A los radicales les encanta comprar DVD. Ellos siempre andan dividiendo. Y como contenido de los DVD, les encanta escuchar al grupo musical Divididos. Se pelean por cuestiones de forma y de fondo. Todo les viene bien para alentar esto que parece ser una de las características del partido decano de la política argentina. Desde que los antipersonalistas se le opusieron a Irigoyen, allá cuando Argentina era el granero del mundo –no como ahora que es el granito del mundo– los de la boina blanca, adminículo que ya no se usa, se han enfrentado entre ellos casi, diría, a diario. Perón diría para un radical no hay nada peor que otro radical. Esto les ha costado caro a los radichas, han perdido elecciones por estar enemistados. Sin ir más lejos, recordarán ustedes las del 2007, cuando ganó Jaque con la simple propuesta de que iba a disminuir la inseguridad 30% en seis meses, cosa que a los dos años aún no se cumple. En esa elección, los radicales fueron en dos listas y así les fue. Cesar Biffi se quedó en la vereda de calle Peltier, insultando en godoycruceño. Parecen enamorados de las internas y no han aprendido que, generalmente, las internas suelen dejar a varios internados. Y toman represalias entre ellos, a Cobos primero lo apoyaron, después lo echaron del partido de por vida, pero, como uno sabe, la vida política no es eterna, así que después lo invitaron a que volviera al partido. Ahora están los cobistas, los radicales históricos y en la capital han aparecido los fayados, o sea los seguidores de Fayad. Los de Cobos son cletómanos, seguidores del Cleto. Como se vienen las elecciones en la ciudad de Mendoza, están peleando para ponerse en desacuerdo. Que tenemos que ir juntos, así nadie nota que estamos separados; que tenemos que ir separados y, cuando perdamos, nos juntamos; que “el número tres de la boleta es mío”, “no, yo lo voy a usar porque soy más radical que usted”. Es la más clara definición de lo que es ser un partido, pero un partido en varios pedazos. En fin, un lema del radicalismo ha sido desde hace mucho tiempo: se rompe pero no se dobla. Lo que no acierto a entender todavía si eso es malo o es bueno. El radicalismo es ahora un partido de oposición, de oposición al radicalismo.