Juan Chicho Páez es sereno de una escuela y tiene 37 años, una mujer, cinco hijos y tres nietos. Fue uno de los testigos que más conocían a la narco Sandra Jaquelina Vargas, la Yaqui, y sus soldaditos.
Fue clave en las causas que se iniciaron contra ella. Es más, estuvo en la vivienda del Campo Papa donde se produjo el tiroteo que terminó con la vida del marido de la líder criminal, Cristian Mauricio Gelvez, en enero del 2014.
Gracias a sus aportes, el testigo había conseguido que las autoridades judiciales y del Ministerio de Seguridad lo sacaran del popular asentamiento del oeste de Godoy Cruz y lo ubicaran en un hogar de Guaymallén, bien lejos del lugar donde su vida estaba en riesgo.
Sin embargo, hace un mes volvió a su casa del sector cuatro de la barriada. Las autoridades le dijeron que, como la Yaqui y el clan que comandaba ya había sido condenado (de hecho, la condena federal quedó firme el viernes 15 de este mes), se terminaba su inclusión en el programa de protección de testigos, le contó Páez a El Sol.
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No tuvo otra alternativa que dejar la casa que le alquilaban y volver a su domicilio del Campo Papa del que tuvo que huir porque su vida estaba en riesgo. Por aquellos días, su cabeza tenía un precio: ofrecían dinero en las calles para que lo entregaran vivo o muerto.
Apenas puso un pie en su hogar de calle Buenaventura Luna, hace algunos días, lo recibieron con una ráfaga de balazos de pistola calibre 9 milímetros. Las marcas de 20 impactos en la puerta y el portón de su hogar, en la que también habitan menores de entre un mes y cinco años, son evidencia suficiente de la situación de riesgo que atraviesa la familia.

“Queremos que nos saquen de acá. Temo por mi familia, por mis hijos. Nos hicieron firmar unos papeles y nos sacaron de la casa en Guaymallén. Los chicos están yendo a la escuela en ese departamento. Acá no podemos vivir, se nos van a meter y nos puede pasar cualquier cosa”, señaló Páez mientras mostraba cómo los plomos dejaron los ingresos a su hogar.
Por el temor que atraviesa la familia y ante la falta de rejas, Páez comenzó a tapar todas las aberturas de la casa con ladrillos y cemento. Sólo dejó espacio para ingrese un poco de aire. “Así no se puede. Tengo hijos, nietos. Nos miran mal. Estamos en una situación de riesgo. Les entrego esta casa y que ellos me den una. Pueden poner una comisaría acá, que hace falta. Tienen lugar. Y serviría para la protección de todos”, señaló.

Páez se hizo conocido por ser uno de los hombres que estuvieron en el tiroteo que terminó con la vida del marido de la jefa narco. Gelvez era uno de los líderes de la organización y estaba enfrentado con él. Fue hasta el lugar donde se encontraba, en Chapadmalal y Chuquisaca, a donde Páez trabaja en un cloaca junto con otro dos hombres, y comenzó a disparar. Uno de los conocidos de Páez, Javier Carnicero Quirino, sacó un arma e hirió a Gelvez, quien tres días después murió en el Hospital Lagomaggiore.
Ese tiroteo dejó otros heridos: la madre de Páez recibió un balazo y un amigo, Cristian Cuello, sufrió otro.
Reveló hace más de tres años que sufría los ataques armados de los angelitos de la Yaqui, menores que se dedicaban a la distribución de drogas y embestidas a tiros contra sus rivales para ganar territorio.
Sereno desde hace más de diez años en un colegio de la zona, denunció en varias oportunidades los tiroteos que sufría. Al parecer querían usurpar uno de sus domicilios para instalar un quiosquito de venta de drogas.
Pasaron los días, y Páez y su familia fueron reubicados en Guaymallén. Sus hijos comenzaron a ir a la escuela en esa comuna e iniciaron una nueva vida. Pero, todo terminó hace un mes, cuando los sacaron del programa de protección.

La familia volvió al Campo Papa porque no puede alquilar en otro lugar y tiene que moverse por esa zona cotidianamente. Allí, varios jóvenes que todavía responden a la Yaqui se pasean por las calles del asentamiento evidenciando su poder, lo que les genera preocupación. “Nuestra situación es complicada y pedimos ayuda. He ido a hablar con todo el mundo pero se aprovechan de nosotros, que somos analfabetos. Nos hacen firmar papeles y acá estamos, otra vez en este lugar, que es muy peligroso”, explicó la mujer de Páez, quien se encontraba a su lado.
