¿Legítima defensa? Una nueva polémica reina en el país por un asaltante asesinado por su víctima. Nació luego de que un jubilado de 70 años matara a un malviviente de 26 años minutos después de que este lo abordara y golpeara con otros cómplices en su domicilio del partido de Quilmes. Tal fue la repercusión que generó el hecho, que “tapó” el avance del coronavirus en los medios. La situación genera distintas reacciones y opiniones. La mayoría, a favor del septuagenario, quien quedó preso –en su domicilio–, porque la investigación judicial primaria sostiene que remató al ladrón mientras se encontraba en el piso tras recibir un primer balazo. Pero no se trata de estar a favor o en contra. Se trata de la inseguridad. Hay distintos puntos de vista con respecto al análisis de la legítima defensa. Pero tampoco el objetivo es hacer un análisis técnico de esta figura que exime de responsabilidad penal a aquel que actúe en defensa propia o de sus derechos (siempre que se reúnan tres circunstancias: agresión ilegítima, necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla y falta de provocación suficiente de parte del que se defiende), sino de la inseguridad que se vive desde hace décadas y que parece no tener solución más allá de los gobiernos de turno. El jubilado dijo que no es un asesino y que jamás hubiese actuado de esa forma si no entraban tres veces en una noche a su casa. Contó que lo golpearon, que tuvo miedo y que por eso reaccionó de esa forma al matar al joven que acababa de actuar con otros cuatro cómplices. El foco está en frenar los hechos delictivos, como aseguran los especialistas: si hay inseguridad, este tipo de casos van a seguir ocurriendo y el debate será eterno.
Todo por la inseguridad
