadísticas, indica que en la mayoría de los hechos documentados en los que se ha comprobado consumo de alcohol, la graduación ha sido bastante mayor, alcanzando casi los 2 gramos. La Agencia también ha recordado que ese registro de 2 gramos es el máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.
No somos los únicos que estamos envueltos en una polémica, que cruza decenas de intereses, especialmente de los sectores de la industria –como la vitivinícola en Mendoza– y el de las organizaciones integradas por los familiares de víctimas de los accidentes, desde ya. En los países de la región sólo Brasil, Paraguay y Uruguay tienen vigente la tolerancia cero. En Estados Unidos, Canadá y Reino Unido el mínimo es de 0,8.
En Europa la situación también es diversa. Son seis los países que no permiten el consumo de alcohol a quienes conducen vehículos. En ellos la tolerancia es cero. Son Hungría, Moldavia, Rumania, Eslovaquia, Ucrania y la República Checa y son, precisamente, los que tienen el consumo de alcohol per cápita más alto del mundo.
El resto de Europa posee los mismos mínimos establecidos que rigen en nuestro país y en Mendoza. Desde hace más de un año España, luego de una ola de incidentes fatales alarmante, discute si baja o no lo mínimos permitidos. Y la lupa está puesta en los conductores profesionales de colectivos, camiones, pequeños buses, taxis y servicios de emergencia y en los principiantes, novatos o noveles que recién obtienen el carné de conducir. Para ellos la tolerancia es cero luego de que tuviesen un permitido de hasta 0,2 gramos. En la mayoría de los países europeos, hay que aclarar, ya rige la tasa cero para esta categoría de conductores profesionales. En uno de los aspectos que se está diferenciando España del resto de Europa, en medio de esta profunda discusión, es que si en el lapso de un año un conductor ha recibido dos positivos por arriba de lo permitido, se expone a la quita del carné.
Sin dudas, más allá de lo que resuelva la Legislatura sobre la base del nuevo proyecto para endurecer las penas que enviará el Ejecutivo provincial la semana próxima, el debate tiene que incluir la necesidad absoluta de incrementar los controles en todo sentido, móviles o fijos y no sólo para fines de semana específicos. Porque de nada servirá que se aumenten las penas, las multas y se ordenen días de arresto si no hay un sistema eficiente que controle la situación.
