Sufrir de obesidad pero percibirse sano y delgado es la principal característica de la Megarexia, un desorden alimenticio que afecta a 8 de cada 10 personas obesas en el mundo y puede derivar en diabetes, hipertensión y problemas cardiovasculares.

Es un término acuñado por el doctor Jaime Burgos, y no es otra definición que la percepción de algunas personas obesas que no reconocen estarlo y que se ven sanas y delgadas, empeorando su salud comiendo grandes cantidades de comida basura, provocando con esto que también se llegue a una desnutrición asociada a la ingesta de calorías vacías que no nutren el organismo y dando lugar a enfermedades como la diabetes y problemas cardíacos.

Ese déficit de nutrientes provoca una reacción neuronal (parecida a las de los enfermos de anorexia) que les hace no percibir la realidad, lo curioso de esto es que es un trastorno no diagnosticado en la mayoría de los casos.

Está dentro de los trastornos dismórficos corporales y necesita tratamiento psicológico, porque no es un trastorno de alimentación en sí, sino que la megarexia va mucho más allá, afecta directamente a la bioquímica de nuestro cerebro. La persona se ve saludable, no acepta comentarios sobre su estado de salud y no busca ayuda porque no es consciente de tener un problema.

“Ellos se niegan a aceptar su condición física”, explica Dunia De Martini Romero, jefe del departamento clínico del Hospital de Psiquiatría Héctor Tovar Acosta del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a la agencia EFE sobre este tema.

Los síntomas de la megarexia

Mirarse en los espejos de cuerpo completo, desconocer su peso, utilizar prendas holgadas que escondan el cuerpo, asegurar que todo les queda grande, enfadarse cuando alguien se refiere a su alimentación o creer que las balanzaas están descompuestas son algunos de los síntomas relacionados a este trastorno.

Esto conlleva a que estas personas no cuiden su alimentación y pongan en peligro su salud “al no percibir su obesidad, siguen comiendo sin controlarse, tienen tendencia a comer comida chatarra, lo que no favorece su salud”, afirma De Martini.

La megarexia, detalla, afecta a mujeres y hombres aunque predomina en las primeras cuando están entre la segunda y tercera décadas de vida; no tiene causa específica, si bien influyen factores ambientales, psicológicos y parte de la autoestima. “Es un trastorno considerado contrario a la anorexia”, añade la especialista.

¿Cómo se comporta un megaréxico?

Los megaréxicos se caracterizan por comer sin preocupación, sus alimentos suelen no ser nutritivos, y ese déficit de nutrientes provoca una alteración en la bioquímica del cerebro, por lo que no son conscientes de que padecen una enfermedad.

Este padecimiento es de reciente descubrimiento y fue catalogado como un desorden alimenticio apenas en 2009. “El problema es que, al no estar conscientes de su condición física, estas personas desarrollan problemas de salud relacionados con la obesidad”, detalla De Martini.

Perseverancia y concientización

De acuerdo con De Martini, en su mayoría los pacientes abandonan la terapia o dietas debido a su negación, por lo que es importante el apoyo de la familia y seres queridos para atender este problema. La especialista recomienda cambiar la idea de que el “chico gordito es sano”, porque “desde esa etapa se transmite la negación al sobrepeso”, y concientizar sobre “la importancia de tener un peso ideal” es crucial.

Así, en la solución de este problema, nutricionista y psicólogo tienen que ir de la mano. El primero, en lugar de prescribir una dieta estricta llena de restricciones que solo consigue resultados a corto plazo, es importante tratar de cambiar los hábitos del megaréxico a largo plazo: estableciendo horarios y rutinas de comida, práctica de ejercicio mínimo tres veces a la semana y promoviendo el consumo de alimentos saludables en lugar de hipercalóricos.

Y el segundo trabaja con técnicas de psicoeducación, regulación emocional, manejo de la ansiedad y plan de prevención de respuesta, ayudando a que la persona pueda tomar conciencia de la distorsión que tiene de su imagen. Después le empujamos a vincular emociones con pensamientos, a modificar estos, a realizar conductas asertivas, solucionar problemas y tomar decisiones. Y con técnicas de mindfulness, relajación y respiración profunda le enseñamos a enfrentarse gradualmente a sus ansiedades. Por último, le ayudamos a identificar aquello que le puede llevar a una recaída para saber cómo manejarlo”, detalla la psicóloga Pilar Conde Almalé, psicóloga y directora técnica de Clínicas Origen (España).