Una enorme cantidad de estudios muestran que el presentismo laboral es una actitud bastante testaruda y contraproducente, tanto para las empresas como para los empleados, cuando estos últimos acuden aún cuando su salud no es óptima. Todo el mundo sabe que un día en cama acelera la recuperación y frena la propagación de gérmenes en la oficina. Las personas con malestares más serios que congestión nasal se exponen a males peores, especialmente en cuestión de la salud mental.

A pesar de sus buenas intenciones, los empleados que van a trabajar cuando están enfermos están contribuyendo a una tendencia al alza de “presentismo laboral”. Cuando un trabajador está presente físicamente en su trabajo pero no puede desempeñar su función correctamente, pone en peligro su productividad. La mayoría de los empleados decide proseguir trabajando por debajo de los niveles de rendimiento habituales, en lugar de pedir días de baja para recuperarse, haciendo que se prolongue el efecto de la enfermedad.

Por consiguiente, las empresas están sufriendo un impacto perjudicial en la calidad y el volumen del trabajo producido, con el correspondiente impacto negativo en el desempeño general del negocio.

Y es que los datos continúan confirmando que las empresas siguen fomentando el presentismo. Una nueva encuesta de CareerBuilder, en la que participaron más de 3700 trabajadores, reveló que casi tres de cada cuatro empleados (72%) generalmente van a trabajar aunque estén enfermos debido a las presiones y al presentismo. Además, el miedo a las consecuencias de faltar al trabajo hace que 55% de los trabajadores se sientan culpables si llaman para decir que se ausentarán.

Varios expertos alegan que el presentismo laboral es ahora un mayor problema en el Reino Unido que el ausentismo y podría ayudar a explicar el pésimo crecimiento de la productividad en el país. Si bien a ciencia cierta no puede asegurarse,  es una realidad que un creciente número de empresas se están dando cuenta del problema del presentismo laboral y están haciendo algo para resolverlo.

Generalmente esto se manifiesta en programas de “bienestar en el trabajo” llenos de beneficios no imaginables en otra era: membresía de bajo costo en gimnasios, ensaladas saludables en la cafetería de la oficina, escritorios de pie, y algunas veces hasta masajes.

Las empresas estadounidenses son los campeones en la tendencia del bienestar corporativo. Esto tiene sentido en EE.UU., donde las compañías pagan los costos del seguro médico de los empleados.

Las principales razones por las que las personas continúan trabajando a pesar de cómo se sienten no tienen nada que ver con su salud. Se debe a que trabajan para empresas más estresadas económicamente donde los despidos laborales son comunes y la presión por hacer más con menos es constante.

Esto hace que a algunos les inquiete que se vayan a ser víctimas de la próxima ronda de despidos si han estado fuera muchos días. A otros les preocupa sobrecargar a colegas con aún más trabajo durante sus ausencias.

No se debe confundir a estos empleados con los “presentistas” más tediosos, los que insisten en presentarse en la oficina medio muertos para demostrar lo indispensables que son. No se puede hacer nada por esta gente y por suerte son probablemente una minoría.

Las soluciones al problema del presentismo laboral no son claras, sobre todo si se trabaja en una industria que está sufriendo graves trastornos tecnológicos, lo cual hoy día parece abarcar todos los sectores.

En este sentido, Cary Cooper, profesor de la Alliance Manchester Business School, considera que son “tonterías” estas acciones como colocar como mesas de ping-pong o “sillas puff”. En vez, él cree que la solución yace en entrenar a los administradores de primera línea a identificar cuando los empleados están bajo demasiado estrés o enfermos, y a manejar la situación con sensatez, habilidades que rara vez se les enseñan a los estudiantes de Maestría en Administración de Empresas.