La caída de la araña del techo de la Legislatura habría que tomarla como una señal. Tal vez, un reconocimiento que se les hace a los legisladores por gastar menos luz en plena crisis energética; tal vez, un llamado del cielo para que afinen la puntería, porque la araña no la tuvo. O, tal vez, para que se fomenten nuevas leyes que nos permitan adecuar nuestra sociedad a los tiempos modernos o posmodernos, si usted lo quiere. Por ejemplo, no sería mal comenzar a debatir una ley que declare a Mendoza provincia tropical. Siempre hemos tenido a nuestra provincia como un territorio semidesértico, con vegetación xerófila y una provisión de agua sólo posible en los oasis, en los que el mendocino aprendió a domesticarla y distribuirla.
El clima es árido y continental donde las temperaturas presentan una importante oscilación anual y las precipitaciones son escasas. ¿Precipitaciones escasas? Si en estos primeros días del año ha llovido por la Copa Libertadores Santander de chaparrones. Se agotaron los paraguas. Dicen que siempre que llovió paró, eso es algo que todavía tenemos que comprobar en nuestra tierra. ¡Qué manera de fabricar sopaipillas, doña Eulogia! Uno que pensaba que con los pibes en vacaciones la solución estaba en mandarlos a la pileta del club, y no hubo ni dos días de pileta seguidos.
Los vaguitos se tiraban del trampolín con piloto y galochas. Nuestra ciudad es una ciudad “inundadera”, y eso que tiene las acequias que ayudan a la evacuación, bueno, ayudaban, porque con la mugre que le procuramos a las pobres se forman diques esquineros que hacen que cruzar la calle no sea controlado por los agentes de tránsito, sino por la Marina Argentina. Yo creo que ya estamos en condiciones de que nuestra provincia sea considerada provincia tropical, nos falta un poco de selva, es cierto, aunque animales exóticos tenemos, y si no, repase los personajes que pululan por la peatonal, y hasta tenemos un lugar como Las Cuevas, que propicia los cánticos pluviales: “Que llueva, que llueva, la vieja está en Las Cuevas”. Todo está preparado, señores legisladores, sólo falta la ley, la lluvia nos ha cambiado definitivamente, si hasta a ustedes les llovió una araña del techo.
