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La aparición de decenas de crías de ballena franca austral muertas en las costas de Chubut encendió la alerta entre científicos y especialistas. Los primeros ejemplares fueron registrados en junio y durante los últimos días se multiplicaron los hallazgos en playas cercanas a Puerto Madryn, en una temporada con una cantidad de muertes mayor a la habitual.

Una de las principales hipótesis que analizan los investigadores apunta a una infección bacteriana. En particular, se estudia la presencia de Erysipelothrix rhusiopathiae, un microorganismo que puede encontrarse en ambientes marinos y que, en determinadas circunstancias, puede provocar enfermedades graves en cetáceos. Sin embargo, los especialistas todavía trabajan para determinar si la bacteria fue efectivamente la causa de las muertes.

Qué investigan los científicos

Los equipos que trabajan en la zona analizan muestras obtenidas de los ejemplares muertos y también del agua de los golfos Nuevo y San José. El objetivo es establecer si existe una relación entre la presencia de la bacteria y la elevada mortalidad registrada entre las crías durante esta temporada.

La bacteria ya había sido detectada en ballenatos de Península Valdés. Un estudio publicado en 2016 encontró el microorganismo en lesiones asociadas a ataques de gaviotas en dos crías, aunque aquella investigación no pudo determinar que la infección hubiera sido la responsable de sus muertes.

Los especialistas también buscan determinar por qué los ballenatos podrían haber sido particularmente vulnerables este año y qué factores ambientales o relacionados con su estado sanitario pudieron favorecer la aparición de la enfermedad.

Una cifra que todavía no está cerrada

Aunque en las últimas semanas se difundieron distintas cifras sobre la cantidad de animales muertos, los investigadores remarcan que el número definitivo todavía no está establecido. La temporada continúa y los relevamientos en las costas siguen en marcha.

El Instituto de Conservación de Ballenas recordó que Península Valdés ya atravesó otros episodios de elevada mortalidad de crías. En 2012 se registraron 113 ballenatos muertos, hasta entonces la cifra más alta documentada para esta población y para la especie a nivel mundial. Los registros preliminares de 2026 podrían superar ese antecedente, aunque todavía falta consolidar los datos.

Desde Chubut señalaron que, hasta el momento, no se encontraron evidencias que permitan atribuir las muertes a factores vinculados con la actividad humana. La investigación continúa para determinar qué provocó este episodio y qué factores pudieron favorecer la afección en las crías.

Los especialistas recomendaron además no acercarse ni tocar a los animales varados, estén vivos o muertos, y dar aviso a los organismos correspondientes para que puedan intervenir con las medidas de bioseguridad necesarias.