Buenos días, a pesar de todo. Me parece muy bien que se haga un simulacro de sismo en toda la provincia. Vivimos en una zona sísmica y la preocupación viene con impuesto, porque es preocupación masiva. En Catamarca hay un pueblo tan pobre que una vez hubo un terremoto y dio superávit. Últimamente se están sucediendo sismos en Mendoza. Las placas tectónicas se agarran a los coscachos entre ellas, y nosotros tenemos que soportar sus malos humores. Por lo tanto, es muy bueno que estemos preparados.
Deberían hacerse con mayor frecuencia, pero algo es algo dijo el quiosquero y me dio el vuelto en caramelitos Alka. Claro que yo no me quedaría solamente en dar instrucciones de lo que tenemos que hacer durante un temblor, yo ampliaría las instrucciones para saber qué hacer después de él. Por ejemplo, después de un sismo fuerte es lógico que todos los de la casa quieran ir al baño al mismo tiempo, porque el miedo de adentro suele buscar las salidas tradicionales, y, entonces, los movimientos de tierra se transforman en movimientos de cuerpos. Para este caso se recomienda: sortear el ingreso al baño antes del sismo, tener en el baño un rollo de papel higiénico para días normales y seis rollos para después del movimiento, dos más por las dudas que haya réplicas.
Aguas Mendocinas debería estar alerta porque es muy probable que en esas situaciones colapsen las cloacas de toda la ciudad. También deberían darse instrucciones para el caso de que, en cualquier noche de estas, uno se encuentre paseando por la calle en ropa interior. Las mujeres vaya y pase, pero puede ser un espectáculo lamentable ver a un gordo pateándose la zapán, vestido nada más con un calzoncillo desteñido con dos agujeros a la altura del poto, que dan la impresión de que fueron usados durante el terremoto del 85. Otro factor a tener en cuenta es el estado psicológico de la población después del movimiento telúrico. Porque, pasado un tiempo prudencial del remezón, es lógico que la gente vuelva a entrar a la casa. Y aquí se da una contradicción, porque la gente tiene que entrar a la casa, pero la gente no quiere entrar a la casa.
¿Cómo hace entonces? Bueno, algunos, al menos con aprensión, unos mirando la lámpara del comedor a ver si se mueven, otros afinando el oído a ver si sienten el tilín, tilín del llamador de ángeles, otros entran a buscar el blíster del estreptocarbocaftiazol, otros corren la cama y la ponen al lado de la puerta de salida, la mayoría hace lo contrario a todas las noches, se viste para acostarse. Creo que las autoridades deberían habilitar un número de atención al cagado. Por ejemplo el 4172, 41 es el chucho y 72, la sorpresa, y que un equipo de psicólogos nos de indicaciones de cómo actuar después del sismo, si es que los psicólogos ya han regresado del baño. Me parece interesante que hagamos simulacros en contra de las catástrofes, podríamos también hacer un simulacro en contra de la inseguridad y en contra de la inflación, ya que de desastres se trata.
