Rocío Oliva, la última la ex conocida de Diego Maradona, todavía no comprende por qué no pudo entrar al velorio en la Casa Rosada. Apuntó contra Dalma y Gianinna Maradona y su mamá, Claudia Villafañe.
La actual panelista de Polémica en el Bar afirmó que las hijas mayores del 10 buscaron “minimizarla”. “No sos nadie”, habría sido el mensaje tácito.
En diálogo con Luis Novaresio en Animales Sueltos, por América, recreó la situación que vivió ese 26 de noviembre, cuando no la dejaron ingresar a la Casa Rosada durante el último adiós que se le dio a cajón abierto entre la 1 y las 6 de la madrugada para su círculo más íntimo.

Ese miércoles, tras participar de Polémica regresó a su casa casi a la medianoche. Si bien pensaba acostarse para dormir “tranquila” y al otro día asistir al velatorio, su mamá le advirtió que a las 6 de la mañana cerrarían el cajón.

“Me agarró una especie de desesperación. Yo quería verlo con el cajón abierto para poder darle un beso y despedirme”. Y así fue como le dijo a su mamá: “¡¡Vamos ya!!”. Se bañó en un instante, se cambió y agarró su auto para ir a la Casa de Gobierno.
“Siento que verme era un deseo también de él -sostiene Rocío-. Eso es lo que me hace decir: ‘Ay, yo quería despedirme’. Es duro, pero siento, yo, Rocío, por ahí nada que ver, que hasta que no diga: ‘La Flaca todavía no vino’, no sé si va a poder descansar en paz. Pero también me deja tranquila que desde el lugar adonde esté, él sabe que ese día yo llegué ahí”.
En el camino a la Plaza de Mayo, le escribió a una de las hermanas de Maradona para “tantear cómo estaba la situación”. También le mandó un mensaje a Claudia. “Lo vio y no me contestó nada”. Pero no se preocupó: “Pensé que iba a entrar, sinceramente”.
Ya en el ingreso, a las 3 de la madrugada, pasaban “muchos autos y gente caminando”, pero ella no. Diez minutos, 20… “¿Hay algún problema, que no puedo entrar?”, le preguntó a un hombre de seguridad. “Estamos esperando que Claudia nos dé la orden”, fue la repuesta.
“Estoy afuera. Te pido por favor: necesito pasar, son cinco minutos, entro, le doy un beso, me doy medio vuelta y me voy”, fue el mensaje que le envió a Claudia. Pero… “Nada: media hora, 40 minutos. Empezaron entrar jugadores, (como Javier) Mascherano. Nada. La llamo. ‘Yo no tengo nada que ver’, y me cortaba”.
Tras dialogar con los periodistas apostados en la Casa Rosada, a Rocío le sonó el teléfono: “Me llama Claudia y me dice: ‘No digas que soy yo porque no tengo nada que ver’. ‘Entonces, ¿quién tiene que ver?’, le digo. Me da un nombre. Me empezaron a llegar mensajes de gente que no conozco: ‘Llamalo a (Guillermo) Cóppola, que está adentro’. Y yo llamaba a todo el mundo. Lo veo a Cóppola, me voy corriendo a la reja y le empiezo a gritar; me ve y sigue manejando. ‘Bueno, chau, nadie quiere que entre’ (pensé). Llamé a (Víctor) Stinfale, que estaba adentro. Me dijo que lo manejaban Claudia y las hijas”.

A las 7 de la mañana se acercó el mismo efectivo de seguridad: “Andá a hacer la fila, como todo el mundo”. En ese momento Rocío se fue. El cajón ya estaba cerrado. “Estuve desde las 3 parada en esa puerta, intentando poder entrar. Diego conoce a esa Rocío, la que no se da por vencida, insiste e insiste. Por un lado duermo tranquila, por otro…”.
Oliva admite que, “desde el momento en que Diego no está más físicamente”, ya no tiene “nada más que ver” con Dalma y Gianinna. “Pero como les dije a ellas: el daño no me lo hicieron solo a mí, el daño se lo hicieron a él”, dice, y asegura que en el tiempo que pasó con El 10 (”Fueron muchos años…”), ella “colaboró mucho para que pasen cosas importantes” entre Maradona y sus dos hijas mayores. “Sus ojos eran Dalma y Gianinna”, sostiene.

“Sí fue un hombre muy importante porque yo aprendí mucho. Me decía: ‘Yo te voy a enseñar a ser mujer’. Es que yo era joven. Y aprendí”. De acuerdo a su testimonio, Maradona -a quien vio por última vez días antes del inicio de la cuarentena- seguía jurando que estaba enamorado de ella.
